Rubín Morro, Agosto 17/2020

“Nos acostumbramos a la muerte, nos laceró la memoria,  nos está anestesiando esta  realidad y la indiferencia del  gobierno, que  por acción  u omisión rotula la mezquindad y la insensibilidad  del Estado. Lo único que detiene esta ola de sangre que resurge es la implementación de las Garantías de Seguridad que contiene el Acuerdo de Paz”

En este país  pareciera que  nos  enseñamos a  escuchar las  cifras de la muerte, ya nada nos conmueve más allá de sus familiares más cercanos, es una odisea profunda en que la sensibilidad se perdió en una subasta de  asesinatos aleves, las masacres, los “normales muertos por coronavirus” los perseguidos, los  desaparecidos, los amenazados y el odio, la venganza y el estigma de quienes detentan el poder iniciando por  Iván Duque y su séquito de  aduladores de mentes enfermas por querer hacer lo que se les de la gana, para ellos no hay ley, son los intocables como los dioses del Olimpo. Y cuando los toca la justicia se erizan y vomitan las calumnias para crear sofismas de distracción, crear falsas matrices de opinión para gobernar con los miedos, la farsa y la mentira.

El panorama es bien oscuro, mejor dicho, un negro profundo es la realidad con  un Estado todavía configurado para la guerra, cuya práctica diaria de  represión social descansa en la Doctrina Gringa de la Seguridad Nacional y su Concepción del Enemigo Interno. Un Establecimiento que no tiene y nunca ha tenido el monopolio de las armas, (medio país está armado, no tiene las riendas de la justicia, (mucha  gente aplica la  justicia a su manera), No tiene el control de la hacienda pública, (hay una economía ilegal más poderosa). Colombia es un país descuadernado como lo señaló hace años acertadamente un funcionario estadounidense.

En estas condiciones la situación es precaria y real. Y para  terminar de rematar la incertidumbre, el Acuerdo de Paz de La Habana, sufre en su integralidad una ineficaz implementación con un partido de gobierno que quiere sepultar el acontecimiento político mas importante en los últimos 70 años;  y como si fuera poco una pandemia manejada al antojo del presidente que se revistió de superpoderes para manejar el país a punto de decretos cumpliéndole órdenes al gran capital, mientras  las mayorías sufren las subastas de cuarentenas en medio de la miseria y el hambre desde la voracidad  del gobierno por  no proveer una Renta Básica  para los colombianos, todo este oscuro escenario con una violencia desde todos los rincones del país que anega en sangre una  buena parte de la población.

La oligarquía colombiana rancia y conservadora por cientos de años, ha diseñado el Estado para preservar  sus riquezas y privilegios por encima de los derechos  más  sentidos de sus sometidos gobernados con sus leyes y la utilización de la fuerza y de las armas. Los muertos en esta larga confrontación se suman por millares, y cuando escribo de esta confrontación me refiero después  de 1948 a la fecha. Mal contados hablamos de más de 200.000 muertos registrados, desaparecidos cerca de los 100.000, mas que los sumados de las dictaduras regionales. ¡Increíble!. Cientos de líderes, lideresas y defensores de los Derechos Humanos exterminados, 971 en el  gobierno de Duque y 42 masacres. 15 mil muertos por el virus. Es larga la lista de los ataúdes con los cuerpos de los firmantes de la paz, 224 asesinados, desaparecidos, desplazados y amenazados, son el reflejo de una fuerza poderosa que se opone a la paz.

Las muertes en Colombia se suman a diario por distintas causas, las cuales debe garantizar el Estado Colombiano con políticas estructurales y no con los “Inútiles Consejos de Seguridad”. Que  solo sirven  para gastar dineros del erario público para suculentas viandas de múltiples invitados. Nos acostumbramos a ver muertos, menos por los que deja según eso el COVID-19, aunque crecen la dudas al respecto. Hace rato reinició una nueva guerra, en que nadie sabe su procedencia, pero que se repite a diario y a lo largo y ancho del país. La muerte deambula por los campos y ciudades, vuelven los descuartizamientos de personas , mientras las  Fuerzas Armadas aumentan sus efectivos, compran aparatos con tecnología de punta, propaganda de los “héroes de la patria, cuando realmente la Fuerza Pública está mal orientada.

Deben  cesar las muertes violentas, todos tenemos el derecho a la vida, que el Estado implemente a fondo las Garantías de Seguridad acordadas en el marco del Acuerdo de Paz de La Habana en la construcción de la paz estable y duradera al cual se comprometió  el Estado. No se  inventen los uribistas el cuento chimbo para tratar de desviar el evento de la detención de Uribe,  que fue el partido FARC, el responsable de la captura del senador Álvaro Uribe, todos sabemos que enfrenta cargos por “compra de falsos testigos” y esto nada tiene que ver con nuestro partido y menos con el Acuerdo de Paz. ¡ex senador!, si Usted, se hubiese acogido a la JEP y aportar verdad, estaría en libertad  y defendiéndose.