Rubín Morro

El presidente Duque no puede ocultar su animadversión contra todo lo que huela al Acuerdo de Paz. Creo que se sobresalta en sus agitados sueños, viendo consumados sus delirantes deseos de hacer “trizas la paz”, ver los anhelos de paz de Colombia rodar al abismo más profundo de su fantasiosa imaginación.

El primer juramento para lucir la banda presidencial es “acatar y cumplir la constitución y la ley”. Al presidente se le olvida que debe respetar la independencia de los poderes judiciales y entes de control. No puede interferir en su decisión, no puede acusar, ni defender a nadie, ni siquiera a su mentor político.

Sueña con ver en la cárcel a quienes firmamos la paz con el Estado colombiano. ¿Será que el huésped de la Casa de Nariño no sabe qué es justicia restaurativa? O mejor, se le olvida que el Acuerdo de Paz creó su propio Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición, el cual es autónomo en sus decisiones judiciales de cara al proceso de paz. Y ¿será que no sabe que este tribunal de justicia es idóneo y no necesita que le recuerde sus funciones? Creo que la actitud del presidente es un enorme obstáculo para la implementación del Acuerdo de paz.

¿Por qué tantos dardos contra la paz, contra la JEP, contra los senadores del partido surgido del Acuerdo de Paz?. ¡Que deben renunciar!, ¡Que sea ejemplarizante la sanción! ¡Es el gran tormento del presidente! Sin duda esto es estigma, sembrar el odio y la venganza. Esto es crear sofismas de distracción para ocultar su pésima gestión como primer mandatario. ¿Por qué tanta tirria contra quienes construimos paz y calla ante lastres como, por ejemplo, la exterminación de la Unión Patriótica, los falsos positivos y la guerra sucia contra la población y la acción paramilitar en coordinación con unidades militares, los laboratorios de producción de cocaína en las goteras de Bogotá o del asesinato de marchistas en las pasadas movilizaciones en la ciudad capital? ¿A quién protege? ¿Por qué tanto silencio?

Es claro que el presidente sabe qué hace, claro que es un francotirador del proceso de paz. Un estadista al que le corresponde cumplir la constitución política y la ley, hacerla cumplir, y como si fuera poco, “preservar la honra y bienes de todos los colombianos y colombianas”. Esta es la tarea central del presidente, ser ecuánime, sensato, mesurado y respetuoso de las decisiones judiciales y no presionar a la JEP que apenas lleva tres años de funcionamiento, desfinanciada y bajo presión estatal. Vale recordarle a Iván Duque que, en la famosa “Justicia y Paz” de Álvaro Uribe, solo hasta los cinco años de su funcionamiento hubo la primera condena y pasaron 15 años para que dictara sentencia a 70 paramilitares.

Quienes firmamos el Acuerdo de Paz, presidente, no fuimos delincuentes, fuimos actores político-militares de un conflicto social y armado, reconocido por el mismo Estado que usted representa como primera autoridad de la nación. Su única obligación como jefe de Estado de cara a la Comunidad internacional era cumplir con lo pactado, esto lo hubiera hecho gigante con la historia, pero su sol, avanza hacia el poniente.

El Acuerdo de Paz, presidente Duque, es el acontecimiento político más importante en los últimos 100 años, ningún otro evento ha recibido tanto respaldo internacional. Ninguno. Este proceso de paz nos hizo ver hacia el pasado en el conflicto social y armado, sus causas, verdades ocultas de todos los actores y además creó autónomamente el Sistema Integral de justicia de la paz. Deje que la JEP, haga su trabajo.

El Estado se sentó con unos hombres y mujeres que lucharon con las armas porque fue el único camino que nos dejaron para preservar sus vidas y la de sus familias. Nos comprometimos a cumplir con lo pactado de cara a la sociedad colombiana y ante la Comunidad Internacional. Dejamos las armas, entregamos los bienes para la reparación a las víctimas, aceptamos la constitución política colombiana, acatar la ley y defenderla. Cambiamos las armas por la palabra. El Estado se comprometió a permitirnos una reincorporación integral a la vida civil. Nos acogimos al tribunal de paz.

Deje tanta tirria presidente, deje que los procesos fluyan sin presiones, sin amenazas.

Sabemos que hemos cometido errores, como los múltiples actores. Así lo hemos reconocido ante las víctimas y la sociedad. Ante el Sistema Integral de Justicia de la paz hemos aportado verdad plena, hemos reconocido responsabilidades, hemos comparecido a todos sus llamados sin dilación y con respeto, tal como está estipulado en el Acuerdo Final de Paz.

Colombia y el proceso de paz necesita de todo el apoyo incondicional de la institucionalidad, así como ha sucedido en todos los países que han vivido el desarrollo de un proceso de paz. Todo el apoyo necesario, toda la voluntad y la potencia del Estado, para eso fue elegido y no para esgrimir la espada de la perfidia y la traición, simulando implementar el Acuerdo de Paz, mientras no otorga plenas garantías de seguridad para preservar la vida de todos los colombianos y colombianas. No para aplicarle recortes presupuestales a la Unidad Especializada de Protección, limitándonos en nuestros desplazamientos en tareas propias del proceso de paz, poniéndonos a merced de los asesinos que ya cobraron la vida de 255 firmantes de paz.

Así no es, presidente. El Estado debe cumplir con lo pactado, con la palabra empeñada. Nosotros confiamos en el poder. Hemos cumplido en su totalidad y en medio de las adversidades. No estamos amilanados. Seguiremos cumpliendo con lo firmado en La Habana. Por favor, presidente, deje fluir las instancias producto del Acuerdo de Paz y abandone esta tirria que de nada le sirve a la paz.