Conmemoramos este 9 de abril los 72 años del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, el tribuno del pueblo y de verdad el colombiano más importante de su historia. Recordamos también que en memoria de su crimen, que estremeció a Colombia y cuya claridad nunca fue posible, esta fecha ha sido elegida como día nacional de la memoria y la solidaridad con las víctimas.

Si alguna identidad existe entre Gaitán y las demás víctimas en Colombia, es precisamente la de haber caído en medio del choque entre las aspiraciones de la mayoría de la población por un orden de cosas más justo y democrático, y la resistencia del poder aliado con poderosos intereses internacionales opuestos a las profundas transformaciones de la sociedad.

Las víctimas siempre pertenecen al pueblo, son sus hijos los que perecen en medio de la confrontación o como consecuencia de ella. Aun en tiempos como los que corren, cuando una pandemia planetaria se expande furiosa, afectando población de las más diversas clases sociales, son los más pobres y desvalidos los que llevan la peor parte.

Porque no cuentan con recursos para garantizarse una adecuada atención médica, porque carecen de ingresos económicos y ahorros suficientes para pasar una cuarentena encerrados en sus viviendas. Porque no tienen cómo alimentar sus familias, pagar la renta y los servicios públicos, porque no hallan dónde ni a quién vender lo que producen con sus manos.

El virus fatal que asedia la humanidad se ensaña con los habitantes de países altamente desarrollados y en ellos crece diariamente el número de sus víctimas. Aun en ellos, como suele ocurrir con frecuencia, son los inmigrantes pobres, los negros, los latinos y asiáticos los que encabezan la lista de muertes. La desigualdad económica es la más grave epidemia.

Los grandes poderes económicos están inquietos ante una probable crisis. Su palacio de cristal amenaza ruina porque el aislamiento impide a la gente asistir a sus trabajos. Y sin mano de obra produciendo ningún capital se reproduce o crece. Por eso pretenden sobrevivir a costa del Estado y los que pagan impuestos, evadiendo que les llegó la hora de invertir en la gente.

En medio de tan compleja situación general, es necesario que el Estado colombiano dedique lo principal de sus recursos y esfuerzos a las víctimas de la inequidad social. Es claro que la institucionalidad no está concebida para la defensa de las mayorías y por tanto es urgente un viraje en la organización social y política. Suena la hora para exigir los cambios.

Las cosas definitivamente ya no pueden seguir así. Basta ya de privilegios para con los de arriba. La salud, la educación, el trabajo digno, la vivienda, la alimentación, el bienestar social de las grandes mayorías deben tener toda la prioridad. Las víctimas de este sistema tienen derecho a la vida. No más cinismo, no más crímenes, no más impunidad, que venga por fin la justicia.

RODRIGO LONDOÑO ECHEVERRY                                                  Presidente FUERZA ALTERNATIVA REVOLUCIONARIA DEL COMÚN FARC

Bogotá, 9 de abril de 2020