Rubín Morro

«He querido abordar y proponerles este tema, el cual conozco muy bien, en esta semana de reflexión sobre la espiritualidad, la inspiración familiar muy particular en la historia de Jesús a través de los siglos.«

Aunque siempre las extintas FARC-EP tuvieron en su estrategia política la búsqueda de una salida civilizada al conflicto armado, encarar cada uno de los intentos de allanar caminos que nos condujeran a un nuevo espacio de lucha y un nuevo escenario en la actividad política, siempre se mantuvieron las dudas e incertidumbres, cuya causa radica en dos aspectos fundamentales de la institucionalidad. De un lado, la traición, la calumnia y el asesinato en anteriores procesos de paz, como hoy (261 asesinatos contra firmantes de la paz). Y del otro, por su concepción claudicante hacia los movimientos guerrilleros, “Desarme, Desmovilización y Cárcel”. Esto siempre mantenía distante a nuestra insurgencia armada.

Los acercamientos con el Estado, encabezado por Juan Manuel santos, durante la fase exploratoria, la nueva lectura del conflicto armado interno y su categorización, la mutua voluntad de las partes por parar la guerra. No matarnos más teniendo en cuenta que no había, ni hubo vencedores, ni vencidos. Todos ganamos una posibilidad de paz. El clamor nacional por la reconciliación nos llevó a la construcción conjunta de una agenda de seis puntos, que en buena parte recogía y recoge la problemática medular de nuestro país, donde se establecieron grandes responsabilidades a las partes: al Estado posibilitar nuestra reincorporación integral a la sociedad, construir la paz estable y duradera en conjunto con la sociedad. A las extintas FARC-EP, la dejación de las armas, el acatamiento a la ley, su constitución política y acogerse al Sistema Integral, Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición (SIVJRNR) (esto fue construido por las partes en la Mesa de Negociación en La Habana), entre otros compromisos emanados del Acuerdo Final de Paz.

Con respecto a la Dejación de las Armas, la cual fue una de las grandes decisiones tomadas por nuestra organización armada y respaldada por toda la militancia en los distintos mecanismos de consulta, incluido la Décima Conferencia Nacional de Guerrilleros realizada en el Yarí, Caquetá, respaldada por el congreso fundacional de la Fuerza Alternativa Revolucionaria del Común, en noviembre de 2017 en la ciudad de Bogotá.

Ésta fue una decisión muy importante de toda la nuestra militancia. Fue una enorme contribución a la paz, puesto que desarmarse una fuerza guerrillera con una abrumadora operatividad ininterrumpida contra el Estado, de más de medio siglo, estoy seguro, no resulta tan sencillo, sobre todo en Colombia con sus gobiernos y sus lastres. Hay que tener una gigantesca voluntad de paz para hacerlo. Y sobre todo, esperar el cumplimiento de la palabra empeñada. Esto es confiar en el Acuerdo de Paz y amar la paz como la vida misma. Nadie se opuso a tal decisión, nadie. Hasta los que ahora no están en el proceso de paz dieron su voto ante la historia, porque esta fue una decisión colectiva y no una imposición de la Dirección Nacional.

Leamos y repasemos en esta Semana Santa un poco cómo fue esta dejación de las armas de la otrora insurgencia armada de cual se ocupa esta columna.

La primera etapa se inició el 3 de marzo de 2017 y terminó el 11 de septiembre del mismo año, con la dejación de 8.994 armas, 750 caletas extraídas, con la participación de las Naciones Unidas, Fuerza Pública y combatientes de las FARC-EP. En esta etapa inicial, el 7 de junio se dejaron el 30% de las armas. El 14 el otro 30% y el 20 del mismo mes el restante 40% del armamento en nuestro poder. Como se puede leer, fue en un tiempo récord. El 27 de junio de 2017 fue el cierre de la Dejación de las Armas de las extintas FARC-EP, en la Zona Veredal Transitoria de Normalización de Buenavista, Meta.

La segunda etapa se reanudó el 20 de octubre de 2017 y terminó el 10 de abril de 2018, bajo el decreto 1716/2017. Fueron extraídas 168 armas y 205 caletas, con la participación de la Procuraduría General de la Nación, Fuerza Pública y ex combatientes de las extintas FARC-EP.

La tercera etapa final la reanudamos el 3 septiembre de 2018 y terminó el 18 de noviembre del mismo año, bajo el decreto 1243/2018. Armas y caletas extraídas, 62 y 57 respectivamente, con la participación de la Procuraduría General de la Nación, Fuerza Pública y ex combatientes de las extintas FARC-EP, para un total de 9.224 armas de diferentes tipos y calibres. 1.012 caletas extraídas, 48 toneladas de explosivo destruido, para un peso aproximado de 390 toneladas de material bélico aportado a la paz (con valor monetario importante que hizo parte de nuestra economía de guerra.), el cual fue inhabilitado y fundido para la construcción de los tres monumentos acordados en Nueva York, Cuba y Colombia.

¿En que consistió la inhabilitación de las armas?

Después de haber trasladado las armas de las FARC-EP en 31 contenedores a Funza, Cundinamarca, cerca de Bogotá, procedente de las Zonas Veredales y Puntos Transitorios de Normalización, fueron depositadas en una gigantesca bodega, donde apilamos todas las armas en sus contenedores, bajo la supervisión de las Naciones Unidas y la custodia de la UNIPEP (Policía Especial para la Paz) creada por el Acuerdo final.

