Por: Victoria Sandino Palmera. Integrante de la Delegación de Paz de la FARC-EP.


Eran las 12:40 horas del 27 de febrero pasado, su risa atronadora, clara como una cascada se dejaba escuchar en el campamento, brillaba el sol y el frío comenzaba a ceder; Laura gozaba por el chiste del almuerzo; dos horas atrás la ecónoma[1] me preguntó por el menú del medio día, le respondí sin mucha atención: lentejas y carne, asumiendo,por la costumbre, que incluiría arroz como todos los días, pero al parecer no entendió; y ese fue el almuerzo, una tortica de lentejas y un poco de carne, más bien aparentaba una entrada, y a Laura le pareció gracioso, gozaba y alborotaba con su risa a todos.

Unos minutos antes me había dicho, con cara de preocupada, que tuvo un sueño extraño, imagine de que se trataba, era algo supersticiosa; no era la primera vez que me contaba sueños que según ella, le avisaban de peligro inminente; era tanta su insistencia que me ponía intranquila y terminábamos trasladándonos de sitio.

Quiso hablarme  del asunto, pero era tal mi apuro por terminar lo que estaba haciendo y alistar todo para marchar de inmediato, que no la dejé, le dije:

-más tarde me dices; ella respondió:

-claro más tarde, solo que estoy inquieta;

-tranquila hoy nos vamos; le expresé.

Timbró en el reloj la una de la tarde, como si fuera una señal, porque en ese mismo momento sonaron ráfagas de fusil, seguidas por fuego nutrido de ametralladora. Caían palos, hojas, zumbaban las balas, gritó Nalliby: “¡salgamos, camarada salga!”, mientras se dirigía a su caleta; también vi pasar Alexis con el flash en una mano y el fusil en la otra, iba al puesto de guardia donde sonaban tiros a activar el minado de respuesta al ataque.

Me puse el chaleco, metí tiro al fusil, lo desaseguré y recogí el computador y unas pocas cosas de la caleta; permanecer más tiempo era arriesgado.  Salí con el equipo al hombro y la esperanza, la casi certeza, de que todos estábamos bien y que nos disponíamos a tomar puesto[2]. Con el sabor del miedo en la boca, y la vibración de mi cuerpo más rápido que mis pasos, pensaba cuantos serían?, llegaría la aviación de inmediato?, para tranquilizarme recordé que en cualquier momento llegaría el refuerzo de los camaradas que estaban a unos 15 minutos, mientras el grupo  de retención, (Samuel, Nalliby, Alexis y Elkin), respondería ante el ataque como estaba previsto.

A juzgar por el lugar desde donde disparaba el enemigo, las distintas caletas[3] no estaban en riesgo, exceptuando la de Laura y la mía en las que se concentraba el fuego. Conocía de su valor, así que pensé, ella, sacaría sus cosas y nos encontraríamos enseguida; no tenía la menor duda.  En momentos como estos, había reaccionado de manera serena e inteligente, a lo largo de7 años.

Nos retiramos unos 50 metros. Efectivamente estaban todos los que debían estar, menos Laura. Me enteré por Sofía que Laura estaba herida, pero aun así la había empujado para que se fuera y me dijera que la mandara a sacar. Fue cuando llegaron los refuerzos, les pedí que la trajeran, imaginé que tendría heridas las piernas para no poder salir.

En esos instantes me puse a pensarla como era: valiente, alegre, con su alma trabajadora e incansable, exigente con ella misma hasta el límite. En su práctica cotidiana daba cursos de sistemas, comunicación, edición y locución a los guerrilleros y guerrilleras; creativa, hacía radio, producía videos, diseñaba impresos, desde una tarjeta, almanaques, boletines, revistas, libros entre otros.

Con todo y eso, le sobraba tiempo para revolotear por el campamento haciendo chistes con los que encontraba a su paso, para ranchar[4]  en su turno, remolcar[5], prestar su turno de guardia y ser muy solidaria en especial conmigo, me cuidaba con esmero.

¡Cómo había aprendido  a amar a esa guerrillera! Más allá de nuestro vínculo como camaradas, compartíamos día a día nuestras alegrías, nuestros dolores, nuestras tristezas, reconocía su lealtad incondicional, qué orgullosa me sentía  de ella, ¡esa era nuestra amada Laura!

La trajeron enseguida. Su rostro parecía dormido, estaba pálido, aun tibio, con sus labios entreabiertos. Quise escuchar sobre su sueño, su risa, sus palabras, pero comprendí que la montaña no la oiría más.  Ahora se expresaría en todas las voces, con su voz juvenil y firme, agitando gargantas en las calles, coreando consignas de libertad con los estudiantes, con las comunidades campesinas, indígenas, afrodescendientes, trabajadoras, femeninas; en todas las voces populares y justicieras.

Como negar este dolor por su ausencia: ausencia de su risa atronadora, de su dedicación absoluta a esta  causa, de su trabajo creador, de su tesón y constancia, de su sacrificio permanente por cumplir su papel más allá de lo que le correspondía, de su convicción en un futuro distinto.  Entre bromas alardeaba de cómo sería nuestro trabajo al lograrse un acuerdo de paz.

En el futuro próximo se veía estudiando, profundizando sus conocimientos en diseño y publicidad. Se imaginaba en un gran centro de comunicación y medios, en donde no solo estudiaran y trabajaran guerrilleros y guerrilleras, sino también las comunidades; donde los jóvenes, niños y niñas pudieran tener su propio espacio para desarrollar su creatividad e iniciativas.

Le encantaba la rumba, bailarina incansable, bullosa; sabía que le dolía dejar a lo que amaba, su retoño, en quien había derramado su más infinita ternura, a todos y todas,  a sus sueños y su lucha.

Nos dejó su gran ejemplo, su fortaleza, su entrega y alegría, ¡Laura era una revolución…!


[1]                     La que entrega todo los productos para preparar los alimentos

[2]                      Sitio de aseguramiento para responder o para evacuar el lugar.

[3]                      Alojamiento o cama de cada combatiente.

[4]                     Preparar los alimentos, se hace por turno cada 24 horas.

[5]                      Guerrilleras y guerrilleros van a los sitios de acopio o almacenamiento a recoger y cargar lo que se necesita en el campamento.