Breve semblanza de un campesino revolucionario

“El material del que estamos hechos los verdaderos revolucionarios es indoblegable y mientras más dificultades se nos presenten, pues más iniciativas vamos produciendo para enfrentarlas”. Jorge Iván Ramos Camacho (Mario Morales)

JORGE IVAN RAMOS CAMACHO – (MARIO MORALES, EN LA LUCHA ARMADA), nació en 1968 en el seno de una familia campesina profundamente humilde, y mantuvo, hasta el último aliento de vida viva la estirpe del productor campesino, trabajador de la tierra, una herencia de nuestros viejos que a pesar de las circunstancias que vivió en diferentes etapas de la lucha revolucionaria nunca abandonó, al contrario, siempre mantuvo vivo ese ejemplo, trabajar la tierra y producir comida, una característica que se evidenciaba en una de sus frases: “la tierra es la que carga y puede con todo, por eso hay que sembrar, hay que producir”.

Lo recordamos como un hombre que se caracterizaba por ser alegre, extrovertido, emprendedor, comprensivo, buen escucha, disciplinado, amoroso, solidario, amigable, persistente, perseverante, inteligente, generoso, dedicado, responsable, franco, honesto, carismático, elocuente, camaraderil, atento, arriesgado, entregado a sus propósitos, enamorado de la vida y la esperanza.

En 1986 se vinculó a la juventud comunista donde militó hasta 1992, una escuela de formación importante para cualquier revolucionario, luego pasó a hacer parte de las filas del Partido Comunista, donde se destacó por su compromiso militante, ético y coherente con la causa revolucionaria, simultáneamente con su militancia revolucionaria era un trabajador (obrero) bananero, donde se destacó rápidamente convirtiéndose en un referente de las luchas del movimiento sindical y líder de los trabajadores de esa rama de producción, ya en 1992 era dirigente sindical de SINTRAINAGRO, el sindicato de la agroindustria más importante en ese entonces de los trabajadores bananeros en la región de Urabá, actividad que desarrolló activamente hasta que los enemigos de clase lo permitieron.

Siendo muy joven, sufrió al lado de miles de compañeros de lucha obrera y sindical, y militancia política, el genocidio contra la izquierda revolucionaria en la región de Urabá cuando el proyecto PARAMILITAR, emprendió la más grande ofensiva criminal a finales de la década de los años 80 con las masacres de las fincas bananeras “la Negra”, 

“Honduras” y “Punta Coquitos”, entre otras, donde se salvó milagrosamente. Y después de incontables masacres que bañaron de sangre esta región hasta nuestros días, sufrió la persecución política desatada por los enemigos de la paz contra el proyecto alternativo que se habría paso a partir del Acuerdo de Paz de la Uribe entre el gobierno de Belisario Betancourt y las FARC-EP, la UNION PATRIÓTICA, que fue sometida a un genocidio político con resultados nefastos para el pueblo colombiano y de público conocimiento por el mundo entero. 

La persecución política, la judicialización, los atentados, el señalamiento, la estigmatización, y el asesinato sistemático, acabaron con el proyecto político en la región dejándolo en la más mínima expresión; esto lo obligo junto a miles y miles de militantes de izquierda, a desplazarse forzosamente por la violencia estatal y para estatal que se apodero de la región, a través del denominado PLAN RETORNO.

Por su convicción y compromiso con la causa de los trabajadores, después de vivir un par de años desarraigado del seno de la lucha obrera y sindical, sobrellevando todo tipo de penurias y necesidades, en 1995 se vio obligado a abandonar definitivamente su tierra natal, la región de Urabá, refugiándose en la zona bananera del departamento del Magdalena, donde recibió la solidaridad de los trabajadores de esta martirizada región en el caribe colombiano, nunca dejó de ser un militante revolucionario al servicio de los intereses de los trabajadores.

En el Magdalena se destacó nuevamente en el trabajo organizativo de los obreros bananeros, y las asociaciones de campesinos ubicados en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, actividad que motivó rápidamente la acción criminal del enemigo de clase, convirtiéndose en objetivo de criminales al servicio de la patronal bananera de ese entonces, sufriendo nuevamente atentados, persecución judicial, encarcelamiento, amenazas y asedio permanente, y es así, como a finales de 1997 se vio obligado a refugiarse en los campamentos de la insurgencia de las FARC-EP que hacían presencia en la región, fue el único sitio, la única trinchera que le dejaron los enemigos de la paz y el cambio, para poder continuar luchando. Lo obligó el Estado y los enemigos de la paz a volverse guerrillero, situación que han vivido la mayoría de los que han optado por esa vía para la lucha, la vía armada. Es decir, cuando optó por la lucha armada lo hizo convencido que era otra vía válida en ese momento para continuar contribuyendo en otras condiciones a la lucha de miles de hombres y mujeres por un país diferente, un país incluyente, un país en Paz con justicia social.

