Rubín Morro, noviembre 3 de 2020

Contra todas las adversidades de tiempo, recursos, logística, coordinación, etc., llegaron los primeros peregrinos y peregrinas firmantes de la paz entre el 31 de octubre y el primero de noviembre, exigiendo respeto por la vida y por la implementación integral y eficaz del Acuerdo de Paz. Que cese el exterminio de quienes construimos la paz.

En chivas, en todo tipo de transporte y hasta a pie llegamos cerca de 2000 exguerrilleros, hombres y mujeres de las extintas FARC-EP, delegados de distintas organizaciones sociales, las guardias cívicas del Catatumbo e indígenas del municipio de Dabeiba, Antioquia. Desde la Colombia profunda, desde más allá de las montañas andinas, delegaciones de los ETCRs, NARs y otros asentamientos de reincorporación integral de la familia fariana. Todos salimos con nuestras ilusiones a cuestas, con el anhelo de denunciar ante el mundo el exterminio del que somos víctimas, la traición y la perfidia del gobierno ante lo pactado en la Isla de la Libertad. Con estas altruistas esperanzas y profunda convicción política, partimos con ligeros equipajes, lo estrictamente necesario para acampar donde se anocheciera. Iban con los peregrinos y perigrinas sus víveres frescos, mercados, estufas, rancheros y casinos por regiones.

Al paso de estos hombres y mujeres por todas las regiones, sus pueblos y caseríos, encontramos su solidaridad, sus manos arriba en señal de victoria, sus risas. Los vehículos echaban pito ensordecedores. Incluso recibimos apoyo de quienes en el pasado fuimos sus adversarios. Todo esto por la importancia de la palabra, el consenso y la discusión política. Los campamentos transitorios ofrecidos por las autoridades fueron peregrinaciones de curiosos, contertulios y fervientes amantes de la paz. ¿Es que acaso existe en el mundo alguien que no quiera la paz? Todos debemos luchar por ella y nosotros luchamos POR LA VIDA Y POR LA PAZ. Varios fueron los actos de reconciliación y perdón por el daño causado a las víctimas, no como una retórica oportunista sino como esencia de nuestra organización política de la rosa y de cara al Acuerdo Final de Paz entre el Estado y nuestra otrora guerrilla alzada en armas. Cambiamos las armas por las banderas, camisetas y gorras blancas, por las pancartas colocadas en los laterales de las multicolores chivas y camiones.

Nuestro mensaje es claro: no firmamos la paz para que nos asesinen, sino para vivir y morir de viejos. No firmamos la paz para que ahora nos exterminen delante de nuestros hijos y esposas. Queremos que nos dejen ayudar a edificar la paz con justicia social, que nos dejen trabajar sin el asedio de las balas y los matones sueltos, ante la mirada del gobierno que no hace nada de fondo para defender la vida. Nuestro mensaje es claro: que el establecimiento no desfinancie más la implementación eficaz e integral, que no haga más trizas el Acuerdo de Paz. Estamos cansados de enterrar firmantes de la paz, de hacer ‘vacas’ para sus sepelios, porque el Estado ni siquiera aporta los gastos de las consecuencias de este baño de sangre que no ha querido parar.

Completamos tres dias de estar peregrinando en la Plaza de Bolívar, rodeados de edificios donde se hacen las leyes de la República, se imparte justicia y donde se le reza al “todopoderoso” para que nos ilumine con paz amor. Estamos justo frente a nuestro padre y libertador, alzando pacíficamente nuestra voz de protesta por la paz, haciendo cultura y soñando en un maravilloso futuro. Estamos en el centro del poder de Colombia. Gracias Bogotá por recibirnos, por apoyar esta obra de vida y esperanza de los firmantes de la paz, hombres mujeres y adolescentes que con sus tiernas edades siembran la paz.

Hemos cumplido la tarea. Hemos logrado por primera vez en la historia de Colombia que una guerrilla ahora convertida en partido político camine la paz, desde todas la latitudes y desde las lejanías más extremas. Lo hemos logrado, compañeras y compañeros. Esto vitaliza la unidad del partido y reitera nuestro compromiso con la sociedad. A la guerra nunca más. Esta peregrinación POR LA VIDA Y POR LA PAZ, quedará marcada en la historia en procura de alcanzar la paz completa. El Acuerdo no se hizo para nosotros los exguerrilleros y exguerilleras. No, se hizo para toda Colombia. No permitamos que nos arrebaten el fututo de nuestros hijos e hijas. Pa’ lante es pa’ allá.