“…A orillas del Caribe

 hambriento un pueblo lucha,

 horrores prefiriendo a pérfida salud…”

                                                                                    Himno Nacional de Colombia      (Estrofa V)

Por: Isabel Fonseca

Mirar las consignas, pancartas y banderas, que inundan las calles de Colombia, durante esta nueva jornada de protesta popular, visibiliza las razones de la concurrencia masiva, y la esencia brutal de la casta tirana que gobierna desde una dictadura.

En los rostros de quienes decidieron tomar las calles se ve al pueblo trabajador y a su mundo de mujeres madre: campesinas, urbanas, indígenas, afros, adolescentes, jóvenes y abuelas, muchas con sus crías al pecho y andando de sus manos.

Salieron con sus colores, con su alegría, con sus cantos, con sus danzas, y con su valentía, retando a la amenaza de muerte con que se vive en Colombia, desde tiempos de la Insurrección Comunera; y a esa que nos lanzó la pandemia de Covid-19, hace más de un año.

Sin embargo, la letalidad del Covid-19 se quedó en pañales, frente a la criminalidad del Gobierno neogranadino. No hay forma, ni manera, de justificar las masacres del Valle del Cauca y los asesinatos en todo el país, ni los disparos a los ojos de los jóvenes, ni las violaciones a mujeres, ni las otras torturas practicadas, tanto en las calles, como en sitios oscuros; ni las detenciones, desapariciones y amenazas.

Están aplicando tácticas de guerra multidimensional que usa el imperialismo occidental sobre escenarios bélicos de otras naciones, esta vez contra la propia nación civil y desarmada. Tanquetas en barrios, cortes de electricidad y ataque armado, con la inmediata caída de las conexiones que bloquean a medios y redes telemáticas, para evitar que difundan las imágenes de los cuerpos sin vida que aparecen en la escena, cuando se encienden las luces.

No se trata sólo de represión a la protesta contra un proyecto de reforma, es más que eso; la tiranía decidió aplicar su “Guerra Preventiva” para evitar lo que la conciencia y organización del pueblo viene anunciando: la derrota electoral de 2022.

Saben que este pueblo viene andando el camino de una Nueva Colombia, saben que hay un Pacto Histórico con potencialidad para exorcizar a los herederos macabros de Santander y refundar la República de Colombia que tenemos pendiente desde 1830, aquella que se propuso eliminar todos los privilegios y crear un sistema de gobierno que produzca la mayor suma de felicidad, seguridad social y estabilidad política posible.

En esta jornada convocada contra la Reforma Tributaria y del Sistema de Salud -nuevas expresiones de las vampirescas formas que las élites de Colombia se inventan para paliar la crisis del sistema, agravada por su cultura de corrupción y despilfarro- descubrimos a la Colombia proletaria en rebeldía contra el patriarcal Capitalismo y su modelo neoliberal.

No es una protesta más. Es una protesta decisiva, no se va a levantar, hasta que se escuche al pueblo y se otorgue razón de hecho y derecho.
No se va a levantar, hasta que en 2022 el pueblo deponga en las urnas a la dictadura santanderista. Por eso, la represión elevada. Es la historia, lo dice nuestro himno: “…en surcos de dolores, el bien germina ya…”.

Y, por eso, ahora más que nunca, se requiere del abrazo de las Patrias hermanas, ese abrazo que hace 200 años se estrechó en Boyacá y en Carabobo, para expulsar al dominio feudal colonialista.

Hoy, Colombia, la proletaria, reclama la sororidad de sus iguales en todo el continente, para cesar la horrible noche y amanecer en la libertad sublime que  derramará las auroras de una invencible luz, porque empieza a presentirse de la epopeya el fin…