Era un convencido que la lucha política definía y determinaba el uso y acción de las armas, por eso se preparó para la guerra, pero siempre pensado que esa vía terminaría finalmente en acción política, al fin y al cabo, el destino de todo pueblo no puede ser la guerra sin fin, creía en la solución política, dedicó 34 años consecutivos a la lucha revolucionaria, sin vacilar un solo instante, ni en los momentos más difíciles fue posible verlo amilanado o doblegado, con humildad y sencillez siempre estaba buscando alternativas, opciones, salidas, era un auténtico conspirador social y político, era UN LUCHADOR INCANSABLE POR LA PAZ.

Fue un guerrero revolucionario en el sentido estricto de la palabra, y como revolucionario íntegro se adaptaba rápidamente al momento político, al fin y al cabo, la lucha armada de un revolucionario es la continuación de la lucha política, si es verdadera. Por eso no vaciló un solo momento sobre la importancia y trascendencia del ACUERDO FINAL DE PAZ DE LA HABANA y desde el ejercicio colectivo que determinó que esa era la vía más acertada en los nuevos tiempos, la abrazó y se puso al servicio de la tarea encomendada como siempre lo hizo, acatando las determinaciones adoptadas en las instancias colectivas de la organización revolucionaria. Era un firmante y comprometido constructor de paz.

Había incorporado hasta la médula la convicción de las razones que tenía para entregar todo, hasta la vida misma, a la lucha por el pueblo y se había preparado para ello, no en vano consideraba que “El material del que estamos hechos los verdaderos  revolucionarios es indoblegable y mientras más dificultades se nos presenten, pues más, iniciativas vamos produciendo para enfrentarlas”.

Desde la firma del ACUERDO FINAL DE PAZ DE LA HABANA se puso a disposición de adelantar la tarea encomendada, dicen los que lo conocieron en la lucha armada que siempre le encomendaban tareas difíciles y salía victorioso, aunque en la lucha revolucionaria todas las tareas son siempre difíciles, el enemigo de clase es muy poderoso y no es fácil combatirlo. Pero estaba hecho de ese material indoblegable, y consciente del peligro que significaba adelantar la implementación del Acuerdo de Paz lo asumió con gallardía y decisión. Él decía “Llevamos tanto tiempo en esta lucha que cualquier sacrificio vale la pena, solo es cuestión de adaptarnos lo antes posible a las nuevas realidades para salir triunfantes”. Es que hay que ser muy valiente para intentar adelantar la implementación de la paz en un país polarizado como el nuestro, donde el enemigo a logrado instalar una matriz muy fuerte contra el movimiento alternativo, atreverse a buscar ganar en el debate de las ideas la razón que nos asiste a las mayorías, que la paz es el bien mayor de todos, que seguir asistiendo al baño de sangre que padece el pueblo Colombiano no nos conduce a nada objetivo en estos tiempos, eso si es de valientes, lo fácil es armarse y no tener la capacidad de convencer al contradictor en el debate de las ideas, o por lo menos intentarlo, y terminar por la acción de las armas imponiendo lo que un pequeño grupo considera lo correcto, aislado de la realidad de las mayorías. Además, matando gente indefensa y desarmada. Eso es lo fácil en estos tiempos.

Al enterarnos de su muerte violenta nos imaginamos que había caído bajo la acción criminal del enemigo que siempre estuvo asediándolo. JAMÁS contemplamos la posibilidad que fuera a manos de quienes algún día fueron sus compañeros de lucha, o por lo menos de ideas, con quienes compartió seguramente escenarios en el combate al enemigo en común que tenían, el enemigo de clase. En el sepelio nos enteramos por otros exguerrilleros de las FARC-EP, que siempre había sido profundamente solidario con el ELN en los momentos que más lo requirieron, nunca vaciló en medio de las dificultades de la confrontación, donde se pone a prueba la certeza y la consecuencia.

Señores del ELN, afirmar sin ningún pudor que MARIO MORALES era un enemigo de la causa revolucionaria, que era un traidor de la noble causa de la lucha por los cambios sociales y políticos al dejar la lucha armada, pero además afirmar de manera irresponsable que estaba aliado y comprometido con el PARAMILITARISMO, lo peor que le ha podido suceder al pueblo colombiano, es la desfachatez más grande que puede afirmar quien hoy a nombre de la revolución Colombiana pretenda señalar a un revolucionario íntegro y auténtico que siempre luchó para la justa causa de los oprimidos. ¿Se puede ser más irresponsable con la imagen de un revolucionario auténtico cuando se le señala de estar aliado con el enemigo para justificar su asesinato de manera aleve y traicionera?

Acaso pretender opacar la grandeza de un hombre íntegro, ¿señalándolo mediante la calumnia y bajeza premeditada los va a catapultar a ustedes como los adalides de la revolución colombiana?, esto lo que evidencia es la poca estatura política que tienen ustedes, cuando recurren a artimañas propias del verdadero enemigo del pueblo para ocultar su fracaso.

La lucha armada, especialmente la promovida por ustedes no necesita más enemigos, por su actuar se han convertido en su propio y más peligroso enemigo, cada actuación que hacen la sepulta más y más. Es tanta la ceguera existente que no se dan cuenta que la poca gente que eventualmente les creía, no lo hace hoy por convicción, ni compromiso político, ni tienen respeto y reconocimiento hacia ustedes, NO, la realidad es que la mayoría les tienen es miedo. ¿Con la forma criminal de actuar creen ustedes que están ganando el respaldo de la población?, ¿eso creen?, qué lejos están de esa posibilidad.

