EPM en el Caribe colombiano.

El servicio de energía eléctrica en Bolívar, Sucre, Córdoba y Cesar lo prestarán las Empresas Públicas de Medellín. EPM ocupa los primeros puestos del ranking del sector Servicios Públicos Domiciliarios (SPD) y de toda la economía colombiana. Es una multinacional con utilidades que superan los 2 billones anuales, de los cuales el 30% van a su propietario el municipio de Medellín. El arribo de EPM al Caribe mueve varias cuestiones que tendrán desarrollo en los próximos años: ojalá sin graves conflictos.

Una primera cuestión que será impactada es la relación entre las élites regionales. En las regiones Occidente y Caribe perviven modelos de acumulación caracterizados por la captura del Estado subnacional, la corrupción y el ejercicio de la violencia en favor de su modelo de desarrollo. El presupuesto público y los grandes contratos del Estado en la construcción de infraestructura económica es fuente permanente de sus ingresos con lo cual se reproducen en el poder político y económico regional. Veremos una disputa entre élites regionalistas.   

En segundo lugar, éste negocio es una muestra más de los fracasos del neoliberalismo. La privatización de las prestadoras de SPD en Colombia comenzó por el Caribe y hoy vale la pregunta si habrá cambios al pasar de una empresa privada fracasada a una pública exitosa. El falso argumento según el cual lo público es sinónimo de ineficiencia e ineficacia ha sido utilizado para legitimar la privatización durante los últimos 26 años. Convertir el derecho a los SPD en una mercancía tenía que terminar mal al permitir que los ciudadanos fueran convertidos en clientes. Es un asunto de tiempo para un pésimo final como el de ELECTRICARIBE.

En tercer lugar, y en relación con lo anterior, se reedita la discusión sobre la relación entre el régimen de prestación de la ley 142 de 1994 y el carácter público de las pocas empresas que continúan siendo de propiedad del Estado. Lo público de las EPM ha sido cuestionado con masivas manifestaciones debido principalmente a las altas tarifas y a su crecimiento hacia fuera del país. Los alcaldes tipo “progre” de Medellín muestran la preocupación por estos temas pero nunca se les escucha una iniciativa de cambio de régimen de competencia en el sector; o acaso un asomo de rebeldía teniendo en cuenta su incidencia en escala nacional.

En cuarto lugar se reedita la “cultura del no pago”. ELECTRICARIBE usó esta frase para explicar sus dificultades financieras; con ello trasladó la responsabilidad a los usuarios sin considerar su pésimo servicio; ahora esta etiqueta es utilizada por dirigentes paisas para alertar a EPM en esta expansión al Caribe; EPM también la utilizó para explicar el alto nivel de desconectados de SPD. No quieren aceptar que la razón fundamental es que los usuarios no tienen con qué pagar.

Finalmente, la noticia pasó desapercibida por el coronavirus y toda la incertidumbre que trajo. Obviamente esta crisis impactará con un mayor empobrecimiento. Y es precisamente en el tema de los SPD, donde algunas voces ya comienzan a reclamar políticas como no cobrar los servicios en un tiempo prudente. Veremos el desarrollo de este negocio con necesidades humanas convertidas en mercancía incluso por parte de las empresas públicas.    

Fredy Escobar Moncada.