Fredy Escobar Moncada

El liderazgo anticomunista en Colombia le acaba de pedir al electo presidente Joe Biden “que en los Estados Unidos también escuchen a quienes piensan diferente del pacto con Farc”. Es difícil estar en desacuerdo con esta petición pues de eso trata el Acuerdo de Paz: de respetar a quien piensa diferente en una sociedad plural, sacar las armas del conflicto por la disputa del poder político entre las clases y que la oposición no sea asesinada. ¿Quiénes piden ser escuchados, escuchan?

El capitalismo persiste en la combinación de todas las formas de lucha. En los últimos días hemos visto el discurso de los ricos reproducirse en comunicados de GAO según los llaman las Fuerzas Armadas, pero en las regiones son reconocidos como paramilitares; continúan sus declaratorias de objetivo militar a quienes consideran comunistas o influenciados por éstos. Uno de los ex AUC extraditados mencionó a sus enemigos, los comunistas, en carta abierta publicada recientemente.

El capitalismo continúa generando conflictos y persiste en resolverlos de manera ilegal. En nuestro país son millones las víctimas por el despojo y eso incluye las víctimas como consecuencia de la oposición al desarrollo capitalista. Colombia, por ejemplo, recién se destacó por ser el país donde más asesinan liderazgos ambientales. Esos sujetos sociales son señalados de comunistas solo por denunciar los daños de la voracidad capitalista a sus vidas y al territorio. Esa etiqueta autoriza el asesinato gozando de impunidad.

Por lo anterior también hay que decirle a Biden que su gobierno cuente la historia de la aplicación de la Doctrina de Seguridad Nacional en Colombia. Se espera que el Sistema de Verdad derivado del Acuerdo de Paz nos relate algunas verdades sobre el anticomunismo y las afectaciones a la Democracia por parte de la intervención de los Estados Unidos. El reconocimiento sincero del gobierno norteamericano con el compromiso de no repetición sería un gran aporte a la transición democrática.

Pastrana y Uribe reivindicaron la participación de Biden en el impulso al Plan Colombia en 1998. Bienvenida la memoria sobre las consecuencias en la victimización masiva con esos miles de millones de dólares y su aporte a la degradación de la guerra. Por ejemplo, los falsos positivos son producto de la corrupción y la ineficacia, pues ese dinero enviado desde los Estados Unidos para la lucha anti insurgente no arrojó los efectos esperados. Ante el balance negativo entre recursos y resultados, en las FFAA, y en una parte importante del Estado, optaron por los falsos positivos para ocultar la corrupción y mostrar indicadores de éxito en la lucha anticomunista en Colombia y en el continente.