Por María Aureliana Buendía

El presidente de EE.UU. Richard Nixon en 1971 tomó la decisión unilateral -para eso se es potencia ¿o no?- de cancelar los acuerdos monetarios en relación al patrón oro, es decir, el metal precioso dejó de ser referente en el mundo para establecer el valor del dinero convertible. En ese  momento se pudrió todo: al romperse la regla, se empezó a resquebrajar el orden mundial de la post guerra que la había impuesto. Desde entonces no ha parado la caída libre del dólar estadounidense en todas partes donde hay negocios y ganancias por supuesto.

Las consecuencias para las economías dependientes como la colombiana y en general las de América Latina están a la vista: hambre, miseria, desempleo, déficit de vivienda, de salud, de oportunidades de desarrollo. Otros países como los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) han visto la oportunidad de desengancharse de  las economías fuertes y esclavistas. Han promovido la creación de una moneda distinta al dólar, de bancos diferentes al BM y al FMI.

Los EE.UU. no han logrado superar la crisis económica de 2008 por la explosión de la gran burbuja hipotecaria que llevó al traste a su sistema financiero, en parte salvado por las víctimas, el pueblo estadounidense. El Estado gringo, como si nada hubiera pasado sigue usando su debilitada moneda como arma nuclear, poniendo en peligro su propia estabilidad económica. Es lo que se ha visto en la guerra con China: EE.UU. vocifera, amenaza y luego recula. China va ganando esta guerra comercial, el gigante Huawei y la tecnología ultramoderna del G5, vencieron, evidentemente .

Por su lado Rusia poco a poco ha cuadriplicado sus posesiones de oro y se ha alejado de los activos estadounidenses hasta alcanzar un valor superior a los 109.500 millones de dólares, 42%, en las «enormes reservas» del metal precioso. Está apostando a una economía fuerte que resista la peor crisis y se posesiona como el contrapeso geopolítico frente a EE.UU. Para el caso, la guerra en Siria y la situación en el medio oriente. Mejor aún, la entrada de Rusia al “patio trasero”, Latinoamérica, con su apoyo irrestricto a la República Bolivariana de Venezuela.

En este escenario, obviamente simplificado, estamos entrando a la siguiente crisis cíclica del capitalismo descubierta por Kondratiev, quien consideraba estos largos ciclos de 47 a 60 años. No es el coronavirus: ¡¡es la economía, por Dios!! Con el agravante de que el espacio físico del capital, que es el planeta, también está en riesgo de extinción. Así entonces, por fin padeceremos la lenta muerte del imperio, con la esperanza de sobrevivir y salvar a la tierra.

Desde este punto de vista se aclaran muchas cosas que ocurren en el mundo y en Colombia, por supuesto. Desproporcionados ataques ideológicos mundiales contra socialistas, comunistas, defensores de Derechos Humanos, luchadores por la paz, ambientalistas y contra todo aquello que sea lucha por cualquier cosa. De esta campaña hacen parte las famosas “fake news” o noticias falsas para desestabilizar, engañar, cambiar la opinión de la mayor cantidad de gente posible. 

Aquí la sufrimos con la campaña del No contra el Acuerdo de Paz; sus detractores guerreristas infundieron miedo diciendo como los niños se volverían homosexuales y las niñas lesbianas por una tal “ideología de género”; los pensionados irían a subsidiar ex guerrilleros; los campesinos perderían la mitad de su ganado y tierra (como si tuvieran); Colombia sería como Venezuela, la que pintan en los medios, la falsa Venezuela (esta fake news se sigue usando); los “terroristas”, refiriéndose a quienes generosamente hacían dejación de armas, jamás volverían a la vida civil; y muchísimas vilezas más que dieron como resultado que el NO ganara por 50.000 votos, 0,14% del padrón electoral. Esto le ha costado al país miles de muertos y desplazados, entre tantos, la vida de 187 personas en proceso de reintegración, luchadores por la paz, la reconciliación y la no repetición.

En Colombia no tuvimos la fuerza suficiente para derrotar al fascismo criollo en el referendo por la paz, ni en las elecciones presidenciales, ni contra la corrupción. Tampoco en los EE.UU. con Trump, si es que sirve de consuelo. Nada fácil la han tenido los pueblos de Ecuador y Argentina, ésta a mucho honor, recupera el poder para su pueblo. Esperamos que en Bolivia el pueblo recupere su Estado Plurinacional perdido en un golpe contra su presidente constitucional Evo Morales.

Es la campaña mundial del capital contra referentes libertarios, cuando al mismo no le queda mucho tiempo histórico. La crisis cíclica del capitalismo afectará a todos los países y a sus pueblos principalmente. Nos esperan épocas difíciles pero también de esperanza: es en ese momento donde la organización popular, una acertada táctica y estrategia políticas pueden cambiar definitivamente el estado de cosas actual. Es nuestra oportunidad, la del país que quiere la paz, que anhela construir los cimientos de una nación nueva, incluyente, donde quepan los sueños de todas y todos los colombianos.

¡Implementación total y simultánea del Acuerdo de paz, ya! ¡Si o Si!

Bogotá 7 de marzo de 2020