Ideas de la 7ma sesión del espacio Hablan las mujeres

Participantes:

Ari Vera (México)

Valerie Summer (Colombia)

Valentino Ramos (Colombia)

Zunga, La Perra Roja (Colombia)

La pandemia ha tenido un efecto diferenciado en la población y exacerbó la brecha de desigualdad. Develó todo lo que falta trabajar, lo que el Estado debe resolver y que implica mucha más resistencia del movimiento popular en general y el movimiento trans en particular. De todas maneras, como trans pareciera que hubiéramos estado históricamente en cuarentena, por la exclusión y la precariedad de nuestras condiciones de vida y de participación política.

Ante las situaciones de violencia que padecemos y la posibilidad de denunciar, todo el tiempo las trans y los trans tenemos que demostrar que es verdad cada cosa que decimos, a pesar de que el principio es el de buena fe. Con nosotros y nosotras eso no se cumple. Hace parte de la estigmatización que hace el Estado, que no nos protege y limita nuestro acceso a derechos.

La brecha tecnológica vulnera a las mujeres trans. Para cuidarnos tenemos limitaciones de comunicación: constantemente nos roban el celular, por los espacios de vida y trabajo que tenemos; en los cibercafés nos discriminan y generalmente no tenemos el dinero para comprar servicios de internet. Esto limita no solo la organización, sino la ayuda en caso de violencia. Además, el espacio digital ha estado marcado por productos comunicacionales: películas, música, fotos, memes que discriminan a las trans. ¿Ciertamente pudiera ser un espacio para denunciar lo que nos pasa?

Aunque con la pandemia no hemos podido tomarnos las calles como antes, las trans no hemos dejado de estar organizadas. Seguimos trabajando, seguimos organizándonos en la disputa por los derechos. También hemos salido a resolver situaciones propias de la pandemia que el Estado no nos ha resuelto.

Hay que señalar que la cuarentena ha generado un mayor control sobre el espacio público, quién lo habita, en qué horarios y por qué. En ese sentido el pico y género, por ejemplo, ataca directamente el uso del espacio público a partir de la regularización de los cuerpos, cosa que no tiene nada que ver con las necesidades sanitarias y que sí vulnera la estabilidad y la seguridad de quienes estamos siendo disidentes del género.

El confinamiento, por otro lado, no es algo que hayamos podido hacer muchas y muchos trans. En especial quienes hemos tenido que salir a putear no hemos podido realizar la cuarentena. Entonces salir a marchar ayer no puso en mayor riesgo nuestra salud, pero sí dio la posibilidad de visibilizarnos otra vez.

Sin embargo, salir a marchar implica poner en peligro nuestra seguridad también. Las trans negras consideramos que somos más agredidas en las marchas que las trans blancas, por eso muchas hemos optado por no salir a marchar, aunque participemos en el resto del trabajo activista. Esto muestra que tampoco el movimiento trans es homogéneo y que en nuestros cuerpos se entrelazan varias resistencias, pero también varias discriminaciones.

Para desarrollar la lucha trans en el escenario capitalista mantenemos la contradicción entre buscar nuevas formas de trabajar, de ser, por fuera de las normas del capitalismo y la necesidad de recursos para resolver las condiciones de vida tan difíciles de nuestra comunidad y para el trabajo de construcción de políticas públicas, que muchas veces nos lleva a trabajar con ONGs, empresas, hasta bancos, sabiendo que son las mismas instancias que fortalecen el capitalismo en distintos espacios.

En Colombia ha sido muy difícil hacer avanzar la paz con un gobierno que potenció el No al Acuerdo. Cada paso para la paz ha requerido muchísimos esfuerzos. Sin embargo, se va construyendo: ya hay una mujer trans en la Instancia Especial para la Paz. Es una pequeña victoria para todas nosotras, pero no es suficiente. Las trans seguimos estando en los márgenes de la participación y la diversidad es una de las cosas que menos se ha atendido en la implementación del Acuerdo.

Seguimos demandando del Estado que asuma su responsabilidad con la atención que necesitamos y que no debe ser asistencialista, sino como política pública permanente que logre romper con la indiferencia y la exclusión.