En un comunicado firmado por Humberto de la Calle y Segio Jaramillo, jefes de la delegación de paz del gobierno de Juan Manuel Santos, expresan su preocupación por la inclusión de Cuba en los países promotores del terrorismo por culpa del gobierno de Colombia, el cual se niega a retomar los diálogos con el ELN. Lo que está en juego es la paz de Colombia.

A continuación reproducimos el comunicado:

Comunicado público

Ante la decisión por parte de la saliente administración de los Estados Unidos de incluir a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo, y del llamado del partido de Gobierno, el Centro Democrático, a hacer una “revisión” de las relaciones con ese país y a tomar “decisiones de fondo”, queremos decir lo siguiente, sobre la base de nuestra propia experiencia:

  1. Durante los casi cinco años (2012-2016) que la delegación del gobierno de Colombia estuvo negociando en La Habana con las FARC, gozamos del apoyo decidido del gobierno de Cuba, que echó mano de sus mejores recursos para garantizar junto con Noruega el éxito de las conversaciones. En una situación que no era precisamente de abundancia, Cuba puso a nuestra disposición una multiplicidad de casas, salones de conferencia y -mucho más importante- sus más expertos diplomáticos, en La Habana y en Bogotá, para facilitar de la mejor manera la negociación. Lo decimos con toda certeza: sin el compromiso y el aporte de Cuba no habría habido acuerdo de paz en Colombia.
  2. En este tiempo, las autoridades cubanas ejercieron especial vigilancia sobre la delegación de las FARC, para asegurar que su presencia en La Habana se ajustara a los propósitos del proceso de paz. En broma una vez nos dijeron: “a las FARC no las dejamos hacer ni siquiera ejercicio en conjunto, para que nadie vaya a pensar que están montando aquí un campamento”. Siempre dejaron en claro que las FARC estaban en La Habana para negociar la paz, y para nada más. Como representantes del gobierno de Colombia, con todas las diferencias que podamos tener con el régimen de Cuba, estamos obligados a reconocer y agradecer el espíritu generoso y el profesionalismo que desplegó Cuba a favor de la paz de Colombia.
  3. Es entonces un despropósito y un acto de ingratitud estatal sin par con la República de Cuba que, en el marco de negociaciones similares con el ELN, el gobierno de Iván Duque haya exigido la entrega a las autoridades colombianas de los miembros de esa delegación, en contra de los protocolos firmados por el gobierno de Colombia y los garantes internacionales, que exigen regresar a los negociadores del ELN a sus lugares de origen en caso de rompimiento de las conversaciones. El hecho de que el ELN hubiera cometido un acto de terrorismo atroz en la Escuela de Cadetes de la Policía Nacional en Bogotá -que condenamos con la mayor vehemencia- y de que el gobierno, como es su derecho, hubiera abandonado la negociación, no cambia los términos de lo acordado formalmente por Colombia en el marco del proceso de paz.
  4. Al igual que en su momento los miembros de la delegación de las FARC, todos los miembros de la delegación del ELN estaban autorizados por el gobierno de Colombia para participar en las negociaciones, y sus órdenes de captura habían sido levantadas. El actual gobierno prefirió ignorar esas obligaciones internacionales de Colombia y hacerle juego a una estrategia de corte ideológico de la saliente administración americana, que desde el inicio tenía como objetivo, como era fácil adivinar, poner de nuevo a Cuba en el listado de países que patrocinan el terrorismo.
  5. Ahora el Centro Democrático, partido de gobierno, reclama con característica incoherencia que se “tomen decisiones” contra Cuba, olvidando que su jefe Álvaro Uribe como presidente de Colombia solicitó a Cuba que recibiera una delegación del ELN para iniciar conversaciones exploratorias de paz. Entre 2005 y 2007, hubo ocho rondas de negociaciones infructuosas en La Habana ente el gobierno Uribe y el ELN, para las que fueron autorizados por el gobierno como miembros representantes, entre otros, el comandante militar del ELN, Antonio García, y el actual jefe de la delegación en La Habana, Pablo Beltrán, además de un sinnúmero de organizaciones de la sociedad civil.
  6. En esos mismos años el ELN secuestró 236 civiles, según cifras oficiales, y no liberó ninguno. Y sin embargo al gobierno Uribe probablemente nunca se le pasó por la cabeza exigir la extradición a Colombia de la delegación de paz del ELN para responder por esos actos, porque sabía que eso suponía romper con las reglas de juego que permiten una negociación.
  7. Lo que está en juego no es entonces solamente la paz con el ELN o las relaciones de los Estados Unidos con Cuba, sino la posibilidad misma de llevar a cabo negociaciones de paz. Como bien dijo hace unos días la Ministra de Asuntos Exteriores de Noruega, si los países que facilitan esfuerzos de paz corren el riesgo de terminar designados como patrocinadores del terrorismo, en adelante se lo pensaran dos veces antes de comprometerse con esos esfuerzos.
  8. ¿A quién se le ocurre que los Estados Unidos le pediría en extradición a Qatar a los miembros de la delegación de paz de los Talibán, que están negociando en Doha, por los actos de terrorismo que los Talibán están cometiendo aún hoy en Afganistán, y que los mismos Estados Unidos está denunciando? En el caso de Afganistán la actitud de la saliente administración americana ha sido exactamente la contraria: en el acuerdo que firmó con los Talibán se comprometió incluso a sacarlos de la lista de organizaciones terroristas sin que hubieran firmado ningún acuerdo de paz con el gobierno afgano, ni mucho menos depuesto las armas.
  9. El problema en el fondo, más que de coherencia, es privilegiar la ideología y los intereses partidistas sobre el sentido común y los compromisos internacionales. El gobierno Duque prefirió enmarcarse en el programa ideológico de la administración Trump y dejar las relaciones internacionales de Colombia en su punto más bajo. Ahora que esa administración termina su período atentando contra su propio proceso electoral y violando su propia constitución, es hora de que Colombia de un viraje y busque una nueva relación, más constructiva, con los Estados Unidos.
  10. Alentamos vivamente a la próxima administración del presidente electo Biden a revisar la decisión de incluir a Cuba en la lista de países patrocinadores del terrorismo por facilitar el proceso de paz de Colombia, y estamos a disposición para dar fe de lo que conocimos.

Humberto de la Calle

Ex Jefe del Equipo Negociador del Gobierno

Sergio Jaramillo

Ex Alto Comisionado para la Paz


Bogotá / Bruselas, 15 de enero de 2021