Son ampliamente conocidas las denuncias del diario El Espectador, en torno a al entrampamiento que el Fiscal Néstor Humberto Martínez, en complicidad con la DEA, realizó contra Jesús Santrich, valiéndose de las granjerías de Marlon Marín, sobrino de Iván Márquez y agente provocador, que seguramente de tiempo atrás trabajaba con esa agencia norteamericana. Para hacerlo, el señor Martínez violó instituciones del derecho nacional e internacional.

La conducta del ahora comisionado contra el crimen respondía a un propósito claro, afectar la reincorporación de los antiguos alzados en armas, hasta el punto de hacer estallar el Acuerdo Final de Paz. Sus intenciones iban mucho más allá de Santrich, llegaban hasta Pastor Alape e Iván Márquez, y envolvían a personajes importantes muy cercanos al presidente Santos, como a su propio vicepresidente Óscar Naranjo, a quien quiso involucrar en negocios reprochables.

De lo que se trataba, en síntesis, era de enlodar al gobierno y a los excombatientes que firmaron la paz. Presentarlos como individuos corruptos que le mentían al país. Por eso las cartas dirigidas al entonces presidente Santos denunciando supuestas e innumerables conductas ilícitas de los reincorporados, para provocar reacciones inmediatas en su contra. La Fiscalía de Néstor Humberto Martínez, pese al ruido, nunca inició las investigaciones por lo que ella misma denunciaba.

En cambio sí emprendía una campaña de acusaciones públicas contra la JEP, cuya misma sede ordenó arbitrariamente allanar. Toma cuerpo con claridad la idea de que los presuntos narcotraficantes que envolvieron al fiscal Bermeo eran los mismos agentes provocadores del caso Santrich, personal de la DEA que ofrecían dineros aportados por la Fiscalía, y que buscaron inútilmente enredar magistrados de la JEP y senadores de oposición como Iván Cepeda.

Pese a que la Corte Constitucional se había pronunciado ya de fondo en materia del acto legislativo que adoptó la JEP, el Fiscal Martínez escandalizó con sus reparos de tal modo que el presidente Duque no vaciló en recoger como propias sus insinuaciones, objetando la ley estatutaria de la JEP con el propósito nefando de destruir la espina dorsal del Acuerdo de Paz. Es evidente que detrás de las actuaciones del señor Martínez se esconden intereses enquistados en el alto gobierno.

Como si fuera poco, Néstor Humberto emprendió una campaña de desprestigio contra el procedimiento de entrega de bienes de las antiguas FARC para la reparación de las víctimas. Se opuso a la adopción de medidas cautelares que los protegieran, mientras tendió una red de montajes contra inocentes a los que acusó de testaferrato, llevándolos injustamente a la cárcel y privándolos de sus bienes, estimulando incluso el asalto masivo a sus comercios.

La Fiscalía de Néstor Humberto Martínez llevó a tal extremo sus bajas pasiones contra el Acuerdo de Paz y sus firmantes que no puede negar su responsabilidad en la creación y fortalecimiento de grupos armados que hoy insisten en anacrónicos, inútiles y crueles alzamientos. Magros resultados los suyos a la hora de hallar responsables de crímenes de líderes sociales y firmantes de la paz. Su única obsesión ha sido descubrir imaginarios enriquecimientos ilícitos con métodos fraudulentos.

Néstor Humberto Martínez debería estar investigado y camino a rigurosas sanciones como consecuencia de sus perversas manipulaciones. Sin hablar de sus vínculos siniestros con escándalos de corrupción que envuelven hasta envenenados con cianuro. El presidente Duque, en señal evidente de desprecio a la verdad y la justicia, anuncia que el ex Fiscal hará parte de una de las comisiones contra el crimen. Lamentamos y condenamos semejante decisión.

Múltiples voces se levantan en rechazo a la criminalidad que se apodera de los más diversos rincones de la patria y se pavonea en altos cargos públicos. La política de paz con legalidad del actual gobierno resulta inane para combatirla, y antes bien contribuye a su crecimiento. Nombramientos como el del exfiscal Martínez presagian que las cosas empeorarán, a menos que la gente de Colombia se decida a cambiar definitivamente este caos. Creemos en eso.

11 de diciembre de 2020

CONSEJO POLÍTICO NACIONAL

FUERZA ALTERNATIVA REVOLUCIONARIA DEL COMÚN – FARC