Por: Olga Lucia Marín

Me uno a las voces de apoyo y admiración que se dan por la actitud solidaria y humanista del patrullero de la policía de Cali, Angel Zúñiga Valencia, de ascendencia indígena ante el desalojo de varias familias en sector de La Viga, en Pance, Cali. Ha sido la noticia en estos dos días. Queremos que esa sea la actitud de todas y todos los policías de Colombia porque se suponen que deben proteger a la población, no a quienes lo tienen todo y no les importa para nada la situación de quienes no tienen más que su humilde humanidad.

Pero la noticia esconde la verdadera realidad, lo que esta detrás de esa destacable acción. La situación de miseria en la que viven millones de compatriotas. La toma de tierras en Colombia no es de ahora, así se ha construido buena parte de las pueblos y ciudades de esta patria. Porque ante el abandono estatal la gente se ha organizado y por dignidad han hecho tomas de tierras, otros se han amarrado a las puertas de hospitales, miles de paros y huelgas se han realizado, otros nos fuimos al monte a empuñar las armas y hemos vuelto a construir país.

Se firmó un acuerdo de paz y en su esencia encontramos la igualdad, la equidad y la justicia social. El Estado debe cumplir y hacer cumplir la constitución nacional, incluyendo El Acuerdo para la Terminación del Conflicto y la Construcción de una Paz Estable y Duradera, que ahora es parte de ella. También debe garantizar los DDHH, incluyendo el derecho a una vivienda adecuada reconocida como parte del derecho a un nivel de vida adecuado en la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948 y en el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de 1966.

Sin embargo, mientras las leyes dicen una cosa, estamos viendo y viviendo otra. La población sigue jodida. El silencio de los fusiles no es la paz, esta solo es posible si hay justicia social. La desigualdad es la verdadera pandemia de nuestra Colombia.

En plena cuarentena al alcalde le da supuestamente por “hacer cumplir la ley” y saca a la gente a la calle. Desconoce su historia de lucha y razón, son años en posesión de la tierra, defendiendo a la ciudad del apetito voraz de la Constructora Jaramillo Mora. De forma cobarde llega el ESMAD (Escuadrón Móvil Antidisturbios) a pelear con familias desarmadas, con niños, niñas, adultos mayores, mujeres cabeza de familia. Les rompieron los enseres, les destruyeron los cultivos, ¿Y ahora qué? ¿Dónde y de qué van a vivir esas familias? ¿Cuál es la solución? ¿Por qué tratar a la gente de esa manera? No le importa la gente del común.

El alcalde de Cali no contaba con que un policía actuara a conciencia, ese cuya mamá dijo, con orgullo y dignidad, que lo crio con valores y respeto para quienes como policía debe defender.

Lo más importante es que el problema de fondo sigue ahí.

No olvidemos a la gente que quedó desprotegida, exijamos al alcalde Jorge Iván Ospina que atienda el problema que él creo por apoyar a quien tiene mucho. No solo despoja a su pueblo de vivienda, sino que además de todo los humilla. Y claro, exijamos que no sancionen al patrullero Angel Zúñiga Valencia, antes asuman el ejemplo bien claro, dijo: “Yo soy policía, soy patrullero, me metí a esta profesión para proteger a los ciudadanos, no para ser abusivo contra ellos”.

Foto tomada de: https://n9.cl/kx57