Teófilo del NAR “Luisa González”

A finales de 1994 vamos llegando de larga marcha con el camarada Alfonso Cano al departamento del Tolima, donde nos encontramos con el comandante Adán Izquierdo, que para esa época era el comandante del 21 Frente de las FARC-EP.

En los años 1995 y 1996 nos ubicamos en el sur del Tolima, especialmente en el municipio de Planadas, Tolima, y el panorama de deforestación es catastrófico, a lo que los camaradas Alfonso Cano y Adán Izquierdo se lamentan y se sienten impotentes para proteger la fauna y el medio ambiente en general.  

En la parte alta de la cordillera los cultivos se veían floreados, a los campesinos rallando unas pepas que le llamaban de amapola, a la que le extraían la mancha que depositaban en pequeños frascos y luego la sacaban al mercado y vendían a buen precio, para nosotros los guerrilleros era novedoso, ver bellísimos cultivos de flores en plena selva y que de ahí saliera después de procesada la heroína era cosa de otros mundos.

En la parte de abajo, donde se producía el café, el plátano, la yuca, tomate de árbol y otros productos del campo, se encontraban cultivos de marihuana, la que comercializaban hacia la ciudad de Neiva, Ibagué y Bogotá, era un ambiente de comercio activo e ilegal, con todo lo que  eso conlleva, nada agradable en la región.

Las costumbres y culturas de las comunidades nativas se estaban perdiendo con la llegada de personas de otras regiones que talaban selva para sembrar amapola y en las partes bajas marihuana, y al llegar la abundancia de dinero de los cultivos ilícitos, las personas van cambiando de mentalidad, crece la descomposición social, era común ver un caballo amarrado dos días, al frente de una cantina o prostíbulo, mientras que el dueño toma trago con sus amigos y amantes gastándose el dinero sustento de toda la familia que trabaja en la finca, las labores comunitarias se van perdiendo, lo que incide en el desorden y lo peor: se van rompiendo los lazos de organización política, se destruye el tejido social de las comunidades. Se impone el individualismo, la cultura narco y la violencia.

Estas realidades y muchas mas no le gustaba al camarada Alfonso Cano, quien dio la orientación de realizar un estudio para ver la forma de acabar con los cultivos ilícitos de la región.

Dialogando con los campesinos que cultivaban amapola nos enteramos de que los cultivos daban buena producción en los terrenos vírgenes, por eso los arrasaban sin compasión, lo que nos obligó a prohibir la tala de bosques y que sembraran en los terrenos ya cultivados, consciente que en dos o tres cosechas ya no habría producción.

En esas conversaciones con los campesinos les sugeríamos que sembraran papa, fríjol, tomate de árbol, pasto y poder pastorear ganado, ellos se lamentaban por la falta de recursos para sembrar cultivos de pan coger y lo más complicado era la comercialización de esos productos. Estaban por lo general agobiados con deudas, bancos y corporaciones financieras de todo tipo; los habían engatusado con préstamos, dizque con facilidades de pago, decía el gobierno de turno, y a la larga lo que querían era quitarles la finquita, el ganado o lo que tuvieran.

El comandante Alfonso Cano diseñó una estrategia económica y política genial y se la propusimos a los campesinos: autorizó que la guerrilla de las FARC, nuestro Comando Conjunto Central, pusiera el dinero que los campesinos necesitaran para que sembraran comida y nosotros nos comprometíamos a la comercialización, es decir, nos comprometíamos a comprar la producción que saliera, es así como las áreas donde había cultivos de amapola en tres años y medio desaparecieron, realmente se produjo la sustitución de la amapola por cultivos de comida. Las FARC-EP puso en ese negocio con los campesinos, lo que nunca vieron que hiciera un gobierno o el Estado: herramientas, remesas para los trabajadores, abonos, combustibles, lo necesario, y los campesinos el trabajo.

Para el año 2.000 se producía frijol, papa, queso, café, caña, crecía el ganado en las zonas donde antes se producían cultivos de uso ilícito. Las personas, familias y comunidades comenzaron nuevamente a actuar con sentido de pertenencia, se sentía la solidaridad y la organización en los territorios.

Alfonso Cano, nos explicaba que en las regiones donde existían los cultivos ilícitos era muy complicado hacer trabajo de organización, porque las personas iban creando una mentalidad mafiosa, descompuesta, y que si nosotros nos descuidábamos, la guerrillerada, incluyendo los mandos iban contagiándose de la vida mafiosa, que esa tragedia, esa terrible realidad nos podía traer muchos problemas en el futuro.

Hay dos temas, sobre los que puedo afirmar, en los que el comandante Alfonso Cano, así como los demás miembros del Secretariado y la dirección de las FARC-EP en su conjunto, nunca estuvieron de acuerdo: la retención ilegal de personas  y el narcotráfico, Alfonso Cano siempre fue especialmente crítico con esos dos temas.

Los medios de comunicación convirtieron a las FARC-EP en el mayor cartel y difundieron esa matriz en Colombia y en el mundo, y eso tiene un costo en vidas y político para nosotros. Falso. Por solo poner un ejemplo, según recuerda Pablo Catatumbo y así lo dijo en la Comisión de Esclarecimiento de la Verdad, Tranquilandia parecía el verdadero aeropuerto internacional y no El Dorado de Bogotá.

Salían 10, 20, 30, vuelos diarios hacia los EE.UU., miles de toneladas de coca. ¿Dónde estaba la Fuerza Pública? ¿Los entes de control del Estado? ¿La justicia, el Congreso? Todos metidos en el negocio, en el fabuloso negocio del narcotráfico, distrayendo y señalando a las FARC-EP, lavando y legislando a favor del negocio. Por eso hoy somos un narco Estado.

Se inmolaron en la lucha contra ese fenómeno Rodrigo Lara, Luis Carlos Galán, Guillermo Cano y millones de colombianos y colombianos, por supuesto las FARC-EP, víctimas todos de esas políticas de todos los gobiernos y del Estado colombiano.