A instancias del Componente internacional de la ONU, una empresa alemana se ocupó de la tarea de inhabilitar las armas en el Depósito General de Armamento de la ONU, en el Parque Industrial de San Diego, situado en el municipio de Funza, acorde a lo solicitado por Presidencia de la República de Colombia, por nota del 6 de octubre de 2017, según lo convenido en el marco de la Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación. La totalidad del armamento y material recolectado hasta el 15 de septiembre y que se encontraba en el Depósito General de Armamento fue puesto a disposición del Gobierno Nacional para su posterior traslado y transformación en los monumentos pactados en el Acuerdo Final. La inhabilitación puntual de las armas consistió en hacerle dos orificios al cañón de los fusiles, dos más al mecanismo de disparo y dos en la caja de los mecanismos. De esta forma quedaron los fusiles, ametralladoras y otras armas totalmente inservibles. A las armas cortas se le hicieron dos cortes por la mitad.

Es necesario destacar que las armas de las extintas FARC-EP fueron dejadas en manos de las Naciones unidas, luego inhabilitadas bajo su directa supervisión. Posteriormente, fueron fundidas en Sogamoso, Boyacá. Acto seguido, pasaron bajo la responsabilidad del Ministerio de Cultura para su destinación final. Estas armas jamás volverán a la guerra. Nunca. Esto para los antiguos ex combatientes y para la vida humana es nuestra más grande satisfacción.

A las municiones dejadas como parte del armamento (vainillas y ojivas) se le denominó ‘chatarra, que mediante una artesanal cocción, muy efectiva por cierto, desprendía la ojiva de la vainilla y quemándose la pólvora. Todo este material fue entregado a la ONU e hizo parte de la destrucción de las armas para el destino final de los monumentos. Valga decir que de esta chatarra, algunos artesanos ex guerrilleros en la Zona Veredal de Icononzo en el Tolima, hurgando en las quemas de municiones encontraron muchas ojivas y vainillas, y las convirtieron en artesanías, aretes, llaveros, lapiceros etc.

Durante el proceso de extracción de caletas participaron la totalidad de los 450 observadores internacionales de la Misión, más de 800 integrantes de las FARC-EP, aproximadamente 500 integrantes de la Unidad de Policía Especial para la Paz (UNIPEP) y un importante despliegue de más de 9.000 integrantes de las Fuerzas Militares a lo largo de todo el territorio colombiano.

Las operaciones demandaron un gran esfuerzo logístico y operacional, con un total de 283 horas de vuelo de los 3 helicópteros de la Misión de Naciones Unidas (393 movimientos aéreos), el apoyo de 210 horas de vuelo, con helicópteros proporcionados por el Gobierno de Colombia, más de 20 movimientos por vía fluvial y más de 120 desplazamientos terrestres, contabilizándose cerca de 40.000 kilómetros recorridos entre vehículos, embarcaciones y a lomo de mula.

Referente al plan de extracción de caletas y su armamento, se contabilizaron 81 horas de vuelo, implicando 71 movimientos y más de 26.000 km terrestres para ambos planes de extracción.

Las operaciones de extracción y destrucción de material explosivo que se encontraba en las caletas se realizaron en conjunto con el grupo EXDE anti explosivos de la Fuerzas Militares, en el marco del cumplimiento de lo establecido en el Cese al Fuego de Hostilidades Bilateral y Definitivo y de Dejación de las Armas, acorde al “Acuerdo Final para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera del 24 noviembre de 2016.

El proceso de Dejación de Armas fue realizado por fuera del mecanismo tripartito, siendo las tareas inherentes, exclusiva responsabilidad del Componente Internacional (ONU) y de las FARC-EP.

La Dejación de las Armas implicó una fase de planeación y otra de ejecución, de acuerdo a lo establecido en el Protocolo de Dejación de Armas, acordado entre la ONU y las FARC-EP, respetando estándares internacionales en la materia. Este protocolo fue de estricto cumplimiento durante todas las fases de la dejación de armas.

En primer lugar es muy importante aclarar que este procedimiento técnico fue trazable, transparente y verificable, mediante el cual la Organización de Naciones Unidas recibió la totalidad del armamento de las FARC-EP para destinarlo a la construcción de los monumentos acordados. Así mismo, las Fuerzas Armadas colombianas estuvieron en todo el proceso dando seguridad y apoyo esencial.

El Acuerdo sobre Cese al Fuego, Hostilidades, Bilateral y Definitivo y Dejación de Armas tuvo como objetivo la terminación definitiva de las acciones ofensivas entre la Fuerza Pública y las FARC-EP, y en general de las hostilidades y cualquier acción prevista en las reglas que rigieron el Cese del Fuego Bilateral, incluyendo la afectación a la población.

Sin pretender arrogancias, hoy he traído este tema tan singular y único en la lucha por la vida y la paz en la historia de Colombia. Un enorme aporte por la reconciliación y la convivencia de nuestra patria, que jamás ha vivido un solo instante en paz. Algún día pregonaremos que ahora sí somos libres, en paz con justicia social.