Por Jorge E. Suárez

Con una profunda emoción estoy acá escribiéndole a quien para mí −y estoy seguro que para los colombianos, cuando la verdad del conflicto se sepa− jugó un papel enorme en la defensa de las causas justas de la humanidad; poniendo incluso por encima de su existencia la construcción de un lugar mejor para la humanidad.

A usted lo llevaron a la guerra, esa guerra terrible donde pasa todo lo que no debería suceder; en la que su principal arma −la de ellos− es la mentira y donde necesitan de grandes, enormes enemigos, dentro de los cuales está usted, uno de los objetivos que −en palabras de ellos− es un “valor estratégico” y supongo que es por algo: porque sabían lo que usted representaba.

Si estuviera aquí, sé que estaría de frente, poniéndole el pecho a todas las adversidades, acompañando a las víctimas, con el respeto que se debe tener a la Colombia que padeció el conflicto, con la mano solidaria para todas ellas; pero también con la certeza de que esa guerra no fue el camino que eligieron los pueblos, sino al que unos pocos que se creen superiores han empujado al país.

Hoy quiero, desde lo más hondo de mi corazón, que esas circunstancias no se vuelvan a vivir en Colombia y que podamos tener un lugar donde podamos vivir una vida decente, digna de nuestro paso por la Tierra. Porque mire en las que estamos papá: un país que está siendo masacrado de nuevo, un Gobierno indigno, la fuerza pública matando gente que protesta con justa causa. Y ante tanta muerte cabe recordar a Jacobo cuando decía: “El futuro de Colombia no puede ser el despeñadero de la guerra”.

Por todas esas víctimas de esa guerra es esta llama que le dejo, esperando que se convierta en un fuego de dignidad, una luz que se esparza por toda Colombia, para que los que nos han condenado a esta guerra y a toda esa barbarie se vayan para siempre. Esta es una llamarada que arde en las almas de la Colombia que sale día a día a construir un mejor país y que sigue diciendo: ¡YA BASTA! a la exclusión y la violencia; quienes se la juegan por la paz en todas las luchas sociales: médicas, enfermeros, profesores, campesinas, estudiantes, obreras y trabajadores que aspiran a una verdadera nación que vele por sus intereses y no que encubra a unos pocos poderosos.

Por quienes luchan es este fuego.

Hasta siempre papá.

“Por ahora y para siempre”.