Rubín Morro

Definitivamente, los globos lanzados para distraernos de los principales problemas de la profunda crisis de nuestro país siempre están como el mejor as bajo la manga. Son expertos los gobiernos en esta manipulación mediática, en fijar en la mente de los mal informados por los grandes medios de comunicación, los cuales representan los intereses de los dueños del país y del capital extranjero. La mayoría de los medios de comunicación convierten mentiras en verdades, distorsionan, crean matrices para engañar y alienar las opiniones sobre falsedades, noticias falsas o fake news. Es recurrente esta conducta de los gobiernos criollos, todos sin excepción.

Siempre necesitan un pretexto para gobernar, culpando a otros para liberarse en buena medida de sus responsabilidades. Cuando estaban las otroras FARC-EP, era singular esta modalidad, pues todo lo que pasaba era culpa de la extinta guerrilla. Si hacía sol, era culpa de ella y si hacía invierno, era igual. Hace solo un par de años, se desbordó el río en Mocoa, capital del departamento de Putumayo, y algunos medios de comunicación anunciaron que la causa había sido porque en la guerra, las FARC-EP habían dinamitado en una ocasión esa área. Y lo más grave es que hay gente que se cree el burdo montaje para ocultar las causas estructurales del Estado por no reubicar dicha población.

La manipulación y la mentira dichas miles de veces en las distintas maneras y estilos se incrustan inconscientemente en la mente de las personas. Amamos u odiamos porque nos lo imponen, sin conocer el blanco-objetivo que buscan o quieren atacar. Es una dosis subliminal, es un mensaje que invade nuestro cerebro, sin darnos cuenta de ello, coreamos los comerciales y epítetos en familia, ¡qué desastre!

La verdad muchas personas son manipulables, por no aprender por sí mismos, por no tener libertad de obra y pensamiento, por pensar como otros quieren que pensemos.

Luego, y en desarrollo de los diálogos de paz en Cuba, se decía que “Santos le iba a entregar el país a las FARC y al castrochavismo”, entre otros embelecos salido de mentes malignas. Y sobre ese jinete creado en la psiquis de muchos colombianos, se montó el desafortunado plebiscito para preguntar si queríamos la paz en lugar de hacerla. Es que nuestros dirigentes colombianos son fuera de serie, “muy especiales”. Solo a ellos se le ocurre invertir miles de millones de pesos en un plebiscito para preguntar si queríamos la paz. Qué brillantes nuestros líderes. Cuando en realidad fue el primer hachazo mortal al aún naciente Acuerdo de Paz, solo a punto de calumnias, mentiras y farsas. Siempre hay en la gabeta un sofisma, si no existe, se la inventan hasta imponer matrices infames y no son casuales, son empresas con funcionarios ‘pro’, muy capaces y bien pagados para crear noticias falsos para distorsionar, obedeciendo a ideologías diabólicas, que pregonan los señores de la guerra.

Sobre estos preceptos bien elaborados para la opinión, crean los odios, las venganzas, trazan sus políticas. Vean otra perla, en La Habana se firmaron impunidades, dicen los enemigos del proceso de paz, pero le recomiendan a la JEP que impongan ‘sanciones ejemplares’, como si la jurisdicción para la Paz fuese para esto. Qué poco o nada conocen del Acuerdo Final de Paz y de la justicia restaurativa, y al mismo tiempo quieren acabar la JEP. Le temen a este tribunal que está destapando las atroces impunidades del pasado de todos los actores del conflicto social y armado, iniciando por quienes nos han gobernado por siempre, de la mano de los que tergiversan la información.

Para quienes fabrican la información según sus necesidades, si los comparecientes aportamos verdad es malo, y si no lo hacemos es peor. Ojalá todos los actores e intervinientes en la guerra aportaran verdad y reconocieran sus responsabilidades como lo hemos hecho los integrantes de la extinta insurgencia armada. Confiamos en la justicia, que se arrastra pero a veces llega.

