Rubín Morro, noviembre 20 de 2020

Es impresionante la mortandad de firmantes de la paz, que ya suman 242, cientos de líderes sociales y defensores de derechos humanos exterminados. Escribo regularmente un artículo semanal para la página web del partido de la rosa y cuando pongo una nueva cifra me toca corregirla a la hora de entregar el escrito. Es una dinámica dolorosa en el ascenso criminal del termómetro del exterminio contra quienes construyen patria.

Se nos van acabando los adjetivos para categorizar estas hordas asesinas. El esfuerzo es cada vez más grande para los gastos de tantos asesinados. Hacer ‘vakis’ para los sepelios se nos ha vuelto una enorme tarea de solidaridad con amigos, compañeros y gentes del común. Gracias por su solidaridad en estos tiempos difíciles. Nuestras familias todas, y las de los asesinados, no tienen recursos, puesto que son familias en proceso de reincorporación a la vida civil y su renta es limitada.

En la guerra moríamos porque estábamos en ella, éramos conscientes de eso. Y auque nos dolía el alma por nuestros camaradas caídos, también sabíamos que en la guerra se vive o se muere, es la dura realidad. Estábamos con las armas en la mano y teníamos la opción de la defensa.No es una forma de arrepentimiento de lo que firmamos, estamos comprometidos, pero sí una reflexión macabra y real.Prueba de nuestro compromiso, caer asesinados construyendo la paz, esto nadie puede ignorarlo. Solo para el gobierno es nada o casi nada. Porque es él quien se apoya en los estigmas e improperios. Estamos pagando nuestra osadía por creer en el proceso de paz, con cientos de mujeres, hombres y hasta niños, como pasó en el ETCR de Ituango, Antioquia.

Lo que es incomprensible, inaudito y desesperanzado es que nos masacren en pleno proceso de paz y que la perfidia y la traición pele sus tentáculos y llene de incertidumbre por la ineficaz y sórdida implementación de las Garantías de Seguridad Integrales, contempladas en el Acuerdo de Paz y el Combate eficaz contra las estructuras sucesoras del paramilitarismo.Un desgobierno que solo gobierna en función de los dueños del país, sus bancos y sus negocios, mientras las mayorías de la población están a merced de la pandemia y de los mercaderes de la muerte.

Ninguna guerrilla en el mundo, en ninguna negociación de paz y menos cuando ésta no fue derrotada, deja sus armas para que sus integrantes sean asesinados miserablemente y el gobierno se lave las manos diciendo que son cobros de cuentas” y no sé qué otras cosas más se inventan.El Estado está en la obligación constitucional de proteger la vida, honra y bienes de todos los ciudadanos y más con quienes ha pactado y empeñado la palabra, en ofrecer las garantías de una plena reicorporación integral a la sociedad.

Esto es lo que reclamamos toda la familia fariana, seriedad y cumplimiento de lo acordado de cara a la comunidad Internacional, los países garantes y las Naciones Unidas, con el respaldo del Consejo de Seguridad de la ONU y, como si fuera poco, con el enviado especial del presidente de Estados Unidos, Barack Obama.

Nosotros no vamos a regresar a la clandestinidad, hemos sido sumamente serios en lo que firmamos: en solo 180 días dejamos las armas en un maratónico operativo, con la participación de más de 9.000 integrantes de las Fuerzas Armadas, UNIPEP, Naciones Unidas, y casi 1000 guerrilleros y guerrilleras. Le cumplimos a la paz, al Acuerdo, apilamos 9.224 armas y destruímos más de 48 toneladas de explosivo en íntegra coordinación con el Ejército Nacional, que arrojan un peso aproximado de 390 toneladas de armas, sacadas de la guerra y que nunca volverán a la confrontación. Un evento único en la historia de Colombia.

Necesitamos que paren la matanza de signatarios de la paz y la de todos y todas quienes construimos patria y un nuevo país. El gobierno tiene todas las soluciones en la mano, solo que le falta voluntad política para cumplir integralmente el Acuerdo de Paz firmado con las extintas FARC-EP, hoy en su mayoría integrantes del partido de la rosa que apostamos a la paz y no queremos más guerra en Colombia.

No desistiremos de la lucha por la paz. Pero creános, señor Duque, que es muy costoso y duro para la sociedad colombiana y para las presentes y futuras generaciones. Nuestra peregrinación continuará POR LA VIDA Y POR LA PAZ hasta lograr un pacto por la vida sin colores políticos, etnias y credos religiosos. La paz nos beneficia a todos por igual.