Por: Iván Posada P.

Hace dos o tres semanas se viene presentando una inusitada escena en los peajes de entrada y salida de Bogotá y a largo de las vías de acceso a la capital: campesinos ofreciendo bultos de papa de 60 kilos a un precio que oscila entre $25.000 y $40.000 pesos e incluso menos. Esta escena se repite en las vías que de Boyacá conducen a Bogotá, donde los productores aspiran a vender la producción. Esta radiografía se repite a lo largo y ancho de los departamentos productores del tubérculo, entre ellos Cundinamarca, Boyacá, Nariño, Caldas, Cauca. Incluso por los barrios de Bogotá se ven camiones ofreciendo el emblemático alimento que no falta en la dieta de millones de colombianos. En un gesto de solidaridad con el campesinado, muchas personas se han desplazado hacia los peajes y las vías de acceso a las capitales del país para comprar directamente a los productores. Esta situación ha visibilizado aún más el atrasado y antieconómico sistema de trasporte y comercialización de la producción agrícola hacia las centrales de abastos. En esta cadena dos actores son los perdedores netos: el productor directo y el consumidor final.

Acumulación de factores

Primero, como causa coyuntural se presentaron unas condiciones climáticas favorables que contribuyeron a que se presentara una superproducción del producto, factor que utilizan los mayoristas para comprar al menor precio posible. Un segundo factor es el de la pandemia pues restaurantes, hoteles, universidades, colegios cerraron sus actividades, lo que provocó una disminución del 30 por ciento en la demanda. Una tercera causa son las importaciones, pues en el marco del tratado de libre comercio suscrito entre Colombia y la Unión Europea -que cumple ya diez años de firmado-, se tiene previsto importar para este año 65.000 toneladas del tubérculo de Bélgica, primer productor mundial de papa congelada, un incremento del 20 por ciento con respecto a 2019. Los cálculos de Fedepapa indican que por cada kilo de papa importada al país, los productores nacionales dejan de comercializar 2,5 kilos de papa fresca colombiana y que este país, Bélgica, tiene en bodegas un millón de toneladas listas para exportar a países como Colombia. A lo señalado arriba habría que agregarle además la práctica desleal del dumping, que consiste en vender un producto incluso por debajo del costo de producción con el fin de sacar del mercado a la competencia, estrategia que se utiliza masivamente en todos los sectores económicos, incluido, claro está, el agropecuario. En este sentido, el ministerio de Comercio se comprometió con los paperos a ampliar por dos años más el arancel ad valorem antidumping aplicado a las importaciones de papa proveniente de Bélgica, Alemania y Holanda y a elevar el actual arancel del 8 al 30 por ciento para que la protección al mercado nacional sea una realidad. Habría también que añadir el tema del contrabando desde países fronterizos como Ecuador de donde proviene arroz, plátano y otros productos, que contribuye aún mas a arruinar al campesinado colombiano.

Germán A. Palacio Vélez, gerente de la Federación de productores de papa, afirma que en Europa los gobiernos tienen políticas definidas para otorgar toda clase de facilidades a los granjeros en cuanto a crédito, adquisición de maquinaria e incluso comercialización, mientras que en Colombia hay toda clase de barreras para acceder a los créditos para invertir en la producción agrícola.

Las cuentan no cuadran

Palacio Vélez afirma que el país produce 2,7 millones de toneladas de papa en 130.000 hectáreas y ocupa a unos cien mil productores, lo que quiere decir que, en promedio, cada productor utiliza un poco más de una hectárea por año, es decir, estamos hablando de micro productores, hecho que impide introducir la mecanización y la tecnología para elevar la productividad, lo cual explica los altos precios al consumidor final. Por esta misma causa la papa no deja de ser un cultivo de subsistencia y hoy día no existen estrategias de largo plazo para colocarla en los mercados internacionales. En contraste, en Europa y Estados Unidos, las áreas para siembra van desde 50 hasta 100 hectáreas por unidad productiva, lo que genera grandes excedentes que pueden colocar en el extranjero. Queda claro de lo anterior que los productores nacionales están lejos de poder competir con agriculturas altamente tecnificadas y subsidiadas.

El mercado local

Un rápido sondeo que realizó el semanario VOZ en las localidades de Usaquén y Suba en los llamados Fruver de barrio y pequeños locales, muestra que el bulto de 60 kilos se vende entre $23.000 y $40.000 y el kilo a $2.000 pesos, dependiendo de la variedad (se cultivan cerca de 60 en el país), y la presentación (lavada o no). Un campesino de Zipaquirá, Cundinamarca, decía que para cubrir los costos y obtener un pequeño excedente, tendrían que vender como mínimo el bulto a $60.000.

Las dignidades se manifiestan

El campesinado organizado en las dignidades paperas ha realizado varios encuentros con el ministerio de Agricultura en cabeza de Rodolfo Zea Navarro para acordar las políticas a seguir para superar la crisis en la que está sumido el sector papicultor. Se acordó un subsidio de 30.000 millones de pesos que apenas representa el 5 por ciento de los costos de producción, a todas luces insuficiente pues cada productor recibiría en promedio, unos $300.000 pesos, suma insuficiente con relación a los gastos en los insumos, y además, quedarían por fuera de este auxilio los cultivadores cuyas áreas de siembra sean menores a tres hectáreas. Lo cierto es que estos productores quedarán endeudados con la banca y al no poder cubrir estas obligaciones, quedarán en la ruina porque sus terrenos y propiedades serán embargados.

César Pachón Achury, vocero de Dignidad Papera en Boyacá, señala, por su parte, que no se ha cumplido con la reglamentación de las salvaguardias ante la masiva importación de productos del agro, previstas en los tratados de libre comercio.

El paro agrario

Una de las acertadas y justas peticiones de las dignidades agropecuarias es suspender las importaciones ya que, en el tema de la papa en concreto, la producción nacional cubre la totalidad de la demanda interna. Este dramático cuadro se repite por muchas regiones del país: en los Llanos Orientales con la yuca, en la costa atlántica con el ñame y el plátano; por sectores, el arrocero, palmicultor, y lechero atraviesan situaciones similares, lo que en su conjunto están recreando las condiciones del paro agrario de 2013. Las consecuencias serían imprevisibles.

Tomado de: https://semanariovoz.com/sector-agrario-alerta-maxima/