Fredy Escobar Moncada.

En medio de trapos rojos en ventanas de estrato 4, el gobierno nacional dijo que Colombia retrocederá 20 años en la lucha contra la pobreza. Antes de la cuarentena la tendencia de los datos oficiales indicaba que la Pobreza Multidimensional desaparecería en 30 años. En zona rural se acabaría con la Pobreza Extrema en 14.6 años. Es decir, tales metas se lograrían sin implementar nada extraordinario en la Cuestión Social como por ejemplo el Acuerdo de Paz de La Habana. Tan solo era continuar la receta neoliberal y las próximas generaciones no conocerían este problema.

Desde el DANE han pretendido reducir la pobreza cambiando los instrumentos de medición. El ente estadístico no goza de credibilidad sobre las cifras que produce gracias a su uso sistemático en objetivos políticos del régimen político deslegitimado. Los comunicadores del Palacio de Nariño convirtieron sus tablas y diagramas en propaganda de Estado difundiendo el éxito neoliberal. Con líneas de pobreza siempre descendiendo, la tecnocracia dio cuenta del diseño de una solvente clase media, sin embargo hoy con solo dos meses de aislamiento pide ayuda para alimentos y ve con terror el escenario de más abajo.

Así la pobreza había perdido protagonismo en las encuestas de opinión y ni siquiera aparecía entre las consultas con respuestas inducidas a la población. En los listados de temas de interés, la pobreza fue opacada por la corrupción, el desempleo, el conflicto, el presidente de Venezuela. Con un gran cinismo y dotado de grandes cajas de resonancia, el Estado y los partidos en el poder lograron desplazarla de la agenda pública dejando a su suerte millones de personas sin acceso a Bienestar. La mano invisible del mercado que regularía lo que el Estado privatizaba, es otra de las grandes mentiras del relato neoliberal.  

Nadie niega hoy el impacto de la pandemia en la masificación del empobrecimiento. Sin embargo el disenso continuará frente a las explicaciones de la pobreza, los instrumentos de medición y las políticas para resolverla. La discusión ahora se nutre con las condiciones materiales del aislamiento social, considerado ahora un derecho que el Estado debe garantizar. Retornaron consignas básicas en la vida como pan y agua. La pandemia resitúa la pobreza entre las prioridades de la sociedad y esto obliga a resituar también la riqueza.     Ante el crecimiento cuantitativo de este problema el neoliberalismo continúa el asistencialismo financiado con presupuesto público y responsabilidad social del capital. Ojalá el próximo gobierno incluya la distribución de medios de producción, de propiedad colectiva, la autogestión, la ayuda mutua, el cuidado y la solidaridad. Categorías que tanto reclama la pandemia pero que el capitalismo persigue con brutal represión. Esta es una oportunidad para atender la pobreza y liberar a millones de personas de la ausencia de condiciones materiales para reproducir la vida digna y de una existencia copada por la angustia y la dependencia.