Del coronavirus podemos salir con un país diferente

La más temible amenaza que se cierne hoy sobre la humanidad es la voracidad del capitalismo neoliberal, que halló en los sistemas de salud la fuente fabulosa del enriquecimiento. Ninguna empresa del campo sanitario tenía el menor interés en adquirir equipos y personal idóneo para hacer frente a una emergencia de esta naturaleza, pese a que se conocía de su inminente aparición. Semejante inversión no les reportaría ganancias.

Presente la pandemia, la misma lógica pretende imponerse impunemente. Una inmensa campaña mediática intenta convencernos de que si no se mantiene la estabilidad del sistema financiero y empresarial en los términos en los que ha existido hasta hoy, la raza humana en su conjunto estará perdida. Los Estados por tanto deben apuntalar con todos sus recursos y el crédito internacional a los bancos y las más grandes empresas.

Por obra de la negligencia de un gobierno al servicio de esos intereses, se nos confinó a prisión en nuestras propias viviendas, condenando a por lo menos la mitad de la población a perecer de hambre. Repartieron tras astutos negociados unos cuantos mercados a un sector de la población, mientras se desentendían de la mayoría. Y destinaron policías, ESMAD y la tropa a reprimir sus reclamos y protestas, con garrotes, gases y helicópteros de guerra.

Decretaron estado de emergencia para mover las reservas internacionales y los fondos públicos con destino a la banca, para garantizarles que no estarán en riesgo alguno. Y anuncian reformas tributarias que cargarán mayores impuestos a la clase trabajadora y los estratos medios. Podrían revertir la ley de financiamiento del año anterior, obligando a los bancos y los grandes conglomerados a pagar los gravámenes billonarios de que se los declaró exentos.

Pero no van a hacerlo. La palabra de los grandes gremios económicos pesa más que la salud colectiva. Por eso no pueden compararse las migajas del dudoso Ingreso Solidario con los giros al sector financiero. Igual se exceptúa de la cuarentena a los trabajadores de la construcción y la gran manufactura, porque son  los sectores de los que el gran capital deriva sus mayores ganancias. Así los devore la peste, mientras sus patronos se protegen en sus palacios.

Para lavar cerebros les sobran voceros en la gran prensa, e ignorantes de profesión como la senadora Cabal, que salió públicamente a ridiculizar la pandemia con el propósito siniestro de que los condenados a la calle no sientan miedo al contagio. Una cosa debe quedarnos clara a todos: nada que signifique priorizar el interés de los de abajo tendrá alguna validez, mientras afecte de algún modo los beneficios de quienes se escudan tras este gobierno infame.

El partido de Iván Duque persigue aprovechar la emergencia para pisotear la democracia, la justicia social, la paz y la misma decencia. De su seno emergen las más descaradas presiones para que se cierre el Congreso de la República, el contrapeso más inmediato a las pretensiones totalitarias del uribismo. Para que se recorten los ya de por sí mezquinos recursos destinados a la implementación de los Acuerdos de La Habana. Para que desmonte la JEP.

Para que se deroguen las curules aprobadas para los firmantes de la paz. Para que de una vez por todas se fumiguen los cultivos de uso ilícito y se adelanten los programas de erradicación forzada, así toque balear y matar campesinos e indígenas como sucedió antier en Tumaco. De lo que se trata es de ahorrar, de esquilmar el mínimo centavo que pueda beneficiar a los humillados, para poder destinar mucho más a los grandes propietarios.

A la par de la cuarentena avanzan grupos paramilitares, bandas criminales, las llamadas disidencias y sicarios de todos los pelambres, encargados de expandirse y sembrar el terror en las zonas rurales. El Cauca se desangra ante la indiferencia del Presidente por detener la oleada criminal. Se trata de indígenas y campesinos pobres cuya muerte aniquila la oposición al gobierno. Igual sucede con los prisioneros condenados hoy a muerte, a los que se burló con un decreto inútil.

Recordemos que el totalitarismo nazi surgió como consecuencia de la gran crisis de los años treinta del siglo pasado, cuando primó la concepción de exterminar la diferencia y la inconformidad en beneficio del empresariado. Nuestro país parece destinado a una suerte semejante en manos del uribismo. Del coronavirus podemos salir con un país diferente, más justo e igualitario, verdaderamente democrático. Pero también pueden hundirnos en la dictadura.

Los trapos rojos en las fachadas se encargan de designar hoy las familias sin recursos para subsistir. Hagamos de ellos también una demostración de rebeldía contra el imperio del capitalismo neoliberal y el gobierno servil de Iván Duque. 

Inundemos de trapos rojos las ventanas de todos. Aprestémonos a los cacerolazos, las protestas, al rechazo a las políticas de hambre y garrote. No nos dejemos engañar. Los trabajadores y el pueblo podemos cambiar esto para mejor.

Se avecinan tiempos de lucha. Pronto vendrá el Primero de Mayo. Preparemos una enorme expresión de rechazo a las pretensiones neoliberales del uribismo.

CONSEJO POLÍTICO NACIONAL

FUERZA ALTERNATIVA REVOLUCIONARIA DEL COMÚN-FARC

Ciudades y campos de Colombia, 24 de abril de 2020.