Hoy 27 de mayo, hace 57 años, se inició la más grande agresión militar contra el campesinado en Marquetalia, que se extendió a Riochiquito en el Cauca y el Guayabero en el oriente colombiano. Una operación violenta contra unas comunidades campesinas que habían sobrevivido a la violencia liberal conservadora, constituyendo colonias campesinas autónomas, que fueron estigmatizadas como “repúblicas independientes”, para así justificar su exterminio, pero que en el desarrollo histórico, ese campesinado violentado transformó la amenaza cierta del exterminio en el proyecto de resistencia más insigne de los últimos 50 años.

Fue una verdadera epopeya de resistencia agraria, un núcleo de campesinos compuesto por 47 hombres y sus familias, bajo el liderazgo organizativo y de mando de Manuel y Jacobo, resistieron a la más grande operación militar de su tiempo. Una acción desproporcionada y demencial de tierra arrasada, diseñada con la anuencia de asesores militares extranjeros, con sus armamentos y tecnologías que dio inició al más largo conflicto armado en el continente, con las consecuencias violentas y desgarradoras que desangraron al país.

La trashumancia de la guerra y sus avatares culminaron en el acuerdo final de paz firmado en noviembre de 2016, que recogió la trayectoria de lucha y las aspiraciones del pueblo que habían motivado años de alzamiento armado. Siempre nuestro horizonte, desde los días de la larga marcha al Davis, Villarrica y la conformación de la organización, fue la conquista de la paz con justicia social. La lucha por la paz fue la aspiración máxima del proyecto político que representaron las extintas FARC-EP.

Lograr la paz, y por ende la implementación del acuerdo como eje fundamental para superar la lógica de la confrontación armada, es la nueva batalla de estos tiempos. La lucha por la paz es la revolución. Las FARC-EP ya no existen. En la Décima y última Conferencia guerrillera anunciamos con claridad que nuestra única arma sería la palabra y así lo estamos haciendo, a pesar de los más de 274 firmantes de paz asesinados. Hoy crece el proyecto político que surgió del seno de lo que fue la organización armada y mantenemos la acción inspirados en el acumulado de experiencias y el espíritu de lucha de los padres fundacionales de la resistencia. Mantenemos en alto las banderas de la paz en lucha permanente por implementar de manera integral los acuerdos de La Habana, honrando nuestras tradiciones, nuestros mártires y los del pueblo, reconociendo el dolor de las víctimas y dejando clara nuestra profunda convicción en aportar a la construcción de una nueva nación.

Desde Marquetalia hasta La Habana fue una lucha ardua por la paz con justicia social que hoy se manifiesta en cada acto inscrito en la dinámica que ha establecido el Acuerdo Final de Paz, que incorpora las claves para ganar la tierra, la inclusión política, la apertura democrática, las reformas sociales que reclama nuestro pueblo y la posibilidad real de solucionar el grave fenómeno de las drogas y su tráfico ilegal. Hoy la resistencia no es armada, es popular, firme y movilizada en las calles, en las carreteras, en un levantamiento social que sopla como brisa de primavera. El pueblo en las calles ha asumido su rol de sujeto transformador. Ahora, el reto de todos quienes aspiramos a una nueva Colombia es encausar ese levantamiento hacia la conquista de un gobierno de convergencia que asuma la histórica tarea de la democratización de la sociedad y de un nuevo modelo económico basado en la justicia social y la protección ambiental. Esta experiencia de movilización popular ratifica que hemos acertado junto al pueblo, en la civilidad, en la lucha de masas. Ahí está el camino para las grandes transformaciones que requiere nuestra patria. Las certezas que contiene el acuerdo de paz está al centro de las exigencias que hoy levantan los jóvenes, las mujeres, negritudes, indígenas, trabajadores y víctimas, que se han hecho canto y barricada, olla comunitaria, asamblea y comité de negociación para exigir derechos históricamente negados, que reclaman el surgimiento de un nuevo país.

Somos más que nunca del común. Nos vemos reflejados en sus reclamos, en su fuerza y capacidad de organización nueva, propia, de corazones abiertos que se llenan de fiesta para dejar claro que son el nervio y la sangre de este país. Nuestro homenaje a los caídos en las calles ante la violencia criminal del gobierno es mantener la lucha por la paz, como nos indicaron nuestros padres fundacionales desde el inicio de la resistencia.

CONSEJO POLÍTICO NACIONAL

PARTIDO COMUNES.

Mayo 27 de 2021.