Rubín Morro, junio 16 de 2020

Ayer muy temprano nos enteramos de la muerte del firmante de la paz, Mario Téllez Restrepo en norte de Santander. El termómetro de la muerte sigue su ascenso macabro. Llegamos a 200 compañeros y compañeras exterminados en una campaña de guerra sucia que arremete además, contra más de 41 de sus familiares asesinados, incluyendo  menores de edad.

Escribo este artículo con el dolor que  nos embarga a todos los familiares, militancia y amigos de los firmantes de la paz asesinados. Da rabia e indignación como nos trata el gobierno a todos los colombianos y colombianas.

Reiteramos que fue nuestro compromiso en el Acuerdo de Paz, como organización  e integrantes  “respetar y acatar  la constitución y la ley”, contra quien combatimos por más de medio siglo y siempre buscando una salida política al conflicto social y armado y luego de seis intentos, un largo camino al fin, pactamos un proceso de paz; el acontecimiento político más importante en los últimos 70 años.

Pero también el Estado y no un gobierno, se comprometió  a facilitarnos una Reincorporación integral a la sociedad e  implementar unas Garantías de Seguridad que nos permitiera el derecho a vivir dignamente y ejercer nuestra acción política abierta y legal, todo esto, y además; enrutar a la familia colombiana por caminos de la reconciliación y de convivencia, que en buena parte ha sido una ilusión  manchada de sangre e incumplimientos con los reincorporados y  Colombia entera.

Las mismas sensaciones de incertidumbre y desesperanza que sentíamos antes de la firma del Acuerdo Final  y luego  de la “Dejación  de las Armas”, son las  mismas de hoy, que  sentimos en carne propia ante el exterminio en marcha. Cada vez nos parecemos más a la historia trágica del  genocidio de miles de militantes de la Unión Patriótica.

Hemos jugado  limpio, y lo dicen nuestras acciones transparentes y certificadas por las Naciones Unidas,  la Comunidad Internacional y las  mismas Fuerzas Militares y la policía Nacional de Colombia. Es necesario citar un solo ejemplo en nuestros cumplimientos y es el  tema de Dejación de las  Armas, Extracción de Caletas y Destrucción de explosivos en nuestro poder: “El proceso de extracción del material y armamento en las caletas, participaron  la totalidad de los 450 Observadores Internacionales de la Misión, más de 800  integrantes de las FARC, y aproximadamente 500 miembros de la Unidad de Policía Especial para la Paz (UNIPEP), y un importante despliegue de más de 9.000 integrantes de las Fuerzas Militares a lo largo de todo el territorio colombiano. Las operaciones demandaron un enorme esfuerzo logístico y operacional con un total de 283 horas de vuelo de los 3 helicópteros de la Misión de Naciones Unidas, (393 movimientos aéreos), el apoyo de 210 horas de vuelo con helicópteros proporcionados por el Gobierno de Colombia; más de 20 movimientos por vía fluvial, y más de 120 movimientos terrestres contabilizándose cerca de 40.000 kilómetros recorridos entre vehículos, embarcaciones y a lomo de mula”. Total de personal involucrado 10.750 personas.

Esto, solo hablando de armas, caletas y explosivo destruido. ¿Cómo van a decirnos los enemigos de la paz en debates “chimbos” en el congreso que no hemos cumplido?. Ahora, el Estado ha cumplido en parte con los compromisos, pero avanza también en una simulación de cumplimientos poco eficaz,  en contravía de lo pactado.

Somos miles de hombres y mujeres ex guerrilleros y ex guerrilleras, junto a igual número  de familias nuestras, cientos de niñas y niños,  que esperamos el cumplimiento de lo  acordado con el Estado y nos están es matando; ante un silencio complice del gobierno de turno, que no quiere proteger los firmantes de la paz, tal como quedó establecido. Esto es desesperanzador presidente, Duque.

Y como si fuera poca la plomacera contra nosotros el partido de gobierno  y sus áulicos, estigmatizan, crean odios, acusan, amenazan a la comunidad en reincorporación;  y pretendiendo  hacer creer en la opinión que solo hubo un  actor en el conflicto social y armado, cuando fue el propio Estado  quien  creó las causas objetivas de esta debacle. Obviamente tenemos responsabilidades, pero no como determinadores de la guerra y por eso hemos asistido a todos los llamados de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) y la Comisión para  el Esclarecimiento de la Verdad (CEV).

No estamos arrepentidos con lo acordado en La Habana y tampoco estamos solos,  pero la  disputa política con los señores de la guerra por la implementación del Proceso de Paz, nos toca hacerla a las mayorías por la vida y por la paz. Sabemos que los asesinatos no van a parar, hasta que el pueblo no tome la decisión de construir su propio futuro.  Todos los asesinatos  de compatriotas  son dolorosos. Seguiremos navegando en este barco de la vida y soñamos más con la paz que en las tempestades de la guerra. Están regresando las marchas a las calles. Esta pandemia y la indolencia del Estado tiene que madurar la conciencia de los que nada tenemos y sí, la conquista de  un futuro en paz e igualdad social.