Fredy Escobar Moncada

Podrían ahorrarse la plata del bolsillo y comenzar a entregar las 3 millones de hectáreas de tierra de distribución gratuita pactadas en el Acuerdo de Paz. El partido de gobierno orientó al presidente Duque ubicar “recursos pagados por los más pudientes, para financiar la lucha contra la pobreza y la política de la juventud”. Este partido representa a quienes tienen poder y riqueza, y por eso considera que la cuestión social se resuelve donando salarios de sus congresistas, haciendo vaca entre amigos, regalando bonos a los agentes del ESMAD, apoyando a las señoras a convocar un bingo, sacrificando dos reces en la vereda y mandando a comprar empanadas en la iglesia.

La realidad es terca y las palabras con las cuales se nombra en el debate político tienen un poder inimaginable. La terquedad de la realidad colombiana con un mes de paro obligó a dicho partido a nombrar lo que siempre había negado: la existencia de clases sociales. Nombrarlas es reconocer un alto contenido de lucha de clases, así observemos varias novedades en la movilización. La coyuntura sacó a flote las palabras ocultas con el lenguaje tecnocrático de la estratificación, la sisbenización y el ascenso social. Cosa similar les sucedió con negar el conflicto armado interno.

Según el DANE, la clase alta solo representa el 2.6% de la población, mientras los pobres son el 35.7%, los vulnerables 31.3% y la clase media 30.4%. Es una buena oportunidad entonces para reflexionar sobre el origen de esta desigualdad. Por ejemplo, preguntarnos: ¿Por qué son más pudientes? ¿Trabajan más que los y las pobres? ¿Algo tiene que ver con monopolizar el poder político? ¿Por qué los pobres no tenemos poder político?¿Qué papel cumple la violencia en esta desigualdad?

En el comunicado reconocen que la crisis la debe pagar la clase pudiente. Ahora cabe la pregunta ¿cuánto ponen? Pues como se anotó al principio, la oligarquía considera que la lucha contra la pobreza se financia con las ganancias de un bingo familiar. La historia de las negociaciones muestra las agendas populares sin presupuesto convertidas en promesas incumplidas. El partido encargado de desfinanciar la paz ahora aboga por mayores recursos invertidos en la paz burguesa: disfrute pacífico de la propiedad privada, sin bloqueos y sin pobres por todas partes protestando.

Si las contradicciones entre las clases se agudizan, continuarán las imágenes de lucha en la calle. Iniciado el tema de los recursos de los y las pudientes, y teniendo en cuenta la derrota de la reforma tributaria, también es buena oportunidad para debatir las finanzas de los derechos reclamados constantemente por el pueblo colombiano. Hay alternativas para los recursos necesarios en la atención a la cuestión social. Sin embargo, ese 2.6% está aferrado violentamente a sus privilegios, mientras que al resto (97.4%) nos trae costos humanos impresionantes, producto de la represión de su junta administradora: el Estado.