Rubín Morro

Hoy es 4 de abril del año 2021, domingo de pascua al conmemorarse la resurrección de Jesús. El próximo 9 de abril es el “Día de las Víctimas”. Importante analogía para una profunda reflexión por el Acuerdo de paz y la defensa de la vida y la memoria histórica.

El 9 de abril de 1948 se generó una mancha de sangre que se extiende por 73 años de violencia en Colombia. Un magnicidio contra un liberal hijo del pueblo, una esperanza democrática cancelada por los disparos desde la derecha en el poder, que nos hundió en el abismo oscuro de la guerra hasta los días que corren.

Una y cinco minutos de la tarde de aquel lejano viernes del 9 de abril de 1948. Jorge Eliécer Gaitán tenía su oficina en la acera oriental de la carrera séptima, cerca a la avenida Jiménez, en la ciudad de Bogotá. Quien disparó por tres ocasiones por la espalda contra la humanidad el caudillo liberal fue Juan Roa Sierra. Todo indica que este matón fue contratado por personajes siniestros del Partido Conservador que veían amenazados sus intereses políticos por el liderazgo de Gaitán. Según narra la historia, el asesino estaba esperando en la puerta la salida del dirigente demócrata. Roa, luego del crimen, corrió, se refugió en un establecimiento público, mientras los gritos y llantos de la multitud gritan—¡Cójanlo!… Mataron a Gaitán. La turba crecía como una tempestad embravecida. El cuerpo moribundo de Gaitán era conducido en un vehículo al hospital. Había recibido un disparo a la altura del cerebelo y otras partes del cuerpo. Gaitán fue trasladado en un taxi hacia la Clínica Central, donde murió una hora después, como resultado de las heridas. El pueblo aglomerado perseguía al asesino, con palos, machetes, ladrillos, con todo lo que hubiera a la mano para vengar este magnicidio. Juan Roa Sierra quiso guarecerse dentro de una casa. La muchedumbre tumbó la puerta y lincharon al verdugo hasta causarle la muerte.

El pueblo había pasado la cuenta de cobro y comenzaba una violencia política brutal para la historia, que aún se mantiene. Han pasado 73 años y cada año se revive la historia. Hoy el mausoleo del destacado dirigente liberal yace en las ruinas y luego de siete décadas reflejadas en el pasto que se traga los cimientos de este importante símbolo nacional, porque algún muy interesado expresidente ordenó dejarlo en el olvido al paso del tiempo. No solo se asesina la esperanza, sino que se procura que se mantenga bien olvidada. Es un temor por la historia que un día retornará como espíritu justiciero a través del tiempo.

El pueblo, enfurecido tras conocer el deceso del dirigente político popular, desató toda una ola de violencia: saqueos, incendios y muertes. Se generó el ‘Bogotazo’ que dividió el siglo XX y la historia contemporánea de Colombia en un antes y un después del 9 de abril de 1948. Se fue Gaitán, el verdadero paradigma de la honestidad política, al denunciar siempre la corrupción, el que pregonó por todo el país “la restauración moral” y tuvo firmeza ante una oposición que lo tildaba despectivamente de “El Negro” o “El Indio Gaitán”. No llegó al solio de Bolívar porque fuerzas oscuras de la extrema derecha le quitaron la vida, como lo recuerda el sociólogo y escritor Alfredo Molano Bravo en El Espectador con su escrito “El Gran Chantaje”- 15 de octubre de 2016-: “la extrema derecha que está detrás de los asesinatos de Gaitán, Pardo Leal, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro”, añade el escritor y sociólogo.

Gaitán, desde muy joven, se dedicó a la política, contradiciendo a su padre, quien deseaba que su hijo fuera contador. Fue elegido en los años 1924–1925 diputado a la Asamblea de Cundinamarca y cuando regresó de Italia fue elegido en 1928 representante del Partido Liberal a la Cámara de Representantes.

Los trabajadores bananeros de la “United Fruit Company” de Ciénaga Magdalena , los días 5 y 6 de diciembre de 1928, fueron masacrados por integrantes del Ejército, con el resultado de 1800 trabajadores bananeros asesinados y por lo menos 100 heridos. Nunca se sabrá los datos exactos. Fueron baleados mientras se desarrollaba una huelga de mas de 26 mil trabajadores.

Con su sueldo de parlamentario ayudó económicamente a las viudas y huérfanos afectados de este hecho violento, conocido como La masacre de las bananeras. Gaitán fue llamado ‘El tribuno del pueblo’ por los largos y acalorados debates contra el gobierno de Miguel Abadía Méndez, que afectaron la “hegemonía conservadora”. Es acá donde inicia la idea de sacar del escenario político al caudillo liberal.

En 1931 fue elegido presidente de la Cámara de Representantes y presentó propuestas para una reforma agraria, la propiedad rural, acompañada de esta consigna: “La tierra es de quien la trabaja y el latifundio es la tierra ociosa”. Manifestó la importancia de la educación en el campo y la intervención del Estado en el control de precios y medidas. En 1933 organizó el movimiento político UNIR -Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria.

El 4 de febrero de 1934, en Fusagasugá, durante una manifestación que presidió Gaitán con su movimiento Unir, cuatro militantes de su movimiento murieron al ser baleados por la policía. La llama de la violencia prendía fuego en la dinámica política contra el talante demócrata de Gaitán.

