Por Redacción

Un día como hoy, hace exactamente 100 años, la Rusia Soviética emitió un decreto que representaría un cambio en la vida de las mujeres y una de las demandas más importantes de los movimientos feministas: Rusia se convirtió en el primer país del mundo en legalizar la interrupción voluntaria del embarazo y en permitir su práctica gratuita en hospitales públicos.

A un siglo de la publicación del decreto que despenalizó el aborto en Rusia, las luchas por los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres han complejizado y profundizado las nociones y perspectivas del derecho a decidir sobre nuestros cuerpos y nuestro futuro.

Hoy apostamos por el derecho al aborto libre, gratuito y seguro en hospitales o en casa, reconociendo que no solo profesionales de la salud pueden llevarlo a cabo. Hablamos del aborto como algo que implica nuestra decisión individual y no solo intereses sociales. Cuestionamos muchas nociones que contraponen el aborto a las familias; también las que lo ubican como “un mal” y lo entendemos como parte de la vida de las mujeres, de otros cuerpos menstruantes y de todas las personas que se suman a esta lucha y que se implican y comparten las cargas.

Cada año sumamos al mapa más países que avanzan en leyes para despenalizar, de manera parcial o total el aborto. Tenemos más estadísticas, más investigaciones, más experiencias sistematizadas, más colectivos y colectivas acompañando, brindando información, medicamentos, plantas, afecto, seguridad para cada persona que decide acceder al aborto, a pesar de la condena social y jurídica todavía latente.

Acá estamos, desde distintos territorios del continente y otros pueblos, con nuestros pañuelos verdes en el cuello o en la mano, recordando a las que tuvieron (o tienen) que pagar cárcel por abortar; a las que murieron por malas prácticas, pero, sobre todo, por malos Estados con el capitalismo racista y patriarcal decidiendo sobre cada cuerpo y cada mente. Aquí estamos, conscientes del papel de los socialismos en el alcance de este derecho.

Por eso este centenario es tan importante. No solo se conmemora la publicación de un decreto, de un documento. Estamos celebrando nuestra lucha y nuestra historia. Esto todavía no termina. Será ley integral en todo el mundo.

Desde Mujer Fariana compartimos el Decreto de los Comisariados del Pueblo de Salud y de Justicia: “Sobre la protección de la salud de las mujeres”[i].

Decreto de los Comisariados del Pueblo de Salud y de Justicia: “Sobre la protección de la salud de las mujeres”

Durante las últimas décadas, el número de mujeres que recurren a la interrupción artificial del embarazo ha crecido tanto en Occidente como en este país. La legislación de todos los países combate este mal mediante el castigo de la mujer que decide practicarse un aborto y del médico que lo practica. Sin arrojar resultados favorables, este método de lucha contra el aborto ha impulsado la práctica de abortos clandestinos y ha hecho de las mujeres víctimas de charlatanes mercenarios y a menudo ignorantes, que hacen una profesión de las operaciones secretas. Como resultado, hasta el 50 por ciento de estas mujeres desarrollan infecciones en el transcurso de la operación, y hasta el 4 por ciento de ellas mueren.

El Gobierno obrero y campesino es consciente de este grave mal a la comunidad. Combate este mal por la propaganda contra los abortos entre las mujeres trabajadoras. Al trabajar por el socialismo y la introducción de la protección de la maternidad y la infancia en gran escala, se siente seguro de lograr la desaparición gradual de este mal. Pero en la medida en que las supervivencias morales del pasado y las difíciles condiciones económicas de la actualidad todavía obligan a muchas mujeres a recurrir a esta operación, los Comisariados del Pueblo de Salud y de Justicia, deseosos de proteger la salud de las mujeres, y teniendo en cuenta que el método de la represión en este campo ha fracasado por completo en lograr este objetivo, han decidido:

  1.  Permitir que este tipo de operaciones se practique libremente y sin ningún cargo en los hospitales soviéticos, donde las condiciones necesarias para minimizar el daño de la operación estén aseguradas.
  2. Prohibir absolutamente a cualquiera que no sea un médico llevar a cabo esta operación.
  3. Cualquier enfermera o partera que fuera encontrada culpable de realizar una operación de este tipo será privada del derecho a la práctica y juzgada por un tribunal popular.
  4. Un doctor que lleve a cabo un aborto en su práctica privada con fines mercenarios será llamado a rendir cuentas ante un tribunal popular.

Comisario del Pueblo de Salud: N. Semashko

Comisario del Pueblo de Justicia: Kurskii


[i] Publicado en el N° 259 del Izvestia del Comité Ejecutivo Central de los Soviets del 18 de noviembre de 1920.