Si este crimen aleve y traicionero lo justifican de esa manera tan ruin y miserable, como será con el resto de las gentes del común que desafortunadamente no cuentan con las mismas posibilidades de evidenciar ante la opinión pública su comportamiento miserable en las regiones donde ustedes operan.

¿Acaso transitamos hacia la debacle de la idea de lo que en algún momento se argumentó como opción al modelo imperante?, ¿se abre a pasos agigantados la posibilidad real de convertirse en una o unas bandas de delincuentes sin ningún proyecto político creíble y mucho menos realizable? Por su actuar todo indica que van en esa dirección. Ojalá el vil asesinato de MARIO MORALES a manos de ustedes sin ninguna justificación, sirva para que entiendan que en cada acto contra lo que ustedes denominan el “enemigo” es equivocado, y que se aíslan cada vez más de la posibilidad de encarnar un auténtico proyecto revolucionario y emancipador. Qué lejos están de esa realidad.

Tengan la certeza quienes aún creen en el ELN, que a MARIO MORALES no fueron capaces de vencerlo en el debate de las ideas, por eso lo asesinaron ATADO DE MANOS Y CON RAFAGAS DE FUSIL POR LA ESPALDA. Nunca hubo el tal “JUICIO REVOLUCIONARIO”, como afirman de manera mentirosa en su comunicado los asesinos, le temían al argumento y su capacidad política, por eso lo asesinaron de manera cobarde y traicionera, a mansalva y sin posibilidad de controvertirlos. Y eso ustedes lo saben muy bien señores del ELN. ¿Así son los “JUICIOS REVOLUCIONARIOS” que ustedes implementan?.

La muerte de un revolucionario, un luchador por la paz duele y mucho, pero duele más cuando muere a manos de otros que se dicen ser “revolucionarios” y duele mucho más aún cuando se intenta mediante artimañas rastreras y calumniosas justificar lo injustificable, eso es INACEPTABLE desde todo punto de vista.

A nosotros no nos queda la menor duda, que a MARIO MORALES lo asesinó un grupo de cobardes que se escudan en las armas para hacerle creer a incautos que abrazan la bandera de la revolución colombiana, favoreciendo a quién sabe qué oscuros intereses, no precisamente intereses de la causa popular. La verdad verdadera aflorará señores del ELN, por más que la oculten de manera perversa y premeditada.

Nosotros perdimos físicamente a un gran hombre, a un hijo y a un hermano ejemplar, a un padre amoroso, a un gran amigo, a un auténtico revolucionario comprometido con la causa de las mayorías del pueblo colombiano. Nos arrebataron parte importante de nuestras vidas, lo que nos duele en lo más profundo del alma, y nos duele aún más sabiendo que ustedes que se reclaman revolucionarios, no tuvieron el valor ético de decirnos la verdad del error cometido, si no que intentan mancillar su nombre y su legado con mentiras rebuscadas que no aguantan el más mínimo argumento para que se les caiga la careta como un castillo de naipes. Afirmar que asesinaron a MARIO MORALES por su alianza con el enemigo de clase, EL PARAMILITARISMO y el MILITARISMO, es lo más estúpido que se pueda salir a decir. Si existiera el premio a la ESTUPIDEZ, ustedes se lo ganarían sin competencia alguna.

Nosotros somos una familia pequeña, pero coherente con la justa causa de los oprimidos y convencidos que más temprano que tarde las cosas cambiarán favorablemente para las mayorías. Seguramente les reste importancia el dolor de una familia más como la nuestra por causa de sus desaciertos y arrogancia política, ojalá tengan la inteligencia de reflexionar y entiendan de una vez por todas que así no es.

Hay que dar la cara y asumir los errores, especialmente los irreparables, si se es un verdadero revolucionario.

Ustedes creen que ganaron quitando del medio a un luchador incansable por la paz, comprometido hasta la médula con las justas causas del pueblo y justificándolo de la manera rastrera y ruin como lo están haciendo. Pero tengan la plena seguridad que son ustedes los grandes perdedores, si existe algo de autocrítica, algo de ética, algo de amor, amor al pueblo y su justa causa, sabrán reconocer que asesinar a MARIO MORALES es un error irreparable de cabo a rabo. Si son verdaderos revolucionarios saben que se equivocaron y deben asumirlo así. Cualquier cosa que digan diferente a reconocer que se equivocaron, es solo invención fantasiosa de los débiles para regocijarse con su enferma conciencia.

Ni odiamos, ni estamos resentidos, el odio y el resentimiento son muy malos consejeros, pero sí estamos muy dolidos y tenemos mucha rabia, solo tendremos un poco de paz y sosiego en el alma, el día que ustedes tengan el valor ético y moral de admitir que se equivocaron con el asesinato de JORGE IVAN RAMOS CAMACHO (MARIO MORALES).

Familia Ramos Camacho.