Rubín Morro, 17 de octubre 2020

Es claro que son múltiples los actores del conflicto social y armado en Colombia. El Estado y sus gobiernos, los financiadores de la guerra, los EEUU mediante su injerencia en nuestros asuntos internos, el narcotráfico y sus ejércitos de matones, el paramilitarismo como herramienta contrainsurgente, el desequilibrio social político y económico, la insurgencia armada, entre otros.

El contenido y el espíritu del Acuerdo de Paz creó un tribunal, la Jurisdicción Especial para la Paz y la Comision Para el Esclarecimiento de la Verdad, para que todos los intervinientes en la confrontación armada compareciéramos ante esta jurisdicción, reconociendo responsabilidades y aportando verdad plena en el marco del conflicto armado.

El principal protagonista es el Estado y sus gobiernos. A éstos les asiste la responsabilidad de preservar “la vida, honra y bienes de los ciudadanos”, a los cuales ha violentado mediante políticas antipopulares y represión sistemática, apoyados en una doctrina militar fascista que actúa mediante la concepción criminal del concepto del “enemigo interno”. Es por ello que persigue, judicializa, detiene, encarcela, desaparece y asesina a sus opositores políticos. Los EEUU de América iniciaron desde 1948 una campaña político-militar continental contra el comunismo, bajo el nombre de “Alianza Continental para las Américas”. Organizaron, dirigieron y financiaron la “Operación Soberanía contra Marquetalia” el 27 de mayo de 1964, bajo la denominación del Plan LASO (Latin American Security Operation).

Aquel ataque contra esta zona agraria donde habían 48 campesinos huyendo de la violencia política, a raíz del asesinato del líder Jorge Eliécer Gaitán, tuvo como consecuencia el surgimiento de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Ésta era una villa de paz, sus familias construían futuro y fueron acusados de erigir una “republica independiente”. La voracidad del Estado fue la causa del nacimiento de esta nueva guerra.

Históricamente los Estados Unidos han sido protagonistas principales en el conflicto interno colombiano. Por ejemplo, la Escuela de las Américas, donde se han instruido los mandos militares de nuestro país, no solo en el combate fisico contra el pueblo sino en Operaciones Psicológicas, o el Plan Colombia y sus bases en instaladas en nuestro territorio. He acá enormes verdades ocultas en complicidad con el Estado colombiano que deben aclararse.

En razón de toda esta debacle, las Fuerzas Armadas del Estado han sido protagonistas esenciales de la guerra. Han llevado a la población toda la fuerza de las armas. Sus aparatos de inteligencia han cometido los crimenes más horribles de la historia, escudados en nombre de la “libertad y la democracia”. Además, han garantizado hasta hoy los abusos del establecimiento, sus privilegios y la eternidad en el poder político, asesinando en nombre de la defensa de la democracia y contra un supuesto “comunismo internacional”. Asociados con el paramilitarismo y el narcotráfico han creado verdaderos ejércitos ilegales.

Los auspiciadores de la guerrra, desde el poder legislastivo, han creado las leyes más dictatoriales y antipopulares, reduciendo la lucha legítima de los pueblos a acciones terroristas, aprobando la represión, sus medidas militaristas y permitiendo la vinculación de una buena parte de la población a la lucha contraisurgente a través del paramilitarismo, apéndice del Estado para el desplazamiento forzado, para perseguir y asesinar a los opositores políticos, masacrando poblaciones enteras en una vil conducta que los gobiernos han permitido. Los financiadores han creado impuestos para sostener una guerra en contra de los colombianos. El narcotráfico ha permeado todo el estamento gubernamental. Este dinero fácil que influye poderosamente en en la economía nacional y sus lavados de activos, generando corrupción por donde se van los recuros del erario público.

De ahí que la insurgencia armada haya brotado como efecto de causas subjetivas y objetivas a partir de los abusos del poder contra el pueblo. Nacimos como resistencia armada para defender la vida, con una visión de país amable y en paz, por lo que hoy abrazamos el Acuerdo de Paz. Se necesitó más de medio siglo de confrontación armada para que la oligarquía entendiera nuestro clamor, el del pueblo y el de nuestra organización, lo que merece al Estado una inmensa responsabilidad política frente a la nación colombiana y a la comunidad internacional. De otro lado, el actor de la pobreza, la exclusión social, el abandono de la población vulnerable, responsabilidades directas el Esado.

Como podemos ver, hay y hubo todo un universo de actores con diferentes objetivos y propósitos, pero intervinientes en la confrontación, como actores materiales e intelectuales, todos involucrados en esta larga noche de afilados puñales. De allí que debamos someternos al Sistema Integral de verdad, Justicia, Reparación y NO Repetición (SIVJRNR) pactado en La Habana y que la institucionalidad, apoyada en el plebiscito del 2 de ortubre de 2016, separó a los mal llamados “terceros”, iniciando por los expresidentes que van a este tribunal si quieren. ¡Qué deformación tan monstruosa han hecho del Acuerdo de paz!

El proceso de paz no se hizo para las extitas FARC-EP y menos su tribunal de justicia, sino para quienes intervinimos en la guerra en cualquiera de las formas y métodos. Acá no puede haber un solo actor y menos los que combatimos, llámense ex guerrilleros, soldados, policías y otros grupos armados. Todos debemos aceptar nuestras responsabilidades y aportar verdad plena para alcanzar la paz estable y dudadera y una nación reconciliada en sana convivencia. No se puede seguir pensando que estigmatizando, acusando y arrinconando sólo a una de las partes llegaremos a un puerto de paz. Todos los actores de la guerra debemos pasar por el Sistema Integral de Verdad, justicia, Reparación y NO Repetición.