Los partidos tradicionales liberal y conservador, y las diferentes expresiones políticas surgidas de éstas colectividades aglutinan a sectores significativos de la vida nacional. Las masas populares que se identifican con estos partidos, esperan cada que hay una elección a cargos públicos a que sus dirigentes resuelvan los problemas de su comunidad y los propios; las promesas de los politiqueros con discursos progresistas han incidido en el subconsciente del pueblo, que ve en estos individuos la tabla de salvación a sus penurias. 

Más de 200 años de vida republicana, acostumbraron al pueblo a seguir ciegamente a sus gamonales; tras la independencia hubo ocho guerras civiles nacionales, catorce guerras civiles locales; miles de hombres participaron en los ejércitos de los terratenientes, defendiendo los privilegios políticos, económicos y sociales de unas élites, que en nada representaban los intereses de quienes morían en la confrontación.

En la época denominada por los historiadores como “la Violencia”, murieron 300.000 colombianos, todos, sin excepción, pertenecían a los sectores más humildes de la población, mientras los dirigentes políticos se repartían el país en un pacto que se materializó luego en el denominado frente nacional.

¿Cuáles son las causas para que el pueblo continúe apoyando a sus verdugos?

En Colombia confluyen factores que hacen del país una excepción en el contexto latinoamericano.  Colombia es considerada la democracia más estable y antigua de la región, a excepción de dos golpes de estado el pueblo elige a sus mandatarios en todos los comicios electorales, esto se muestra ante el mundo.

Pero la realidad es totalmente diferente, la clase política que ha direccionado a este país, está conformada por oligarcas mafiosos, criminales y corruptos; asesinos qué no les tiembla la voz, cuando ordenan matar a todo aquel que entre a disputarle la hegemonía política, el asesinato sistemático y selectivo a opositores es una constante en toda la vida republicana, desde la muerte del mariscal Sucre hasta nuestros días. 

Las elecciones no las define el voto popular, se definen en las oficinas de las registraduría, la compra de votos, y la presión del paramilitarismo a la población, todos estos factores han convertido a Colombia en un narco estado.

Un ejemplo del riesgo que corren quienes hacen oposición en Colombia lo encontramos en el genocidio de la Unión Patriótica, movimiento político surgido de los diálogos de paz entre el gobierno de Belisario Betancur y las FARC-EP, sectores democráticos y progresistas se sumaron a esa propuesta de paz, concejales,  alcaldes y congresistas de la  UP fueron elegidos por el voto popular; esto asustó a la oligarquía, quien ordenó el exterminio de este movimiento, 7000 hombres y mujeres que soñaron con una nueva Colombia fueron cobardemente asesinados.

Los diálogos de paz de la Habana demuestran una vez más la faceta mentirosa y criminal del gobierno, el incumplimiento a lo pactado, su política genocida contra exguerrilleros, exguerrilleras, lideresas y líderes sociales.

Como militantes del partido de la rosa, totalmente convencidos que el futuro de la patria no debe ser la guerra, y de que La Paz con justicia social es posible con el concurso de todas y todos quienes creemos que una patria con dignidad es posible; nos planteamos cuál sería el método más correcto para llegarle al pueblo, despertar ese león dormido y con su accionar hacer los cambios en las estructuras caducas de un régimen moribundo.

¿Será qué desde la institucionalidad y la burocracia, como piensan y actúan algunos dirigentes, haremos los cambios?, o con este procedimiento terminaremos siendo vistos por el pueblo cómo cooptados por nuestros adversarios, quienes si tienen muy clara la contradicción existente en la lucha de clases, que es antagónicamente irreconciliable.

Si nuestra lucha es por el pueblo y su buen vivir, como vamos a concientizar, unir y organizar las masas populares si no somos consecuentes con nuestros principios. Ser o no ser consecuentes es mucho más que ser militantes de un partido, es ante todo un principio ético y moral, es el amor y la defensa de la vida, la Paz y la coexistencia pacífica de los pueblos. La lucha por la conservación de nuestra madre tierra, la reivindicación de los intereses populares, la denuncia a todos los atropellos de este gobierno criminal, y no ese silencio cómplice que nos hace sonrojar de vergüenza ante las masas que décimos defender.

Leo moreno
ETCR Aldemar Galán