Rubín Morro

El Acuerdo de  Paz de La Habana suscrito entre el Estado colombiano y la extinta guerrilla  de las FARC-EP, fue  la culminación de  un largo proceso de paz que duró más de 30 años. Incluso desde los albores de la naciente insurgencia en 1964, cuando el gobierno de entonces declaró perversamente  la  existencia de unas repúblicas independientes, Marquetalia, El Pato, Ríochiquito y el Guayabero. Los dirigentes marquetalianos  encabezados por Manuel Marulanda, Jacobo Arenas y Hernando González, plantearon una salida civilizada al conflicto social y armado y además denunciaron esta agresión contra la resistencia campesina que estaba  allí para preservar  la vida, y advertía al mundo entero esta aventura bélica,  de una  guerra cruel  y una larga confrontación armada; como evidentemente ocurrió por más de 53 años.

¿Quién atacó a quién?  Interrogante que deberá aclararnos en  el relato final la Comisión para el Esclarecimiento de la Verdad.

Todos  los gobiernos  de turno durante estos  últimos  70  años, siempre hicieron  “trizas  la esperanza de paz ”  y luego de la firma del  Acuerdo Final de Paz de La Habana, aún persisten estos delirantes deseos genocidas contra la vida y el futuro de Colombia.

Desde la fase exploratoria, la construcción de la agenda para la Mesa de Conversaciones, el sitio para dialogar a miles de kilómetros  de distancia, dialogar en medio de la guerra con sus muertos y efectos adversos,  con premisas impuestas por el establecimiento de que “Nada está acordado, hasta que todo no esté acordado”.   Todas estas circunstancias mezquinas  y cizañeras  siempre  nos las  impusieron, fueron señales que fueron floreciendo, en la antesala del  acuerdo de paz, la firma y la implementación de lo pactado, colocar trabas  y  pretender hacer trizas este sueño de paz.

Nunca nos imaginamos que este nuevo intento por la construcción de la paz sería fácil, por el contrario difícil, complejo, pero era una decisión colectivamente  tomada por FARC-EP de acabar con la guerra, interpretando el clamor nacional.

Ahora en la implementación de lo acordado, está cayendo el velo de la traición y la perfidia. Tal como nos lo muestra la historia con el paso del tiempo. No estamos negando el avance logrado  en el pos acuerdo de lo firmado, pero los obstáculos  y los hachazos siempre sistemáticos de  los señores de la guerra, pululan desde del partido de gobierno y de otros pelambres. Desde la escogencia de las ZVTN y los PTN, quisieron dejarnos más allá de la Colombia profunda, luego el calvario para  llegar a los PPT, la construcción  de las Zonas Veredales y Puntos Transitorios para la “Dejación de las Armas”, el abastecimiento y la logística acordada. Luego la creación de los Espacios Transitorios de Reincorporación y Capacitación, el arrendamiento laberintico de los terrenos y luego y como siempre la lucha estéril por  la tierra para nuestros proyectos económicos  productivos como lo señala el Acuerdo de Paz, ha  sido un viacrucis total.

Es necesario anotar que para la Dejación de las Armas  de las  FARC-EP, sí  tuvimos toda la logística necesaria  y en solo 180 días, como nunca había acontecido en el mundo, ya le habíamos cumplido al país y a la Comunidad Internacional y  cerrábamos aquel  27 de junio  de 2017, la Dejación de las armas y nos aprestábamos para la  Extracción de caletas y Destrucción del Explosivo y que terminamos exitosamente el 18 de noviembre de 2018.  ¡Cuando se quiere se puede, señor presidente!.

Ante todo este panorama claroscuro, el aporte de la Comunidad Internacional ha sido fundamental, como lo es también el emprendimiento de nuestra militancia para salir adelante en difíciles condiciones, donde la violencia política sistemática por cuenta de una concepción neoliberal y fascista  del Estado  mantiene como un carcinoma que no deja avanzar como debiese.

Hacer trizas  la construcción de la paz es desfinanciarla, es cambiarle los nombres y funciones contempladas en el  Acuerdo de La Habana, es pretender acabar con las nuestras curules en el congreso, es querer acabar con la Jurisdicción Especial  para la Paz, es  responsabilizarnos de la custodia de los bienes entregados al gobierno, cuando es  él, quien  la  asume,   pero le miente al país y al mundo.

Hacer trizas el acuerdo de paz, es el asesinato  sincronizado y planeado de  195 signatarios de lo firmado en  Cuba y los centenares de líderes, lideresas y defensores de los Derechos Humanos,  hacer trizas la paz es,  no brindar el gobierno las Garantías de Seguridad y la vida de todos los colombianos, hacer trizas la paz es presentar informes “falsos y sacados de los cabellos” por la dizque Alta Consejería para la Estabilización y la Consolidación, que nada tienen que ver con la realidad en los territorios.

El pueblo colombiano es hijo de las adversidades, no cejaremos  en nuestros propósitos de alcanzar la paz estable y duradera. Aún con la pandemia  que nos azota a nivel mundial  podemos construir un país  diferente digno y con justicia social para las gentes del común. #1MLuchaPorLaVida, #FirmesConLaPaz, #TodoPorLaPaz, el #PlanDeChoqueSocial,  social es la solución.