Rubín Morro

Nadie entiende por qué, entendiendo los detalles de todo el proceso de paz, de personas que conocieron la guerra, lo catastrófica que significó para la nación colombiana, se empeñen en ir contra la corriente, poniendo en la discusión pública insulsas razones que carecen de todo asidero en la realidad. Pero lo dicen y afirman, haciendo un desnutrido aporte a los esfuerzos de paz en que está inmersa Colombia.

No puedo aceptar, como firmante de la paz, los pronunciamientos totalmente equivocados e injuriosos, fuera de contexto y mal intencionados, del presidente de Acore (Asociación de Oficiales Militares Retirados), John Marulanda, en un conversatorio organizado por la Comisión de la Verdad, donde el energúmeno oficial asegura temerariamente que la mal llamada “disidencia” encabezada por Iván Márquez es el brazo armado del Partido Comunes. Acusa además de que Cómo no pensar entonces que estamos viendo una habilidosa maniobra donde el todo vale para encaramarse al poder”.

De dónde sacará este oficial estos argumentos salidos del odio visceral que siempre ha profesado, como una buena parte de los militares, cuando se trata de procesos de paz. No es la primera vez que algunos oficiales del ejército echan mano a fáciles injurias, calumnias, mientras otros altos mandos activos, que es lo más importante, fueron constructores y firmantes de paz. El Estado colombiano, sus Fuerzas Armadas, junto con la extinta insurgencia de las FARC-EP, tuvieron la grandeza y el patriotismo de acabar con una guerra que desangró a miles de personas por más de 53 años, acatando el clamor nacional, sobre todo el universo de víctimas que pasan de ocho millones de personas.

Usted, oficial, habla de evidencias, de los que conformamos el partido Comunes, que somos “hipócritas, maliciosos” y termina acusándonos de la parte política, ni más ni menos, que de la “combinación de las formas de lucha”.

Soy militante del partido Comunes, ex combatiente, comprometido con la paz.Nos reta usted, señor, a hacer una declaración pública. Le recuerdo que hace dos años, lo hicimos, no por sugerencia de nadie, y sí para reiterar nuestro compromiso indeclinable de lo acordado con el Estado colombiano. Va el link para recordarle señor Marulanda, que no se deje obnubilar por las venganzas, el adiestramiento guerrerista recibido en la pasada guerra. Pase la página, señor. Ya se acabaron los fantasmas que no lo dejaban dormir en aquellos tiempos aciagos. https://bit.ly/3rG6GEs. De paso, le recuerdo que la militancia del partido Comunes no solo la integran ex combatientes, sino cientos y miles de personas que no fueron guerrilleros, sino colombianos y colombianas que creen en la paz, como miles de sus compañeros, que gracias a lo pactado en La Habana ya no están en las cordilleras, sino en los ejes viales, saludando a su pueblo con la V de la victoria.

Agrega el oficial felizmente retirado que «A ustedes no solo no los quieren, sino que los odian”. Señor presidente de Acore, también le recuerdo que no solo hemos reconocido nuestros errores, daños causados en la guerra, lo estamos reconociendo ante la jurisdicción Especial para la Paz y aportando verdad a la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad. ¿Cuántas veces ha ido, usted, a dar su versión voluntaria en aporte a la paz? Estamos esperando las sanciones propias, restaurativas contempladas en el Acuerdo Final de Paz, firmadas en La Habana. Creo que usted, señor, le haría un gran aporte a la paz, acercándose a la JEP y dar su versión sobre el Caso 003 sobre falsos positivos atribuidos al Estado y sus Fuerzas Armadas. ¿será que por estos 6.402 asesinatos denunciados por la JEP, de jóvenes inocentes y pasados luego como guerrilleros muertos en combate para demostrar ilusamente que estaban ganando la guerra, la sociedad los ama? Hay que ser coherentes, oficial. Los actores armados tenemos enormes responsabilidades. También muchos integrantes de la Fuerza Pública, que para nada son la excepción, y más grave aún, porque quienes portan las armas de la República les asiste, por mandato constitucional, la “defensa de la vida, honra y bienes de los colombianos y colombianas”.

Me parecen desafortunadas estas apreciaciones del presidente de Acore. Reitero que lo hago como siempre en mis columnas a título personal y como un ciudadano en proceso de reincorporación, quien he dado todo mi aporte en la construcción de la paz. Viví la guerra desde mis tempranas edades. Sé que es la guerra, no desde los escritorios, sino desde los campos de batalla. No quiero más guerra, no represento políticamente a ninguna fuerza armada. Por eso, abracé la paz.