Rubín Morro, 22 de julio

Lo sucedido en el ETCR de Ituango con los  compañeros y compañeras y sus familias en proceso de reincorporación a la vida civil como resultado del Acuerdo de Paz, es solo la punta del iceberg de la sistematicidad violenta  contra los firmantes de paz y que el  Estado por acción u omisión lo hace directamente  responsable de todas las amenazas, crímenes y ahora el desplazamiento forzado. Definitivamente nunca la institucionalidad ha tenido el control territorial y menos en los ETCR y las Nuevas Áreas de Reincorporación de nuestra militancia.

El Espacio Territorial de Capacitación y Reincorporación (ETCR), “Román Ruiz”, ubicado en la vereda Santa Lucía del municipio de Ituango en el departamento de Antioquia, en las estribaciones del Nudo de Paramillo, fue un territorio donde llegaron cerca de  300  ex guerrilleros de las FARC-EP, donde harían su reincorporación integral a la vida civil, como resultado del Acuerdo de Paz.

El asedio de grupos armados, el asesinato de 11 exguerrilleros y dos menores de edad, más de 80 amenazados y desplazados, antes del desplazamiento forzado colectivo, hizo insoportable la situación, invivible por  estar sometidos a horarios de restricción  en sus labores de  la vida cotidiana, (y eso que la Fuerza Pública hacía presencia en dicha zona). Sin tierras en donde desarrollar sus proyectos productivos. La inseguridad fue total y el Estado no fue capaz o no quiso garantizar la vida de los reincorporados como está contemplado en el Acuerdo Final de Paz.

En la Asamblea General de esta comunidad  de reincorporados  de Santa Lucía,  a raíz del último asesinato del ex guerrillero de las FARC-EP, Cesar Darío Herrera Gómez, el 28 de enero de este año, fue “la gota que rebozó la copa” y es cuando  se acordó  el traslado forzado de este grupo de hombres, mujeres, niños y niñas por falta de garantías de seguridad y del combate a  estructuras armadas que se han ensañado contra esta comunidad que construye tejido social y la paz.

Ahora les tocó  huir de la muerte y la permanente zozobra, desarmar  lo construido en tres penosos años con tanto sacrificio personal y colectivo, acomodarlo en  19 camiones, dejando tirado enseres domésticos para llevarlos después, cargar con (gallinas, vacas, palomos, burros, perros, pavos, pollitos. Además de tres chivas y 5 buses de “Servicios Especiales” donde se trasladaron las familias, incluyendo mujeres gestantes, lactantes y ancianos. Se recogieron compañeros y compañeras en la ruta de marcha hacia la Fortuna. Hicieron cuatro paradas de descanso y alimentación en (Ituango, Santa Rosa de Osos, Uramita, Dabeiba, donde los esperaba la atención de la  alcaldía y un suculento desayuno en el parque principal de Dabeiba). Salieron del ETCR el día 15 y continuaron de largo hasta el día 16, en algo más de 20 horas de extenuante cansancio, sobre todo para las personas vulnerables.

Luego de recorrer 423 kilómetros  llegaron a la casa de la finca en La Fortuna y  el 16 de junio a  las 02-00  de la tarde, seis camiones descargaron en este sitio, los restantes 10  lo hicieron en San José de Leones, el resto de carga había quedado en el antiguo asentamiento en Santa Lucía en Ituango. Fueron acompañados por Ejército, policía, La ONU local, Defensoría de Ituango, ARN Antioquia desde Ituango y el Equipo de Gerencia de paz de la Gobernación. En Dabeiba se vinculó  La Defensoría del Pueblo de Urabá y instancia regional de las Naciones Unidas.

La Agencia Nacional de Tierras  hizo un contrato de arrendamiento y en seis meses se procederá a  la compra de los cuatro predios que componen la finca de  aproximadamente unas 257 hectáreas. Se construirá el caserío junto a la casa principal a un kilómetro adentro de la vía al mar.

Donde llegaron nuestros compañeros, es verdad que inician sus labores agrícolas partiendo de cero, aunque como me dijo un líder:

––La verdad, compañero, fue nuestra mejor decisión ante tanto acoso de la muerte a tal punto que no teníamos sosiego y siempre estar pensando, ––¿Quién será el próximo muerto o amenazado?. Me dijo con mucho ánimo.

––Acá estamos junto a nuestros camaradas, tenemos todo el apoyo de ellos, mejores tierras para cultivar  y estamos seguros que saldremos adelante en la construcción de la paz y nuestros proyectos familiares y como organización.

Ximena, una joven líder ex guerrillera, comentó:

––Tenemos un enorme entusiasmo las ganas de persistir como siempre lo hemos hecho, y es que nada ha  sido fácil para nosotros, las adversidades no nos amilanan, al contrario, nos compromete más como firmantes de la paz,  finalizó diciendo.

––Hemos recibido todo el apoyo de los compañeros del ETCR de Llano Grande, y  de los camaradas de San José de Leones quienes nos albergaron en sus casas, así somos en nuestra organización, una gran familia, amable y solidaria.

Esperamos que las promesas del gobierno se cumplan de acuerdo a lo pactado, de hecho este ETCR, seguirá como  figura jurídica en un espacio territorial para continuar con la reincorporación integral  de estos compañeros firmantes de paz, y como quedó reglamentado en el Acuerdo de Paz de La Habana.