Por: Gleidys Martínez Alonso

En estos días,

de eternas luchas,

de inolvidables y dolorosas muertes,

nunca vi,

a mi compañero irse y llegar a la casa tan feliz,

sus ojos no eran grises, si no, de revolución.

Mis hijos explotaban bombas de angry birds con sus pequeñas manos,

aludiendo a uno que otro sonido que escuchaban a lo lejos.

“Eso quita vidas”, yo les decía, pero ellos, seguían a mis espaldas,

mirando los videos, preguntando por los gritos, los helicópteros y las metrallas,

que se escuchaban, a lo lejos.

Yo, en el trabajo, frente al computador,

Yo, en el trabajo, en la casa.

Yo, en el trabajo, cuidando hijos.

Yo, en esta, primera línea.

Pasaron por mis ojos muchachos guerreros esquivando balas con escudos de cielo caleño, de sueños, de enojo por los derechos no cumplidos, por sus familias empobrecidas. “No tenemos nada que perder”, decían.

Pasaron, mujeres grandes, pequeñas, mestizas, negras, mayoras, jóvenes y madres, lesbianas, trans, en todos los frentes:

Aquí, allá, pelando la papa,

Abrazando al pelao,

Llorando sus hijos e hijas,

Gritando y tocando tamboras,

Sahumando la palabra,

Peleando y cantando,

Curando heridos,

Prendiendo velas,

Lanzando conjuros para llamar la lluvia y postergar las muertes,

¡Cuidando la vida!

“Regresen vivos a sus casas”, decían.

Pasaron por mis ojos guerreros y guerreras de la tierra, de rojo, de verde, guardando la historia, sembrando dignidad en un surco de odio y xenofobia ¡Qué grandeza!

En estos días, dormí menos horas,

Trabajé más, lloré con las amigas, con los amigos, con les amigues.

Busqué canciones y películas para recobrar la esperanza, para no olvidar lo sistemático de las injusticias, del terror.

Me leí completo un manual del ESMAD, me asaltó la rabia.

“Tengo que meditar más”, me dije, me compadecí de la gente que lucha contra su propia gente.

Y a pesar de todo,

de estos días de glorias y tristeza,

qué bonito es cansarse por una utopía,

por un sueño nuevo,

qué bonito es poder transformar, proponer,

caminar con la gente,

que bonito y placentero,

ese poder,

Ese poder más fuerte que trabajar para tener dinero,

para comprar cualquier cosa,

para luego volver a trabajar, tener dinero,

 y luego, comprar cualquier cosa.

Qué bonita es la Revolución.