El Partido Conservador se propuso neutralizar por medio del terror al liberalismo para recuperar el poder. En los campos de Colombia se dio la gran violencia. Las zonas liberales o comunistas fueron atacadas por campesinos armados por el gobierno, respaldados por la iglesia e integrantes de la Fuerza Pública. El Partido Liberal con su líder asesinado intentó defenderse con guerrillas.

Ante todo este caos provocado a raíz del magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, cuya autoría venía de la ultraderecha conservadora, en julio de 1954, la Asamblea Nacional Constituyente eligió a Rojas Pinilla presidente para el periodo 1954-1958 y el 6 de septiembre decretó «la prohibición del comunismo internacional en Colombia». Fue una norma copiada de la Ley de Control del Comunismo aprobada por el Congreso de Estados Unidos dos semanas antes en Washington, que a su vez se basaba en The Subversive Activities Control Act of 1950, impulsada por el senador McCarthy (Datos tomados de Alfredo Molano Bravo).

Con esta ley aprobada en el congreso de los EEUU, según el relato de Molano, se introduce la doctrina militar gringa en Colombia, que en esencia es un concepto de seguridad-poder-Estado-nación, donde no pueden haber neutrales. “Si no estás conmigo, estás con mi enemigo”. ‘El presupuesto nacional tendrá preferencia con asignación para defender la democracia del comunismo internacional’. Se introduce el Manual para Operaciones Psicológicas contra la población civil, esencialmente, para derrotar el ‘enemigo interno’, o sea, los liberales gaitanistas y los comunistas. Este ha sido y sigue siendo el principal obstáculo para la paz en Colombia. La historia no miente, fue Guillermo León Valencia quien mediante un decreto (https://bit.ly/3m2lCeF) crea la Defensa Civil para perseguir y asesinar la oposición al gobierno, llámense liberales o comunistas. He acá la génesis del paramilitarismo en Colombia que ya venía experimentándose con el crimen político de Gaitán. Este títere presidente le debe a la historia haber atacado la zona agraria de Marquetalia y, con ello, prender fuego a una larga guerra.

Esta directriz de los EEUU impuso al Estado colombiano adoptar políticas antipopulares, reprimiendo de forma sistemática, apoyados bajo la doctrina militar fascista que actúa mediante el concepto criminal del “enemigo interno”. Los EEUU iniciaron después de 1950 una campaña política-militar regional contra el comunismo, bajo la consigna de la “Alianza Continental para las Américas”. Organizaron, financiaron y dirigieron la “Operación Soberanía” contra Marquetalia” en el sur del Tolima, el 27 de mayo de 1964, bajo la denominación del Plan LASO (Latin American Security Operatión). Este ataque contra 48 campesinos que huyeron de la violencia política a raíz del asesinato del líder Jorge Eliécer Gaitán tuvo como consecuencia el surgimiento de las FARC. Esta era una villa de paz. Sus familias construían futuro y fueron acusados con la infamia de fundar una “república independiente”. La violencia del Estado fue la causa del nacimiento de esta nueva guerra. He aquí una tarea esencial para la Comisión de la verdad, sobre las causas y orígenes de la guerra en su relato final.

La Violencia en el Tolima en los años 50 fue particularmente sangrienta. Entre 1948 y 1957, fueron asesinadas 35.294 personas y se abandonaron 93.882 fincas. Como respuesta, se organizaron 33 comandos guerrilleros armados, de los cuales 12 en el sur, región colindante con Cauca, Valle, Huila y Caquetá (Alfredo Molano Bravo).

El asesinato de este ilustre liberal fue parte de los descabezamientos de personalidades democráticas. Ya había sucedido antes con Rafael Uribe Uribe en 1914, quien fue asesinado a hachazos por sus ideas liberales y progresistas. Luego vendría el asesinato de 5 candidatos presidenciales en solo 42 años. Personalidades que de haber llegado al poder, otra civilizada y democrática nación estuviéramos abrazando hoy. Pero la rancia oligarquía criolla, asociada con el imperio, no lo ha permitido a punta de trampa y crímenes de Estado. Dentro de estas imposiciones de los EEUU, también se asesinó a toda una generación de dirigentes de la Unión Patriótica con el genocidio de este partido político surgido de los Acuerdos de La Uribe en 1984 entre el Estado y las FARC-EP.

Las causas de esta guerra, luego de 73 años del asesinato de Gaitán, siguen presentes, latentes y vigentes, incluso más graves que hace 50 y 70 años. La concentración de la tierra crece y los campesinos son desplazados hacia las laderas y riscos. Así mismo aumenta la desigualdad social y política, la represión militarista y la guerra sucia, la cual ha permanecido vigente, por parte de una parte del establecimiento.

El magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, hoy más que nunca, es sinónimo de guerra por la que hemos transitado la más horrible noche y también la esperanza de que algún día nos unamos todos los colombianos y colombianas, en honor a los cientos de miles muertos, desaparecidos y por las presentes y futuras generaciones, construyamos la paz completa en un país que jamás ha conocido el sosiego y la tranquilidad social. Nos queda claro, por el resultado de cientos de historiadores, que quien ordenó este magnicidio fue la oligarquía conservadora de aquella época.

Nos queda construir la paz para Colombia, nos queda el Acuerdo de Paz. Única posibilidad real de alcanzar la reconciliación, la convivencia y la paz de un pueblo que jamás hemos conocido el sociego y la felicidad plena.