Por: Lenin Ferney Patiño Gutiérrez

Partido Comunes – Boyacá

Nuestros antepasados, aquellos hombres heroicos, de raza indígena, proclamaron la noción de patria y con su espíritu aventurero y explorador lograron alcanzar la tan anhelada libertad; generación de criollos que vivieron una época totalmente diferente a la de ahora y que, a pesar de todo, lograron consolidar una América nueva, construyendo así la tan llamada «independencia». Los acontecimientos ocurridos a través de la historia han marcado un paralelo entre lo imaginario y lo real, y han dejado grabado enteros documentales que van a perdurar por el resto de la existencia de los hombres, un pedazo de historia de los acontecimientos más relevantes de la humanidad, donde todos aquellos que fueron partícipes han tenido un determinado lugar en el espacio y en el tiempo. Pero las cosas no han cambiado mucho después de aquel grito de la independencia de 1810. Seguimos con un gobierno autoritario donde los derechos humanos de las personas son violentados por el solo hecho de pensar diferente, seguimos arrodillados a las potencias mundiales y a los planteamientos que estos países nos quieran imponer y los gobernantes de turno, como buenos borregos, obedecen sin prejuicio alguno.

El 20 de julio de 1810 se proclamó la independencia de la Nueva Granada, hoy Colombia. Recordamos a José Miguel Pey, Camilo Torres, Acevedo Gómez, Joaquín Camacho, Jorge Tadeo Lozano, Antonio Morales, Andrés Rosillo y otros líderes patriotas que tomaron la vocería de un pueblo sumergido en el saqueo, privación de la libertad y todo tipo de atropellos contra nativos y criollos ordenado por la corona española a manos del Virrey Juan Sámano, residente en Santa fe. Este Virrey sanguinario, luego de esta fecha, ordenó perseguir y fusilar a todos los líderes y lideresas que participaron en el movimiento de independencia. La libertad para algunos, y para otros el despojo de las tierras granadinas. Aquella que se pedía a gritos en ese entonces, donde nuestro pueblo era gobernado por los españoles que representaban la autoridad y el dogmatismo. No se quería seguir siendo ciudadanos españoles y mucho menos seguir dependiendo de los reyes tiranos de aquella época. Así que bajo los lemas de libertad, democracia, república e independencia, se logró que aquel régimen cruel, injusto y especulador saliera de la república y se estableciera el orden social y político en nuestra querida nación.

La historia se repite y una señal de eso es que el presidente actual de Colombia Iván Duque se ubica en 74 % desfavorabilidad, en comparación con un 22 % de favorabilidad, de acuerdo con la más reciente encuesta Polimétrica por Valora Analitik. Esto deja mucho que pensar. Por ello estos gobernantes de turno que repiten mandato sin haber cambio alguno y que como en aquella época no escuchan las necesidades del pueblo, por el contario, quieren imponer reformas tributarias e impuestos que la gente no resiste más y que, como en aquel entonces, tienen miedo de que exista un cambio estructural en la forma de gobernar. Deben usar el miedo y sus fuerzas armadas para generar terror, estar todo el momento vigilado y resguardado. Temen por su seguridad. Es el colmo que para poder movilizarse, hacer actos públicos y poder gobernar deban recurrir a la fuerza pública para evitar que se les desestabilice el país. Por ejemplo, hoy 20 de julio del 2021, deben tener unos 6000 policías y 2700 militares en las calles de Colombia. Esa política de la seguridad democrática ha fracasado y sigue sumando muertos, resguardando la política de un gobierno autoritario y represivo con el pueblo colombiano.

Un gobierno en donde no tiene claridad de cómo resolver los hechos más relevantes que ha sucedido en Colombia en los últimos tiempos; como el rearme de grupos al margen de la ley, masacres, aumento del narcotráfico, asesinato sistemático a líderes sociales y otros. Un gobierno que no escuchó al Comité Nacional de paro después de haber tenido bloqueadas las vías y sin poder suplir alimentos a las ciudades con más de 85 muertos y 6000 heridos, luego de un paro de más de 57 días y que finalmente la única salida fue tratar por vía parlamentaria lograr con proyectos de ley las iniciativas que no logró acordar con el gobierno en el marco de la negociación. Un gobierno que no sabe explicar cómo militares activos y retirados en las fuerzas militares trabajan como mercenarios realizando trabajos de sicariato en otros países cómo pasó en días pasados en Haití; un gobierno al que luego de la firma del acuerdo de Paz no se le ven luces ni voluntades políticas para una implementación integral del acuerdo de La Habana, mientras ya suman más de 280 personas muertas, ex combatientes que estaban trabajando en pro de la paz y la reconciliación.

¡Nuestra independencia! Aquella que lograron incansablemente los criollos pobladores de aquella época, se ha quedado en el olvido, ya que en el entorno, los medios y las nuevas generaciones han hecho que fechas como esta pasen desapercibidas. Ahora se vive en un ambiente hostil, diferente, sin poseer la más mínima conciencia de lo que en ese entonces representaba el triunfo de la libertad. Nos hemos olvidado de la historia y hemos dejado a un lado todo el acumulado cultural, perdiendo la sensibilidad de los hechos históricos que nos han caracterizado. Hoy día y en nuestra actualidad estamos viviendo lo mismo de aquella época, algo similar con nuestros manifestantes que salen a las calles a exigir mejores condiciones de vida y que son cruelmente castigados y perseguidos por un sistema que violenta la libertad de expresión y atenta contra los derechos humanos, que intimida y persigue a los líderes. No han cambiado los tiempos, ya que como en aquella época, sigue lo mismo, una fiel copia de los españoles del virreinato.