Rubín Morro, 12 de octubre de 2020

La búsqueda de la verdad de lo acontecido en el conflicto social y armado en nuestro país se ha convertido en una disputa política entre quienes queremos una verdad plena y los que le temen a ella y se aterran ante las suyas, ya que poco a poco se develan sus responsabilidades gracias al proceso de paz.

Definitivamente el Estado, sus áulicos, los actores principales y los llamados terceros, que a la final no son de tan de tercera categoría puesto que fueron y son aún los determinadores, ya que dieron las órdenes, le tienen terror a la verdad plena. Una verdad que han escondido por decenas de años, manipulándola y responsabilizando de todo lo pasado en la guerra a las luchas sociales y a sus dirigentes, ensañándose contra la verdad, apoyados en su legislación y en su fuerza armada contra la realidad, que los aterra ante los cambios sociales en que hoy se mueve la nación colombiana.

La verdad ha sido la primera víctima de este conflicto social y armado en Colombia, que todavía muestra sus tentáculos del horror, las masacres y los asesinatos selectivos, a pesar de haber en curso un proceso de paz firmado entre el Estado y la insurgencia de las extintas FARC-EP, el cual el gobierno actual de Iván Duque se ha dado a la tarea de “hacerlo trizas” e implementándolo a su manera, con un desgobierno total para las mayorías, mientras las élites políticas y finacieras hacen su agosto en medio de la pandemia y la pobreza.

Todos los exguerrilleros y exguerilleras de las otrora FARC-EP estamos comprometidos con el Acuerdo de Paz y fundamentalmente con lo mandatado por el Sistema de Verdad, Justicia, Reparación y Garantías de No Repetición (SIVJRNR), donde siempre hemos estado compareciendo ante la Comisión de la Verdad y la Jurisdicción Especial para la Paz. Además, contribuimos a la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas en el marco de la guerra, de cara a las víctimas y a la sociedad. Este Sistema Integral de Justicia fue pactado para todos los actores del conflicto social y armado y NO exclusivamente para una de las partes. El Estado es determinador de la guerra. En consecuencia, a sus expresidentes y a quienes han detentado el poder les asiste una inmensa responsabilidad.

Somos miles de ex militantes farianas y farianos que estamos a discreción del Tribunal para la Paz, la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad y las víctimas, para reconocer nuestras responsabilidades y errores en la guerra, así como para aportar verdad plena en una larga guerra que dejó prolongar la institucionalidad. Tuvo que pasar más de medio siglo para que un presidente diera el paso para la construcción de la paz que, ojalá, sea estable y duradera, tal como está en el Acuerdo Final de Paz.

La gran disputa por la verdad es la pelea política del momento. Si nosotros aportamos verdad es malo y si no lo hacemos es peor, en especial para el presidente Duque. La reciente carta de los integrantes del antiguo secretariado de las extintas FARC-EP, reconociendo los gravísimos acontecimientos en las muertes de Álvaro Gómez Hurtado y otros ciudadanos colombianos, ha despertado la ira de muchos personajes y partidos políticos, aduciendo razones emocionales, de conveniencia, tal vez, y hasta jurídicas para descalificar este esencial aporte a la verdad de lo sucedido hace más de 25 años, dejando, en primer lugar, la evidencia de ocultar el hecho y quedando al desnudo la intención maléfica de por lo menos una docena de fiscales generales de la nación que ignoraron lo sucedido.

¿Por qué callan los financiadores de la guerra? Aquellos que desde sus escritorios y desde el ejercicio del poder ordenaron el exterminio de la Unión Patrótica. Los que organizaron, dirigieron y financiaron el paramilitarismo en Colombia. Los determinadores de la guerra y que hoy fungen como héroes, gozando de una impunidad cómplice de su justicia.

Sin lugar a dudas, innumerables han sido los hechos macabros y conductas criminales del Estado. He aquí el temor y el terror a la verdad a la luz del Acuerdo de Paz y su jurisdicción Especial para la Paz. Por eso, los enemigos de la paz están planteando acabar con la JEP y crear un tribunal de bolsillo que siga favoreciendo a personajes siniestros del poder y sus privilegios conquistados con sus abusos.

¿Cuándo aportarán verdad plena los expresidentes?, ¿Cuándo lo harán quienes se hacen llamar ‘padres de la patria?, ¿Cuándo lo harán quienes fnanciaron la guerra?, ¿Cuándo aportarán verdad los responsables de los falsos positivos?; ¿Los que ordenaron las masacres?, ¿Los que ordenaron el asesinato de los firmantes de la paz?, ¿Cuándo aportarán todos los actores del conflicto social y armado? Luchemos por la verdad plena.