Por: Isabel Fonseca

Resulta imposible para Punto Ciego pasar por alto la decisión de renombrarnos como partido, tomada durante la Segunda Asamblea Nacional Extraordinaria, realizada entre el 22 y el 24 de enero pasado.

En primer lugar, porque hemos demostrado que podemos sobreponernos a situaciones complejas, como el distanciamiento físico grupal, obligado desde la pandemia por Covid-19; asiéndonos de avances científicos que materializan las Nuevas Tecnologías de Información y Comunicación (NTIC).

Estamos aprendiendo a darle vuelta al caos, con instrumentos que veíamos de lejos, porque venían siendo hegemonizados y manipulados por el capitalismo global decadente, contra nuestra humanidad trabajadora. Y ese es un triunfo que debemos celebrar.

En segundo lugar, porque en la necesidad de renombrarnos como partido[i]  insurgió nuestro feminismo, el del inconsciente colectivo que nos gestó como pueblo en lucha contra el colonialismo; y el de nuestra contemporaneidad, que batalla contra la excluyente sociedad impuesta por la oligarquía santanderista y el imperialismo estadounidense.

Insurgió nuestro feminismoen esa determinación de llamarnos Comunes, simple y complejamente; Comunes, sin artículo determinante de género, sin la marca del Derecho Paterno que masculinizó el lenguaje y sustantivó la virilidad como genérica para dominar la existencia del ser femenino.

Insurgió nuestro feminismo, dándole materialidad a esa“… lucha por la nominación, por la consagración jurídica de los nombres del sufrimiento humano…”, como bien refiere Laura Rita Segato[ii], a toda disputa por registrar la existencia diversa.

Insurgió nuestro feminismopara vindicar la Insurrección Comunera, prendida con la irreverencia de Manuela Beltrán, una mujer común que en 1781 se alzó con todas y todos sus comunes, para preconizar derechos comunes.

Insurgió nuestro feminismo cuando, al prescindir de artículos, creamos un referente que revuelca la histórica semántica patriarcal de los partidos políticos, donde se cultivan y cosechan abundantes nominaciones y praxis excluyentes.

Insurgió nuestro feminismo,porque obviando los determinantes de género, posicionamos el concepto de iguales en la diversidad, cuando se acerca otra coyuntura electoral que reclama una Gran Convergencia Nacional de ideas, esperanzas y fuerzas comunes.

Insurgió nuestro feminismo como ejemplo para la transformación política, como “intersección necesaria entre el hecho cultural y el hecho concreto”[iii]. Nos estamos presentando a escena sin tramoya, más que con guion y ensayo, como personajes comunes.

Insurgió nuestro feminismo y seguirá insurgiendo contra el sustrato preexistente instalado, tanto en nuestro campo interior, como en el latifundio exterior, que se resistirá a la nominación sin marca patriarcal.

Somos Comunes y, como esa Insurrección Comunera que marchó por los derechos comunes, seguiremos marchando por la conciencia de comunidad que somos, con esa naturaleza diferente y complementaria que nos integra.

¡Somos Comunes, el patriarcado nos queda chiquito!


[i] Necesidad resuelta desde el análisis militante colectivo, en función de una nueva correlación de fuerzas en nuestro campo interior.

[ii] Rita Laura Segato. (2018). La guerra contra las mujeres. Fondo Editorial Fundarte: Caracas.

[iii] Isabel Fonseca. “Tres frentes y una batalla (Tipificar, legalizar y despenalizar)”. (Publicado en: https://partidofarc.com.co).