Siempre hay a quien culpar de lo que sucede, escurriéndose el Estado de su estructural responsabilidad, sin desconocer que hay efectos negativos reales por las causas sistémicas y las ineficientes políticas institucionales que no ha resuelto sustancialmente esta crisis social y, claro, como somos un país descuadernado, con muchos problemas sociales, hay actores violentos de todos los pelambres.

En Colombia hay una irregular información pública. Ésta, en la mayoría de los casos, obedece a intereses políticos poco objetivos. Hay una gran franja informativa manipuladora, falsa y tendenciosa. Sin duda, algo se le ha aprendido a Paul Joseph Goebbelsministro para la ilustración pública y propaganda del Tercer Reich, uno de los colaboradores más cercanos de Adolf Hitler. Goebbels era conocido por su talento como orador y manipulador de la información. Convertía mentiras en verdades y así masacraron a seis millones de judios.

Los grandes medios de comunicación en Colombia sesgan la información. Un ejemplo tangible: un compareciente aporta verdad, reconoce sus responsabilidades en el conflicto armado, es citado ante a la CEV y la JEP. Al rato sale el titular: compareciente de las ex FARC-EP no aportó verdad y negó sus responsabilidades de sus delitos en la guerra. ¿Qué se busca con esta información? Desinformar y fortalecer el estigma contra quienes estamos comprometidos con la paz.

Como están las cosas en nuestro país, la búsqueda por la verdad plena se ha convertido en una disputa política. De un lado están los grandes medios de comunicación politizados que muy lejos están de ofrecer información real y objetiva sobre todo de los asuntos medulares para el presente y el futuro de Colombia. Del otro, la verdad plena oculta, que todos y todas debemos conocer de todos los actores del conflicto y que aún yace sepultada y bien guardada por los actores que le huyen a la JEP. Ya se ha dicho, si no hay verdad plena, no habrá justicia justa.

La búsqueda de la verdad escarba en las profundidades de la complicidad de sus protagonistas. Ahora brotan los “falsos positivos”, fundamentalmente en el gobierno de Álvaro Uribe, al menos 6.042 asesinados, humildes muchachos que mataron y luego, como en una escena de teatro, los convertían en guerrilleros muertos en combate para demostrar que estaban ganando la guerra, sobre todo durante el “Plan Patriota” (Precio a los cadáveres). Cuando se decía, por parte de algunos militares gorilas, que “plomo sí había” y exigían litros de sangre. Esta es la verdad que se debe decir, señores periodistas.

Todo esto brota gracias al Acuerdo de Paz. Como dijera alguien en estos días, “cuando más cruje el Proceso de Paz, más importante es”, ante la macabra aseveración de la JEP en el llamado “Caso 003 falsos positivos”. Ahora, en un acto de irreverencia, el gobierno le pide a la JEP que discrimine uno a uno todos los 6.402 asesinatos. Uribe se atrinchera y posa de víctima, alegando que es una ataque contra su dignidad, mientras que su partido recurre a toda la artillería publicitaria para defenderlo. Recordemos al energúmeno general Zapateiro que reaccionó, como víbora herida, ante hechos consumados en la guerra.

En Colombia no existe libertad de prensa real, aunque lo dicte la ley. Se persigue a quien diga la verdad, se despiden personas del trabajo en muchas ocasiones por “pisar callos; al decir verdades”. ¿Cuántos periodistas han sido asesinados y cuántos exiliados?

Los medios de comunicación en su totalidad deberían ser veraces, objetivos, pulcros en suministrar la información a la sociedad, como uno de los grandes derechos de las personas. Que la información no sea privada, sino pública. Se le haría un gran aporte a la paz y a la verdad en la construcción de un nuevo país democrático, participativo y en paz. No creamos todo lo que dicen los medios de comunicación, las redes sociales y las lenguas viperinas.