Punto Ciego

Por: Isabel Fonseca

Las teorías más difundidas, referentes a guerra y formas de lucha, están ceñidas a mitos patriarcales, fundados sobre puntos ciegos que afectan la percepción de praxis políticas femeninas, decisivas en el desarrollo de múltiples procesos transformadores. En ese territorio de sombra, la historiografía clásica dibuja apologías que excluyen sujetos y tergiversan contextos.

Al respecto, quiero encender las antorchas en este artículo, como seguimiento a la necesaria lucha contra el belicismo que centró el escrito anterior, en cuyo epílogo llamé a pensarnos acciones concretas contra esa vanguardia depredadora del capitalismo global decadente, partiendo de analizar visiones parciales que disocian realidad y conciencia. Así que, entrando en materia, veamos donde opera este tipo de mitificación patriarcal:

1.- El bosquejo de sujetos (hombres) mágicos, semidioses, destinados a protagonizar, a quienes se les instaura como libertadores; invisibilizando la auténtica fuerza libertaria que encarnan las multitudes consientes y organizadas, donde las mujeres, siempre, han participado como vanguardia y retaguardia, en diversos escenarios y con diferentes maneras de batallar.

Aquí, el carisma de un hombre es lo determinante. Son muchas las citas que pueden develar la mitificación subjetiva y masculinizada de la lucha. Si tomamos, por ejemplo, la Gesta Independentista en la Patria Grande, encontramos que tenemos a un “Padre de la Patria”, pero, carecemos de una “Madre”. O sea: la Patria fue engendrada y parida por un hombre, narrativa contra natura, porque no existe paternidad sin maternidad. Podemos argumentar con tres casos concretos:

  • ⎫ La cacica Gaitana, de la etnia Yalcón en Colombia. Poseedora de derechos políticos, igual que todo su género, de acuerdo a la cultura ancestral; hacia 1538, organizó a más de seis mil indígenas para enfrentar la colonización española de sus territorios y vengar la tortura y asesinato de su hijo; logrando asestar derrota, captura y represalia al ejército invasor, constituyéndose esa victoria en incentivo moral forjador de una alianza tribal, integrada por más de 15 mil combatientes, que impidió el asentamiento español al sur de Los Andes por varias décadas.
  • ⎫ Apacuana, piache y consejera de guerra de los Quiriquires, etnia Caribe, quien para 1574, en batalla junto a su pueblo, liberó las tierras de Súcuta (hoy Valles del Tuy), en Venezuela.
  • ⎫ Micaela Bastidas, en Perú. Conductora político-militar de la insurrección incaica, acaecida entre 1780 y 1783, desencadenante de un ciclo de rebeliones andinas que cruzó todo el Siglo XVIII.
    Todas ellas, y muchísimas más, son Madres de la Patria, libertadoras, personajes que responden a protagonismos colectivos, con quienes podemos y debemos desmontar el mito del genio individual masculino, como determinante histórico.

2.-El uso de las armas como factor decisivo y/o forma de lucha principal, que consagra al enfrentamiento bélico como principio y fin de todo proceso de liberación y transformación, es otro mito que, no sólo individualiza y masculiniza los protagonismos, sino que borra las etapas previas a toda confrontación militar, que parte de una concientización colectiva de organización y movilización política, donde las armas se estiman necesarias, cuando otras prácticas resultan insuficientes.

Asimismo, oculta la importancia de métodos de lucha que son esenciales para posibilitar la conformación de insurgencias armadas y partes victoriosos, como: inteligencia y contrainteligencia, propaganda, planificación, logística y organización política. Porque, ningún pueblo conforma ejércitos libertarios, si antes no se percata de que existe un sojuzgamiento, entiende que sólo batallando logrará emanciparse y se articula para eso.

Entonces, volvemos aquí con las multitudes excluidas y el género invisibilizado desde la mitificación patriarcal. Retomando el proceso de nuestra Primera Independencia en la Patria Grande, encontramos que, hasta fines del siglo pasado, más del 70% de la producción historiográfica estuvo dedicada al periodo Guerra de Independencia; y en ese universo, es avasallante la narrativa sobre batallas y biografías del heroicismo militar masculino.

Ni el proceso gestante de la Guerra de Independencia, que duró más de tres siglos; ni la participación de las muchedumbres, ni el protagonismo civil, ni mucho menos el de las mujeres, que fueron esenciales, se pondera.

Lo que se glorifica es el enfrentamiento bélico que, apenas, cuenta tres lustros; y el protagonismo individual de caudillos, quienes fueron una resultante colectiva que le debe al género femenino elementos trascendentales para la acumulación de fuerzas: desde las descendencias paridas y alimentadas con ideario independentista orientado a la lucha, hasta las prácticas políticas que rastreaban información, confundían al enemigo, propagaban ideas, problematizaban instituciones, generaban levantamientos, proveían logísticas y, llegada la hora, tomaban las armas.

Seguiremos tras las huellas del Gen Maldito en la próxima entrega, Mitos patriarcales II, en busca de una agenda común feminista contra el belicismo.