Rubín Morro, 2 septiembre 2020

«Colombia es un caos, por cuenta de un desgobierno que cae en lo más bajo de su pésima gestión antipopular, insensible, con todas las pandemias juntas, el hambre y el asesinato acechan en campos y ciudades«

El llanto, el dolor, la angustia y la desesperanza crece todos los días, por cuenta de las masacres de jóvenes, mujeres, niños y niñas y la suma trágica de líderes, lideresas sociales y defensores de los derechos humanos exterminados, que pasan de 1000 y el termómetro siniestro de la muerte de 225 firmantes de paz asesinados. Cifra que se eleva cada semana ante la mirada y el silencio cómplice del gobierno que solo se dedica a hacer inútiles consejos de seguridad y el ofrecimiento de recompensas, cuyos dineros van a las cuentas privadas de corruptos de altos funcionarios. Convirtiendo el país en ‘sapos’ al estilo oeste gringo porque el señor gobierno les quedó grande gobernar el país.

Un gobierno que maneja en su discurso la farsa y la mentira ante los organismos internacionales sacando pecho, de sus realizaciones sociales y pone de ejemplo al mundo del proceso de paz, mientras su gobierno, iniciando por el presidente, despotrica y busca hacer trizas la esperanza de un pueblo; el Acuerdo de Paz firmado en La Habana. Hace meses gobierna por decretos, cuando se revistió de el Estado de Excepción y la Emergencia Sanitaria. Escudado en esa trinchera dictatorial desconoce el congreso y el clamor de un pueblo que le grita desde las calles que gobierne para esas mayorías que sufren la crisis más horrible en medio de la pandemia, hambre y el alto costo de los servicios públicos; un pueblo que exige la “Renta Básica” para enfrentar el virus dignamente y en cambio abrió las puertas a cero cuarentena desde el primero de septiembre. Con seguridad la infección se apoderará de las multitudes que luchan por sobrevivir, colapsarán los hospitales y muchos miles moriremos. 600.000 infectados y 20.000 muertos es la punta del iceberg de otro caos espantoso que se siente venir.

El caos está en completa ebullición, se dispararon los asesinatos, las masacres volvieron a sembrar el terror en campos y ciudades, la corrupción se disparó más que la pandemia, el robo al erario público destila desde las gobernaciones y grandes empresas, la justicia intenta caminar y recibe los ataques del alto gobierno; atentando contra la independencia de poderes, el gobierno se oculta en sus superpoderes para favorecer a los bancos y sus gigantescas empresas, el Estado adquire costosísimos vehículos para su seguridad, robustece sus Fuerzas Armadas. La exportación de narcóticos sigue siendo el principal producto; colocando al narcotráfico como una poderosa entidad financiera criminal que penetra los poderes del establecimiento. El gobierno entrega la soberanía nacional a los EEUU y la ‘Ñeñepolítica’ que compromete seriamente la financiación de la campaña Duque presidente.

El caos social crece como la espuma de una caudalosa realidad, sin que nadie tenga la capacidad y la voluntad para detenerla. Los grupos armados ilegales se tomaron los campos, no existe fuerza militar capaz de detenerlos, porque entre otras cosas, las medidas no son de fuerza, sino de soluciones estructurales del Estado y quienes están al frente del poder no lo van hacer.

El Acuerdo de Paz, dio herramientas y el camino para soluciones ciertas para salir del caos; la Reforma Rural Integral, Participación Política, Fin del Conflicto, Solución a las Drogas, y Víctimas; son en esencia fundamentos que recogen problemas medulares de la sociedad colombiana. Pero todo lo anterior es insulso si no existe una eficaz implementación integral de lo pactado entre las antiguas FARC-EP y el Estado colombiano y si muy al contrario, ataca e intenta “hacer trizas” los anhelos de paz. La verdad es que la única opción de paz y reconciliación existente por ahora es el Acuerdo de Paz pero se necesita la voluntad política del Estado y de toda la nación colombiana. Esto cambia, si cambian las fuerzas políticas amantes de la paz y la vida.

El pueblo despertará en la construcción de su futuro. Colombia no puede estar destinada por siempre a vivir en medio de la guerra. No puede acontecer que una minoría pase por encima de millones de personas que anhelan vivir dignamente. Saldremos de este atolladero de la muerte. La militancia del partido de la rosa, seguirá indeclinable por construir la paz estable y duradera.