Bogotá D.C., 2 de marzo de 2021

Reverendo Padre:
FRANCISCO DE ROUX
Presidente de la Comisión de la Verdad
La ciudad.

Apreciado Padre:

Me dirijo respetuosa y humildemente a Usted, en mi condición de antiguo comandante de las FARC-EP y hoy Presidente del partido COMUNES, con el propósito de formularle una petición que considero de singular trascendencia para el país.

Con seguridad, Padre, conoce de las conversaciones que he tenido con Salvatore Mancuso. En ellas hemos hallado un punto de encuentro de altísimo interés. Si queremos de veras contribuir a la reconciliación nacional, la justicia, la reparación y la no repetición, es necesario que la actual generación y las que crecen cargadas de ilusiones, escuchen de nosotros, actores estelares de la confrontación, el relato descarnado de lo que fue ésta.

En esa dirección, Salvatore Mancuso y yo convinimos en que me dirija a Usted para proponerle en nombre de los dos, se sirva convocar para una próxima fecha una reunión de la Comisión de la Verdad en pleno, de manera pública, con presencia de medios de comunicación nacionales y extranjeros, y con previa invitación a múltiples organizaciones defensoras de derechos humanos locales e internacionales e instituciones mundiales de la mayor calificación ética.

Nuestra común intención es la de emplear tal escenario para dar a conocer la mayor cantidad posible de verdades sobre el conflicto, verdades contrastables, algunas ya conocidas y otras no tanto. Aspiramos a hacerlo sin tapujo alguno. Colombia merece saber de los autores y alcances de numerosas atrocidades cometidas en su geografía. El silencio es complicidad y mueve a la ignorancia que impide trazar caminos de mejor futuro.

La paz no puede ser abandonar las armas, al tiempo que por temor se callan infamias. La paz es sobre todo verdad, pedir sinceramente perdón, tender la mano y el corazón en busca de reconciliación, reparar hasta donde sea posible el daño, servir de ejemplo para el mundo desde nuestra Colombia adolorida.

Estamos obligados a armar el rompecabezas de la tragedia, a establecer sus causas, a develar todo lo que ocultan, a indicar quiénes son los cómplices escondidos, a buscar soluciones definitivas a esa violencia que nos ha azotado sin piedad.

La verdad, Padre, no sólo es útil para la sociedad, sirve mejor que nada a la materialización de la justicia, en especial ahora, cuando la Jurisdicción Especial para la Paz está empeñada en descubrirla.

Inicialmente concurrirán a esa reunión de la Comisión de la Verdad Salvatore Mancuso, Julián Gallo Cubillos o Carlos Antonio Lozada, como se lo conoció en filas, y Joverman Sánchez Arroyave, quién en su vida guerrillera en Urabá fue conocido como Rubén Cano.

Sobra decir, Padre, que confiamos en su pronta respuesta, hay muchas cosas en juego y no hay tiempo que perder.

Cabe resaltar que Salvatore Mancuso ha sido objeto de amenazas contra su vida, hasta el punto de haberse publicado una falsa noticia sobre su muerte. Quizás usted, con su prestigio, pueda contribuir de algún modo a su seguridad y la de su familia.


Con sentimientos de respeto y admiración,


RODRIGO LONDOÑO ECHEVERRY