Un 27 de mayo de 1964 un puñado de hombres y mujeres campesinos, asediados por el ejército nacional con el apoyo de la oligarquía criolla y el ejercito norteamericano, empuñaron las armas para defender sus vidas, y posteriormente, a medida que la realidad de las circunstancias lo requirió, defendieron la soberanía nacional y la reivindicación de los derechos de los campesinos, de los indígenas, de las negritudes, de los menos favorecidos del país; así comenzó la historia de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, FARC – EP, Ejercito del Pueblo.

Durante 53 años la sangre y vida de combatientes, mujeres y hombres, íntegros y rebeldes, abonaron el suelo de la patria colombiana, con sus más altos sueños libertarios, por la soberanía popular, en contra de la oligarquía rancia que explota, humilla y evita el progreso de todas y de todos con justicia social.

Una guerra fratricida que causo muerte, desolación, dolor, desplazamiento, mujeres y hombres sin familia, sin hogar, sin un techo donde vivir, miles y miles de mujeres y hombres de los más humildes de nuestro pueblo sufrieron esta etapa que describe nuestro himno nacional, en surcos de dolor; se gesto esta guerra entre hermanas y hermanos, con el único objetivo, el de buscar que el pueblo asumiera el Poder Político para que todas y todos disfrutáramos de esta nación rica y hermosa.

La oligarquía con su actitud hostil, auspiciadora de la confrontación armada, causante en gran medida de este desangre de la nación, aún mantienen su posición terca, obstinada y egoísta de no permitir que la Justicia Social sea la que gobierne los destinos de todo el pueblo.

Ya no más guerra contra nuestro pueblo humilde, clama la nación, en estos momentos de cuarentena no para el aniquilamiento de lideresas y lideres sociales, de defensores del medio ambiente y de miembros del partido político de las FARC.

El Gobierno debe tomar cartas en el asunto y empezar a asumir una actitud consecuente con el compromiso que los exguerrilleros hemos demostrado en estos cuatro largos años del Acuerdo de Paz.

Hace ya 4 años se firmo un Acuerdo de Paz, que permitió el surgimiento de un nuevo Partido Político, el de las FARC, y hoy debemos informar que ya van casi 200 militantes del partido vilmente asesinados, más de 40 familiares acribillados por las balas de los enemigos de la Paz, y cientos y cientos de lideres sociales que tiñen de sangre el Acuerdo firmado, sin que el Gobierno Nacional y las autoridades competentes esclarezcan estas matanzas. El genocidio que alguna vez se cometió contra la U.P. continua rampante como si la Historia y la consciencia de nuestra nación no lo hubiera registrado ya.

Hoy hace 56 años, 48 campesinos hombres y mujeres, desde Marquetalia se levantaron en armas para salvar sus vidas, y luego, para gritarle al mundo la injusticia social que se vive en Colombia. Hoy se hace latente dicho clamor, se multiplicaron los Manueles y los Jacobos, ellos conforman hoy una masa numerosa que continua la lucha; ahora por la vía democrática, por la vía pacífica. Pero esta oligarquía rancia no quiere dejar surgir la esperanza; no quiere permitir que la Justicia Social sea el faro que produzca el bienestar y el progreso para todas y para todos, en nuestro terruño amado.

Hacemos un llamado a los países garantes del Acuerdo de Paz, para que intervengan y no permitan que este Acuerdo se convierta en otro más de los nefastos acuerdos en busca de la armonía nacional. Necesitamos que nos apoyen, que se manifiesten ante la falta de voluntad política del gobierno de turno, no solo los firmantes del acuerdo se lo agradeceríamos; sino que también toda una nación que anhela vivir en armonía y con progreso económico.

Ya estamos cansados de la intervención en política de los violentos, de los corruptos, de los enemigos de la PAZ, ¿Hasta cuándo se le permitirá a la violencia participar en la Política?, ¿por qué no se les da una oportunidad a los programas sociales?, a los programas de gobierno que presenten nuestros líderes políticos; ya basta de asesinar a los que denuncian, a los que proponen lo mejor para la nación.

Las leyes, la justicia, la economía deben estar al servicio del menos favorecido, del que no posee recursos económicos suficientes y necesarios; defender sus derechos debe ser su objetivo. Pero no, aquí en nuestra patria, el aparato estatal esta en manos de la mafia, de la corrupción, para permitir el despojo a los más necesitados, basta ya de tanta injusticia, basta ya de tanta maldad contra los más humildes.

Ya no queremos que los padres lloren por sus hijos asesinados, o que sus hijos lloren a sus padres vilmente acribillados, ya va siendo hora que el Bien Germine Ya, y que una patria posible con progreso social, se de para cada colombiano que pise este bello suelo que libero el Padre de la Patria, Simón Bolívar.

COOPERATIVA MULTIACTIVA DE LOS COMUNES

COOMULNES

Corregimiento de Venus – Tuluá – Valle