Punto Ciego

Por: Isabel Fonseca

En el texto anterior dejamos iniciado el ejercicio de pensarnos estratégicamente todo aquello que cabe contra el fatal patriarcado, convenciéndonos de que esta es una causa histórica, cuya resolución se conjuga en futuro, con los verbos de la fuerza y continuidad que articulen nuestras acciones presentes; es decir: una multiplicidad táctica que rehíle los tejidos de la propia huerta y el latifundio circundante.

Iniciamos con lo táctico hacia lo propio, enumerando cuatro líneas gruesas, que es menester recordar hoy, para avanzar. En resumen:

  • Estudiar y divulgar los orígenes del sistema patriarcal, para desmontar los mitos que legitiman la inequidad entre géneros.
  • Identificar, concienciar y evidenciar, las praxis patriarcales naturalizadas, encubiertas por instituciones, estructuras, leyes, tradiciones, lenguajes y semánticas.
  • Organizar programas de formación antipatriarcal, dirigidos diferencialmente a quienes integran las comunidades que habitamos y espacios básicos de existencia.
  • Apostar por el ejemplo, difundiendo la existencia de masculinidades diferentes a las opresoras heteronormadas.

Para materializar, conectar y desarrollar, estas cuatro líneas gruesas, resulta inevitable perfilar una serie de trazos delgados. ¿En qué dirección? Veamos:

-Si damos la lucha teórica sobre los mitos patriarcales,[i] desmontando el destino, rol histórico, condicionamiento biológico o la decisión de un ser supremo, con que sistemáticamente se ha justificado la inequidad entre géneros; ¿qué acciones concretas debemos asumir, para reiniciar y transformar el sistema de valores colectivos, en nuestro espacio de cultivo y cosecha?

-Si decodificamos las praxis patriarcales que hemos naturalizado, dónde se evidencian y cómo se reproducen, ¿qué tareas resultarían precisas para descomponer y transformar legalidad, institucionalidad, lenguaje, semántica y tradiciones opresoras?

-Si nos proponemos, en base a las dos primeras líneas gruesas, generar un plan de formación antipatriarcal, ¿qué mecanismos vamos a implementar para despertar el interés de nuestra familia, comunidad, camaradas, amistades y personas con incidencia en espacios e instituciones que conectan e influyen culturalmente nuestra vida? ¿Cómo vamos a distinguir temática y método para los seres con quienes convivimos en espacios no domésticos, entendiendo sus diferentes identidades de género, clase y edad? ¿Será válido desistir de la generalidad poblacional y priorizar en una particularidad, como la de género?

-Por último, para irnos en campaña por evidenciar la existencia de masculinidades en lucha contra los privilegios patriarcales, es asunto sustancial contar con sujetos de carne y hueso que se constituyan en referencia social, ¿qué estudio previo tenemos para identificarles, contactarles y convencerles de saltar sobre su espacio particular, y politizar su cotidianidad? ¿Cómo enfocaremos estas subjetividades para evitar mitificarles y repetir la invisibilización de la historia, contexto y seres feminizados, que aportaron en su formación y acompañan su existencia práctica?  

Todas estas interrogantes, lejos de pretender ser resueltas al estilo manual, deberían encontrar respuestas heterogéneas; incluso, discusiones que las confronten con elementos de la particularidad vivencial que se teje en el espacio donde sembramos nuestra vida y que se conecta infinitamente con todo lo que ha hilado y deshilado el sistema, en su oscura heredad.

¡Hasta la próxima entrega!


[i] Sobre este tema, esta columna dedicó tres artículos: Mitos patriarcales I, II y III.