¡Glorioso 27 de mayo!

Hablar del 27 de mayo de 1.964, no es sencillamente recordar la fecha en el calendario para hacer rememoración de algo. Esta fecha nos permite destacar el innegable heroísmo de los luchadores – hombres y mujeres – que dieron origen a lo que fuimos las FARC – EP, en respuesta a la agresión oficial, a la vez que nos sitúa en un contexto atormentado por la feroz persecución política ante el ascenso de la lucha popular en medio de las crisis del sistema, poniendo al descubierto la esencia represiva de sectores del poder político en nuestro país, situación que se evidencia aún en nuestros días en medio de la lucha por la implementación de Los Acuerdos de Paz: una herramienta pactada para que su aplicación y completa implementación pueda superar esta tortuosa realidad.

Esta fecha por demás, es una de las que poco le interesa al establecimiento que sea evocada, ya que el desproporcionado operativo militar que se inició aquel día contra el puñado de campesinos que habitaban la región de Marquetalia – Tolima, terminó siendo una equivocación política garrafal que daría origen a la más grande resistencia político – militar popular en Colombia y tal vez en América Latina. O sea, como reza el sabio refrán popular: “Les salió el tiro por la culata”.

La agresión contra las regiones no solo de Marquetalia sino de Río Chiquito, El Pato, El Guayabero, El Sumapaz  denominadas malintencionadamente “Repúblicas Independientes” para declarar a sus habitantes como gente en desobediencia contra el poder central y por lo tanto susceptibles de ser aniquiladas, se da en un contexto que venía caldeándose desde muchos años atrás, alimentando el fermento, la chispa de la resistencia popular, pues el asesinato y la persecución política eran el pan de cada día. Aquel núcleo revolucionario, intentó por todos los medios disuadir, evitar la confrontación armada explicando las motivaciones sociales, políticas y económicas de su existencia, pero la clase poderosa en un acto de arrogancia y prepotencia irracional como históricamente está registrado, erróneamente quiso apagar el fuego con más combustible.

Aquella agresión del Estado a la región campesina de Marquetalia, en el departamento del Tolima, fue el ingrediente que desbordó la situación y que obligó a la defensa de la vida en primera instancia, para poder al mismo tiempo defender unas ideas por las cuales se estaba dispuesto a dar la vida misma. Y esto no es solo una frase de cajón inspirada en romanticismos emotivos de palabras vacías, pues con la acción y los hechos así lo demostraron tantos combatientes que entregaron todo su esfuerzo y hasta el último aliento de su vida defendiendo esas ideas políticas, desde Hernando González Acosta hasta Alfonso Cano, solo para recordar en esta fecha histórica las dos épocas emblemáticas: nacimiento y final del conflicto con Las FARC – EP.

La persecución oficial que se desató contra los núcleos de campesinos y sectores sociales que exigían un cambio social, fue realmente monstruosa, lo que  obligó al surgimiento inevitable de la resistencia como derecho inalienable de los pueblos, y fue así como en el mes de mayo de 1.964 se dio origen a las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia – FARC, quienes posteriormente al crecer cuantitativa y cualitativamente, adoptaron el nombre de FARC – EP, significando con la anexión de estas dos letras, que se había convertido en Ejército del Pueblo.

Aún desde antes del desmedido operativo militar a Marquetalia, venimos sostenido que la guerra trae desolación y muerte. La guerra es una tragedia dolorosa que no la desea nadie sensato. Surge la pregunta: entonces porqué estuvimos alzados en armas en las FARC – EP durante tantos años? La respuesta está implícita en lo expresado en los párrafos anteriores: Colombia ha vivido un proceso histórico de violencia política donde al opositor se le combate, desde el poder del Estado, no con las ideas en el debate civilizado, sino con la irracional práctica de la eliminación física, lo que genera una reacción natural de defensa, y es cuando se desatan los “demonios” de la guerra que desde el comienzo quisimos evitar y que ahora queremos finalizar con la adecuada implementación de los Acuerdos de Paz.  Es por ello que los Acuerdos hablan de la no utilización de las armas en política, aclimatando las condiciones para el “… surgimiento de una nueva cultura que proscriba la utilización de las armas en el ejercicio de la política…”.

Los Firmantes de la paz ahora en reincorporación, hemos cumplido cabalmente, y exigimos que desde el gobierno se cumpla y haga cumplir su parte, desmontando la totalidad de la política paramilitar que sigue enquistada, junto con otras manifestaciones de corrupción, en sectores de la institucionalidad asesinando a líderes opositores políticos, incluyendo a los Firmantes de la Paz. Es necesario que se frene semejante engendro para que así “…se rompa cualquier tipo de nexo entre política y uso de las armas, y que se acaten los principios que rigen toda sociedad democrática…”, como rezan los Acuerdos de Paz.

Existen aún quiénes nos culpan de “haber hecho tanto daño al país” en ese periodo largo de confrontación armada, pero la respuesta es de absoluto sentido común: quien le hace enorme daño a Colombia es la guerra, esa barbaridad que estúpidamente se empeñan en mantener algunos sectores del poder en nuestra patria, aún en estas épocas donde la implementación de los Acuerdos de Paz se ha convertido en una dura batalla política, que ha dificultado la necesaria cimentación de certidumbres, pero aún así seguimos firmes en el cumplimiento de la palabra empeñada.

¡Desde la resistencia original en Marquetalia, hasta el futuro, construyendo Paz…!

René Hertz.