A la histórica lucha por la propiedad de la tierra, que había desembocado en la violencia política atroz de los años cuarenta y cincuenta del siglo pasado, se agregó con los años un ingrediente foráneo. Una cruzada anticomunista emprendida por los Estados Unidos en el continente, y que tomó cuerpo en la doctrina militar de seguridad nacional, hizo carrera en todos los ejércitos latinoamericanos y en buena parte de los partidos gobernantes.

Toda expresión de inconformidad política constituía una actividad subversiva a favor de la expansión comunista soviética. Era por tanto un ataque contra la soberanía nacional, cumplido por agentes disfrazados, verdaderos enemigos internos a los que había que exterminar en bien de la patria, la democracia y las libertades. Los humildes campesinos marquetalianos fueron objeto de una declaración de guerra a muerte.

Sin más alternativa que luchar con las armas por su vida, los cuarenta y ocho campesinos sumaron otra bandera a su resistencia, la de la toma del poder para el pueblo. Lo anterior envolvía un trabajo político militar de largo alcance que llegó a materializarse en un plan de carácter estratégico. Sin embargo, paralelamente, también concibieron la posibilidad de ahorrarle al país los horrores de la guerra, mediante una salida dialogada que democratizara la vida nacional.

Tras 52 años de lucha armada se logró concretar por fin el Acuerdo de Paz, en el que Estado e insurgencia pactaron hondas reformas políticas y sociales que permitieron la dejación de las armas y la transformación del ejército revolucionario en partido político legal. El conflicto dejó más de 8 millones de víctimas, centenares de miles de muertos, desaparecidos, encarcelados, desplazados y exiliados. Un horror que solo dementes quieren repetir en Colombia.

Hoy somos un partido que trabaja por la paz con justicia social, convencido de que su mejor arma es la palabra y distanciado totalmente de las formas violentas del quehacer político. No porque creamos que el Estado colombiano sea pacífico o haya abandonado su doctrina de seguridad nacional, sino porque estamos claros de que solo un gigantesco movimiento de masas, conformado por las mayorías nacionales, puede conseguir una transformación a fondo del país.

un partido político enfrentado a la adversidad, pero con la decisión y el temple necesarios para superarla y transformarla en un bien para la nación. Somos víctimas de múltiples hostilidades, diariamente asesinan, amenazan y desplazan a firmantes de la paz. Vivimos en un gobierno que simula el cumplimiento de los Acuerdos y anuncia su intención de modificarlos a su amaño. Somos calumniados por el partido de gobierno en el Congreso y desde tribunas de prensa.

De nuestro partido desertan, como en los tiempos de antes, militantes que pasan al servicio de nuestros adversarios políticos. Los enemigos de la paz apuestan a meternos a la cárcel. Nada de eso nos amedrenta. Somos revolucionarios, formados por Manuel y Jacobo, vivimos años y años bajo el fuego y las bombas, sabemos lo que significa ser perseguido con saña. Hemos vencido enormes dificultades y esta no será la excepción.

Hacemos política en un país con enormes problemas, con índices de desigualdad exagerados y gobernado por una clase ligada a las peores costumbres políticas y morales. Con un aparato militar y policial formado en la doctrina del enemigo interno, que no deja de ver en los inconformes peligrosos enemigos. Tenemos un Presidente que venera a Álvaro Uribe y se arrodilla ante Trump. Una Fiscalía que persigue a los justos y deja tranquilos a los delincuentes.

Vivimos además en medio de una de las situaciones más difíciles de la historia reciente mundial. La pandemia por el COVID 19 ha puesto de presente las nefastas consecuencias del modelo económico neoliberal, que arrasó con la intervención estatal en los servicios públicos fundamentales como la salud. Es tan abismal la desigualdad que millones de colombianos carecen de los recursos elementales para vivir, condenados a perecer aislados en sus viviendas.

La dirección principal de la gestión gubernamental apunta a garantizar su estabilidad al sector bancario y a la gran empresa, al tiempo que abusa del confinamiento para reforzar su vocación autoritaria, anulando los controles políticos del poder legislativo. Las grandes mayorías colombianas requieren de un ingreso mínimo vital que puede garantizarse con las reservas internacionales, el crédito externo y el aporte de los multibillonarios sectores privilegiados.

Nuestro partido está con los de abajo. Entendemos que es con su trabajo que se produce la riqueza y que la economía se sostiene. Que es por tanto en los trabajadores y clases vulnerables en general en quienes debe recaer preferencialmente la atención del Estado. Las enormes ganancias anuales de los grandes grupos económicos bien pueden hacer una pausa. Es criminal destinar el ESMAD y la represión brutal a quienes reclaman alimentos para sus familias.

También lo es aprovechar la pandemia para enviar escuadrones policiales y militares a las regiones agrarias, a fin de erradicar por la fuerza los cultivos de uso ilícito que debían sustituirse voluntariamente, de conformidad con lo pactado en La Habana. Los asesinos actúan como si tuvieran permiso de la ministra del interior contra firmantes de la paz y líderes sociales. Bandas armadas destierran comunidades y persiguen excombatientes hasta las grandes ciudades.

La pandemia revela la imperiosa necesidad de modificar el orden económico, social y político vigente. Crece en el mundo el clamor porque el capitalismo salvaje sea desplazado por  un sistema de solidaridad, que privilegie la naturaleza y los seres humanos sobre el lucro empresarial. Nuestro partido se identifica con quienes anhelan el cambio y llama a todos los colombianos y colombianas a acrecentar la consciencia, la organización y la movilización para hacerlo posible

A 56 años del ataque a Marquetalia, el partido nacido de los Acuerdos de Paz de La Habana se reconoce como el legítimo heredero del sueño de Manuel Marulanda y Jacobo Arenas. Rendimos homenaje a todos los que hicieron posible esta gesta victoriosa. Continuamos la lucha por una  Colombia en la que se pueda vivir en paz, sin crímenes ni persecuciones, con trabajo y justicia social, con igualdad de oportunidades y respeto por la diferencia. 

No creemos en los odios, luchamos por un país donde quepamos todos como hermanos.

CONSEJO POLÍTICO NACIONAL

FUERZA ALTERNATIVA REVOLUCIONARIA DEL COMUN FARC

Bogotá DC, 27 de mayo de 2020.