Rubín Morro

Las movilizaciones sociales no puede tratarse enviando la policía y al Esmad, con sus tanquetas, gases lacrimógenos, patadas, bolillos, golpes, chorros de agua, detenciones arbitrarias y hasta sobrevuelos de aeronaves de guerra, causando pánico en la población, asesinatos, heridos, amenazas, desapariciones.

Estamos ante un gobierno que no ha entendido la dimensión política de esta coyuntura social, o no quiere entender, como ha pasado con todos los gobiernos, que no escuchan al pueblo cuando reclama sus derechos. Iván Duque, desde los inicios de esta histórica jornada de los jóvenes, puso al frente de la solución a la fuerza pública, incendiando cualquier solución pacífica. Tal vez, siguiendo un libreto, como ha sucedido en todas las épocas para mantenerse en el poder, a punta de militarismo, judicialización y bayoneta.

Han pasado cuatro semanas, un mes, 36 días desde que inició este estallido social en el despertar de las calles. Repetir las razones históricas en cierta forma está de más. Lo importante para destacar ahora en estas movilizaciones son dos cosas fundamentales: una, es la primera vez en la historia de Colombia, después del 1810, que sse da una revuelta social que involucra toda la geografía nacional y; la segunda, es la primera vez que la juventud encabeza esta protesta, aglutinando todas las generaciones presentes. Es que la juventud, casi cuatro millones de jóvenes, no trabajan, ni estudian más allá de la primaria y el bachillerato, porque el acceso a las universidades está reservado para unas minorías.

Las demandas de estas marchas generalizadas son en esencia contra la estructura del Estado, contra sus gobiernos infames que han hecho del poder su caja menor de enriquecimiento, privilegios y corrupción, en detrimento de la mayoría de colombianos que son los que producimos la riqueza del país. Cómo es posible que, según las cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane), en total, son más de 21,02 millones de personas las que subsisten con menos de $331.688 mensuales. Lo que agrava más la situación es que 7,47 millones de colombianos viven con menos de $145.004 al mes, es decir, viven en condiciones de pobreza extrema y sus ingresos no les alcanza para consumir las calorías que necesita una persona para tener buenas condiciones de salud. Hambre absoluta para más del 50% de la población.

Es una verdad de Perogrullo tan evidente, valga la redundancia, que no necesita una simple explicación. Se rebozó la copa de inconformidades y del mal vivir de la mayoría de la población, que no tiene otras formas de expresarse sino con la protesta social, por razones vitales, en ejercicio de un derecho universal como es la acción política pacífica en las calles. No es un asunto de orden público para enviar las fuerzas de seguridad. No es una acción subversiva. No es una amenaza contra el Estado. No es una conspiración contra el orden establecido. Otra cosa muy distinta es que haya una doctrina militar basada en el “enemigo interno”, y que vean en cada persona que piense y actué distinto políticamente, un enemigo de la institucionalidad. Por eso, se judicializa la protesta provocando acciones de hecho y atropellando con algún pretexto las movilizaciones sociales. Con seguridad, en las movilizaciones habrá infiltración de delincuencia y aprovecharan para actos condenables, los cuales deben cursar su debido proceso judicial, pero esto es lo particular. Sin embargo, en lo fundamental, las marchas han sido pacíficas.

La “Asistencia Militar”, mediante el decreto número 575, se desplegó en 8 departamentos y 13 ciudades. Es un eufemismo para esconder en la práctica la sustitución de la autoridad civil por la militar, por ahora en lo regional y con seguridad terminará imponiéndose en todo el país. Es un golpe de Estado sectorizado y disimulado. Puesto que seguirán las movilizaciones, se radicalizarán las posiciones. Las acciones de hecho escalarán y la Fuerza Pública, bendecida por un decreto presidencial, seguirá utilizando su desbordada acción represiva.

Cuatro semanas y realmente poco se ha avanzado en el diálogo del Gobierno Nacional y el Comité Nacional del Paro. Mientras el gobierno simula conversar, la dilación es más premeditada y la negociación se ve más distante. El Gobierno nunca ha descartado la salida militar en esta coyuntura política. Obviamente necesita “más razones de hecho” y lo está logrando, ya lo logró. Recurriendo al estigma, la desinformación y construyendo la falsa narrativa que todas estas marchas son una conspiración contra el Gobierno, involucrando hasta a Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, en una tal llamada “guerra Asimétrica” contra Colombia. Como quien dice, para nada habla el establecimiento de que lo que está pasando en Colombia es una desobediencia civil provocada por el mismo Estado por sus equivocadas y antipopulares políticas.

Siendo así la situación de esta explosión social, está muy lejos de solucionarse. El presidente Duque no ha entendido la gravedad del problema. Duque no está gobernando. El poder real es Álvaro Uribe, junto a su élite del partido de gobierno y la más rancia oligarquía económica y militarista. El Gobierno se equivoca creyendo que la inconformidad la calla con sus Fuerzas Armadas. Eso no pasará. La salida no es militar. La salida es política, económica, desmilitarizando la protesta, conversando desde la regiones y no bogotanizando la solución. Porque entre otras cosas, no todos quienes marchan se sienten representados en el Comité Nacional del Paro.

Estamos en plena campaña electoral. El mismo uribismo está electorizando y planeando cómo capitaliza para su fortín político esta coyuntura para las próximas elecciones. Por eso, el temor del Centro democrático es que ve cercano su fin en el poder y nos está imponiendo la mal llamada “Asistencia Militar”. Pronto vendrán las dádivas económicas para intentar bajar la presión de estas movilizaciones. Duque le apuesta más a la salida militar que a la solución de las causas que han originado esta debacle social.

Esta aventura militar es totalmente equivocada. Un grave error político y un desconocimiento craso del derecho a la protesta, ocultando la profunda crisis integral de este gobierno. Lo único que supera esta crisis endémica es el diálogo y una salida negociada. De lo contrario, habrá más violencia. Así nos lo ha demostrado la historia de los pueblos.

Debería la institucionalidad colombiana al menos plagiar al presidente de Chile, Sebastián Piñera, cuando escribió en su Twitter a las multitudinarias marchas en su país austral: La multitudinaria, alegre y pacífica marcha hoy, donde los chilenos piden un Chile más justo y solidario, abre grandes caminos de futuro y esperanza. Todos hemos escuchado el mensaje .Todos hemos cambiado. Con unidad y ayuda de Dios, recorreremos el camino a ese Chile mejor para todos”.