Carta abierta

8 de febrero de 2021

Doctor:
JUAN MANUEL SANTOS CALDERÓN
E.S.M.
Estimado Presidente Santos:

Permítame decirle de entrada que si darnos la mano fue importante, que no nos la soltemos es hoy vida o muerte para miles de nuestros compañeros y compañeras.
Esta carta está escrita por mí y por muchos. Por muchas mujeres y hombres que creyeron y creen en el Acuerdo de Paz. Cuando uno pregunta casualmente a alguien ¿te acuerdas de?, uno lo que hace es recordar o confirmar un acuerdo, algo en común, algo que nos une y nos unió. Presidente Santos, ¿se acuerda del día que nos dimos la mano en Cartagena? Yo sé que sí. Ese día usted se dio la mano con millones de colombianas y colombianos que dijeron basta a una guerra que nos desangró a todos. Y ese día, juntos, le dimos la mano a millones que estaban exhaustos, descorazonados, destrozados por tanta muerte y dolor. Incluso le dimos la mano a quienes no creían en el Acuerdo. Tenían razones para desconfiar, después de tanto horror, pero ofrecimos un Acuerdo en que la paz significaba un gran salto adelante para nuestro país.
Esa misma mano, confiada y firme, es la que yo juré darles a cada uno de los leales mujeres y hombres firmantes del Acuerdo. Y es una mano que no les soltaré jamás.
Hoy, para muchos de nosotros, el Acuerdo de Paz se parece más a la muerte que a la vida. Especialmente para aquellos cuyos nombres son casi anónimos, mujeres y hombres de a pie, y hoy sin botas de guerra, personas que jamás estarán en los titulares de los diarios, hasta el día que mueran, asesinados en cualquier calle o rincón de Colombia.
Evitémoslo, por la Paz, presidente Santos. ¡Evitemos esta masacre, ya, hoy mismo! Usted tuvo la grandeza de saber que la paz era el camino. Nosotros recorrimos esa lógica junto a su gobierno y frente a los ojos del mundo. Y ese caminar, créanos, lo transitamos con enormes dudas y crisis internas, para convertir eso, después de mucho trabajo, en una sólida convicción, que nos hizo firmar algo que acordamos no borrar jamás.
Hoy, el rédito de hacer honor al Acuerdo de Paz no cubre las portadas de los diarios, y la tinta ha sido reemplazada nuevamente por sangre. El Nobel de la Paz parece lejos en el tiempo y aunque seguramente luce elegante en alguna pared, sólo vale si representa la verdad y se renueva. La paz, nuestra paz, se construye en la realidad o se destruye día a día, hora a hora, en silenciosas historias de horror.
Y las páginas, no necesariamente las portadas, de los titulares de los medios de Colombia y el mundo, indican cada día una nueva tragedia, un nuevo crimen contra un ex miembro de FARC-EP, hoy un partido político, COMUNES, que busca la integración a la democracia y el intercambio pacífico, fervientemente pacífico, de ideas sobre una Colombia mejor para todos.
El Presidente Duque no puede darnos su mano, eso es un hecho. Quizás sus propias manos estén atadas por influencias de agendas partidistas extremas, o sus manos estén paralizadas frente a tantas otras manos que secretamente promueven la guerra y añoran el espantoso pasado. La guerra es un atajo para la ansiedad de algunos votantes, y es un enorme negocio también.
Queremos la paz, Santos. Queremos la paz, Duque. Queremos la paz, Colombia.
Dejemos atrás lo que está atrás, asumamos el rol esencial de la justicia. Y unámonos en la simple noción de que el futuro es sin guerras. Tendremos mil diferencias acerca de cómo hacer esta nueva Colombia pacífica. Tendremos gente que nos odiará siempre, y ese odio en algunos casos estará bien fundado. Pero no tendremos la diferencia esencial de no reconocernos hermanos colombianos. No tendremos el espanto de la guerra.
Nosotros sabemos en carne propia lo horrorosa que fue. Sabemos, aceptamos, reconocemos y lamentamos el sufrimiento que provocamos a muchos, incluso a inocentes. Es un puñal en el pecho. Lo recordamos tanto como el Acuerdo de Paz. Recordamos la guerra demasiado bien.
Pero así, con la bandera del perdón y la reconciliación, pedimos también que el gobierno actual y el gobierno que nos dio la mano, unan sus fuerzas institucionales en proteger a cada uno de los que hoy arriesgan su vida por enfrentarse a una nueva realidad, por aquella que dejó las armas y ofreció lo mejor de sí, en función de un futuro cierto, constructivo.
Presidente Santos. Reúnase con el Presidente Duque y con aquellos que generamos un Acuerdo histórico. Hablemos de los desafíos dificilísimos que presenta. Unámonos. Le pido que haga esto, no por mí, sino por las exhaustas almas y corazones que temen perder la esperanza o ya la perdieron. Lo pido porque puedo ver el agotamiento en los ojos y reclamos de ellos. Lo pido porque queremos la paz. Porque lo juramos. Porque la queremos honrar.
Presidente Santos, acordémonos del Acuerdo, hoy. Y la paz será la tinta que escribirá el futuro de nuestro país, no la sangre.
Presidente Santos, devolvámosle al país y a los firmantes del Acuerdo las certezas de que no fuimos unos ilusos al creer en la mano que estrechamos. Aquí y a disposición de la reunión que sea necesaria para hablar, confirmar y continuar.

Con el corazón,

RODRIGO LONDOÑO ECHEVERRY

Firmante del Acuerdo de Paz entre el Estado Colombiano y las FARC-EP
Y toda la gente que fue FARC-EP y que hoy es un Partido Político, COMUNES.