Rubín Morro

Vuelven las propuestas de paz de Rodrigo Londoño, presidente del Partido Comunes, naciente organización política surgida del Acuerdo de Paz entre el Estado colombiano y la extinta insurgencia armada de las FARC-EP. Esta vez, proponiendo un encuentro entre el presidente Iván Duque y todos quienes hicimos posible el camino de la paz, sus firmantes, incluido el expresidente Juan Manuel Santos, también firmante del acuerdo, en representación del Estado. Inmediatamente, el alfil presidencial Emilio Archila desenvainó su espada de la insensibilidad diciendo que: “la reunión que pide Timochenko entre Duque y Santos, no es relevante, es innecesaria”.

¿Acaso no son relevantes para Archila los 1.456 asesinados, entre líderes, lideresas y firmantes de la paz? ¿Le parecne poco, señor Archila, las 102 masacres o “muertes colectivas” como las llama el huésped de la Casa de Nariño, ocurridas entre el año 2020 y los dos meses que van del nuevo año? Y eso sin contar otros cientos de muertos registrados por la violencia que ustedes han dejado proliferar por no implementar integralmente el Acuerdo de Paz.

Le parece irrelevante a Archila,consejero para la Estabilización y la Consolidación del Acuerdo de Paz, como se hace llamar pomposamente, que es mala la idea de Rodrigo Londoño de que nos reunamos el ex presidente artífice del proceso de paz y el presidente colombiano en ejercicio, y que por mandato constitucional le asiste la obligación y el deber implementar integralmente el Acuerdo de Paz, porque éstas son normas superiores de la república.

Hasta dónde llega la insensatez de un gobierno y sus aúlicos, en no permitir la suma de voluntades de personalidades que pueden hacer lo sustancial y necesario para sacar de la crisis social, política y económica de esta nación que es víctima de una nueva violencia, una patria que se desangra por cuenta de un desgobierno en un país descuadernado, con una insensibilidad tan cruel que se niega a escuchar a su pueblo, a buscar salidas definitivas a estas realidades de muerte y dolor.

¿Hasta dónde quiere llegar el partido de gobierno? Perpetuar la guerra y los miedos. Obviamente ya llegó el festival de la campaña electoral. Todas sus energías están puestas en aferrarse al poder, en medio de su decadencia de sus políticas inspiradas en sembrar el estigma y los odios para gobernar. Acá esta la esencia de cómo se han atornillado al poder.

La lucha por la vida y por la paz es un asunto de la sociedad en su conjunto. Es natural de cada colombiano y de cada colombiana, sumar iniciativas, escuchar a quienes son víctimas a quienes apostamos todo hasta la vida misma, a los que hemos sufrido en carne propia los horrores de la guerra, a quienes queremos reconciliarnos, a quienes seguimos siendo asesinados cuyo único delito fue dejar las armas y transitar por una nueva vida, cuya única arma es la palabra. Imploramos respeto por la vida y la construcción de la paz completa estable y duradera.

Somos conscientes de que cometimos errores en la confrontación armada, en una guerra auspiciada y determinada por el establecimiento. Y aún así nos comprometimos con la sociedad a resarcir nuestros daños causados, que tampoco fueron deliberados, compareciendo ante el Tribunal para la Paz y a la Comisión para el Esclarecimiento de La verdad. Modestamente, pero absolutamente cierto, estamos a disposición de la JEP, como ningún otro actor de la guerra y siempre comprometidos a la No repetición de la guerra. No fallaremos a este postulado de cara a nuestra nación, ante la Comunidad Internacional y fundamentalmente ante las víctimas.

Por eso, siempre reclamamos garantías de seguridad para nuestras vidas y la de todos nuestros hermanos y hermanas compatriotas. Nadie deja las armas para que lo asesinen. Renunciamos a la guerra. Todas nuestras armas fueron destruidas. Ni ellas, ni nosotros jamás volveremos a la guerra, así nos cueste la vida.

Nos parece ridículo a todos los y las excombatientes y las gentes del común que el dizque responsable de la Consolidación y la Estabilización del Acuerdo de paz venga a decir que no es importante el encuentro entre el ex presidente que estampó su firma por la vida y por la paz. Nosotros y el presidente que siempre ha tenido en la mira “hacer trizas la paz”, así haya cumplido en parte y bajo presión nacional e internacional algunas cosas importantes del Acuerdo y otras tantas simuladas, mientras le pone talanqueras y exigencias a la JEP en total desconocimiento de la justicia transicional acordada y el contenido de lo firmado.

La salida a toda esta debacle social de violencia y muerte desde todos lados es un Gran Pacto Nacional de todos los partidos, fuerzas políticas, sectores sociales, sin exclusiones. No podemos seguir desde las orillas con el individualismo y la insolidaridad bajo la premisa de sálvese quien pueda, mientras los dueños del poder se refugian en sus mansiones bajo el escudo de sus Fuerzas de Seguridad Institucionales.

La mayoría somos más, y como somos más, sufrimos más los embates de la violencia. Tenemos toda la capacidad y potencia para enrutar a nuestro país por el sendero de la construcción de la paz, así tengamos todas las diferencias políticas, religiosas, sociales, étnicas, etc., pero la paz nos favorece a todos, a todas. Las adversidades se ensañan contra todos, sin excepción, si estamos aislados. No nos olvidemos que en 210 años solo hemos mudado de dueño, pero no de condición.

Consejero Archila, 50 millones de colombianas y colombianos, somos relevantes y queremos vivir en Paz. 50 millones de personas necesitamos vivir en sociego y dignamente. Todos los diálogos posibles hacen posible lo imposible. Somos una sociedad maltratada por el Estado. Señor Archila, nuestra nación jamás ha conocido la tranquilidad, como puede ver, todas y todos en Colombia somos relevantes. Y es necesario recordarle al Alto Consejero que el Acuerdo Final de paz es la unica oportunidad cierta que nos puede sacar de este atolladero. Somos relevantes y necesarios como la vida misma.