Rubín Morro

Está bien que el presidente Iván Duque hable con todos los partidos, sectores sociales, con sus amigos, mentores, con toda la sociedad y si quiere que lo haga con el presidente de cualquier país del mundo, con el papa, incluso. Pero mientras no se siente con quienes han marchado en las calles y arriesgado su vida ante el uso de desproporcionado de las autoridades, pues, está ‘arando en el mar’.

Duque debe ir a las regiones, darle la cara a los marchantes, organizar representantes y mesas regionales, construir desde las bases hasta darle una caracterización nacional. A esto debe dársele un acompañamiento y seguimiento internacional, como garantía de su cumplimiento para que no suceda como pasó en el 2019. No podemos olvidar que esta toma de las calles por nuestra sociedad es una explosión social acumulada por decenas de años de injusticias, desigualdades y abusos de parte del Estado. Y a quien le tocó, por desgracia, fue usted, señor presidente Duque.

Un paro nacional que sacudiera las estructuras de este insensible régimen no sucedía desde los días 14 y 15 de septiembre de 1977, hace 44 años, en el gobierno de Alfonso López Michelsen. Esta acción política por los senderos de nuestra geografía nacional es la sumatoria de tantas causas represadas que hoy se han salido de su cauce y solo sus aguas vuelven al reposo producto del diálogo y el consenso de toda la sociedad en su conjunto, no abriendo interlocuciones con quienes son los dueños del país, con quienes nos han gobernado. No, presidente, ese no es el Pacto Nacional que queremos y menos el que nos sacará de este atolladero en que el mismo establecimiento nos metió.

Las demandas de este estallido popular son claves para el país: reformar la salud o ley 100, que no sea un negocio para las EPS, sino un servicio de calidad; que se financien las universidades y acceda a una educación superior gratuita. Los campesinos en las carreteras están exigiendo que no se fumigue con glifosato y que implemente eficazmente el PNIS, tal como está en el Acuerdo de Paz de La Habana. Los campesinos reclaman tierra, acceso a ella, titulación. La gente movilizada en las calles se cansó de cotizar y ve su pensión cada vez más lejana. El hambre azota los hogares colombianos, la corrupción desangra las finanzas. El pueblo paga los impuestos, la oligarquía engorda aún más sus robustos privilegios. La justicia no actúa. Estas son algunas causas generadoras de la inconformidad del pueblo raso y explotado. El pueblo se cansó de promesas incumplidas.

Presidente, usted deba garantizar la protesta, controlar esos policías que están echándole plomo como locos a los marchantes, con dudosas tácticas clandestinas evidenciadas en miles de vídeos registrados por las comunidades. Ya no estamos en otras épocas arcaicas. Ahora estamos desbordados por la tecnología y cada habitante de nuestro país tiene un celular y casi nada se nos escapa, llegando a las redes. He aquí todas las pruebas de una negativa conducta. Así no construirá la paz.

Se nota un desespero por frenar estas marchas. Los resultados son espeluznantes en asesinatos, heridos, violaciones sexuales, desaparecidos, amenazas, desatando un verdadero terror, buscando impedir la protesta popular. Es echarle más gasolina al fuego. Nadie en Colombia tiene miedo. Nos han arrebatado tanto que hasta el miedo a morir lo perdimos.

Leamos este reporte deHuman Rights Internacional de las 12:01 del 8 de mayo, comunicado #2, #DerechosHumanos en Colombia: llamadas 42.450, detenidos 1.023 personas, desaparecidos 980, homicidios 43 (1 en verificación). Heridos, 1.330 (1.040 civiles y 290 policías).Aterradoras y lúgubres cifras que hoy muestra el gobierno ante el mundo y del cual recibimos toda la solidaridad por la lucha del pueblo y el rechazo a la brutalidad del Estado.

Colombia entera clama cambios democráticos, participación directa en las grandes decisiones del país. Por eso está Colombia en la calles. Por eso las juventudes se hicieron a las calles, carreteras y plazas públicas. Han ocurrido eventos violentos por minorías enardecidas e inconformes. Toda violencia es condenable, venga de donde venga. Es importante destacar, y así lo han reconocido algunas autoridades, que las marchas han sido en su mayorías pacíficas.

Finalmente, toda esta debacle social se resuelve dialogando directamente con los protagonistas, no con intermediarios. Ojalá el Comité Nacional de Paro logre darle una dirección política y articule todos los objetivos de quienes marchamos y esto facilite una negociación con el gobierno, de éste, sin duda, el despertar de un pueblo que ha vivido ignorado de la acción política. Presidente, mesura, calma y soluciones inteligentes. Aíslese de su partido de gobierno que solo se afianza en el dolor y la desesperanza para las mayorías que son su obligación proteger y brindarles la mayor felicidad posible.