Por Redacción

Entrevista a Mireya Andrade y Olga Marín

El 27 de mayo es un día significativo para la exguerrillerada fariana. El presidente de la época, Guillermo León Valencia, ordenó el ataque a Marquetalia, cuna de la resistencia, un día como hoy de 1964. Manuel Marulanda Vélez y Jacobo Arenas junto a mujeres y hombres dirigieron la más heroica lucha de resistencia por una Colombia digna para toda la población colombiana. Hoy somos un partido legal, producto de la firma del Acuerdo de Paz. Las mujeres farianas respondemos a las preguntas del equipo de redacción de la página de las farianas.

Mujer Fariana (MF): ¿Cuál fue su mejor momento en las FARC?

Mireya Andrade (MA): Los considerados mejores momentos en la organización casi siempre estaban asociados a los peores operativos, las mayores dificultades y problemas, porque nos ponían a prueba como colectivo. Al salir de ellos nos reencontrábamos como personas, observábamos lo sucedido, evaluábamos lo bueno y lo malo, y lo mejor, compartíamos en grupo.  Cuando algo afectaba a uno, era considerado una afectación para todos, porque se tenía en cuenta al más débil, al más enfermo, a quien mayor dificultad tuviese para los trabajos o marchas; porque a su ritmo debíamos avanzar todos y todas. Así se fue construyendo nuestra comunidad, con un objetivo común: el bien del pueblo.

Olga Marín (OM): Las FARC-EP fueron mi vida. Es tan difícil definirse por un solo momento. Sin embargo, destaco la alegría que sentía cuando lograba que alguno o alguna aprendiera a leer y a escribir. Me encantaba cuando llegaban a mi caleta con algún escrito o cuando me leían algo que habían descubierto en sus lecturas. Ya en la legalidad, cuando abrí mi cuenta de Facebook, me llegaron mensajes de varios camaradas que se acordaban de mí porque les había enseñado.

También hay momentos muy personales que ocurrieron en esos largo años de lucha: la llegada de mi hija fue otro momento hermoso.

El trabajo y la lucha de las FARC-EP fue mucho más que guerra. Allí aprendimos que los derechos de un pueblo se luchan hasta el final de nuestras vidas. En el camino murieron camaradas, mujeres y hombres muy valiosos. Por ellos y ellas, junto a este pueblo martirizado, seguiremos nuestra lucha por otra vía.

MF: ¿Qué es lo que más extraña de esa vida?

MA: El compañerismo, la amistad, el saber que todo se hacía en colectivo. De las dificultades construimos una familia.

Hoy las circunstancias nos dispersan, hacen que cada uno luche por lo que quiere, resolviendo su situación particular. El retornar a su tierra, buscar a su familia crea nuevas circunstancias y una lucha por sobrevivir y mejorar el entorno con nuestros padres y amigos, en un nuevo mundo al que se llega. Lo que nos mantiene unidos es el partido y el deseo del bien común.

OM: El trabajo en colectivo, la fraternidad entre la guerrillerada para desarrollar todas las actividades que hacíamos y la relación con la población con quienes trabajábamos; porque logramos hacer muchas cosas en esa Colombia profunda, olvidada por el Estado: Éramos un Estado socialista dentro de un Estado capitalista.

MF: ¿Actualmente cómo ve la situación de las exguerrilleras en la construcción de la paz?

MA: Las exguerrilleras tienen las dificultades de la adaptación. Ha cambiado su entorno. Ahora no solo depende de nosotros, debemos llegarle a la sociedad, conquistar las formas de gobierno, las normas, establecer otras prioridades y proponerle esos cambios a la sociedad. Muchas compañeras, ahora con hijos, se sienten obligadas a responder por ellos antes que nada y esto, según ellas, les cierra sus oportunidades, les limita su participación política. Además, si sus compañeros eran combatientes y también tienen responsabilidades colectivas, las mujeres ceden su espacio y priorizan el de sus parejas. Si la persona que las acompaña no perteneció a las filas guerrilleras, se adaptan a las condiciones sociales por conveniencia. Muchas veces esas son las costumbres que se han tenido en las comunidades.

La decisión de trabajar para mejorar el entorno y conservar las condiciones en las cuales se desarrolló la labor de la mujer en ocasiones es una causa de señalamiento, de menosprecio. Estos son las prácticas que las mujeres farianas tenemos la obligación de cambiar, para bien de la sociedad.

OM: Eso sí que me da tristeza en algunas situaciones: Ver frustradas las ilusiones de nuestras mujeres, porque creímos en la paz. Claro que sabíamos que no sería fácil, pero la actitud de este gobierno que infla informes no ayuda a que las mujeres nos reincorporemos en condiciones de dignidad. A punta de promesas no se construyen condiciones de trabajo para el sustento de las familias.

El Estado colombiano y su gobierno no hacen los cambios en la política pública, ni en la adecuación institucional. Cada quien la interpreta a su antojo, es fragmentada e insuficiente y no logra llegar a la población femenina colombiana y mucho menos a la población LGTBI. No se tiene en cuenta el logro del Acuerdo de paz en tema de género, no se hace énfasis en su cumplimiento. Los talleres tienen cansadas a las mujeres porque se quedan en eso.

La gran mayoría de lo realizado en materia de reincorporación de las exguerrilleras se debe al trabajo de nuestra gente en el Consejo Nacional de Reincorporación y el aporte solidario de la comunidad internacional.

Pero no todo es sombrío. La Comisión de Mujer, Género y Diversidad del partido de la Rosa, trabaja con las excombatientes que se encuentran en los espacios territoriales. Hoy contamos con un buen número de compañeras con mejores capacidades políticas y formación en el feminismo insurgente. Trabajamos temas de violencia de género, del cuidado y el buen vivir, de masculinidades insurgentes y proyectos productivos liderados por mujeres, entre otros. Igual fortalecemos la página Mujer Fariana con un equipo de camaradas que trabajan en sus ratos libres, después de sus jornadas de trabajo asalariado. Seguimos trabajando para que sea la página que divulga el quehacer de nuestras camaradas y de otras realidades del país y las mujeres.

Estamos convencidas de la necesidad de continuar este proceso de construcción de paz, fortalecer nuestro partido y a nuestra militancia, entre ella, a las mujeres. Seguimos en la lucha por una Colombia distinta a esta que hoy el gobierno tiene sumida en la miseria y la pobreza.

Colombia saldrá adelante si quienes queremos y creemos en la paz la defendemos.