Autor: Rubín Morro

¡Qué barbaridad!

Espantosa esta realidad. De verdad mi incertidumbre hace rato llegó al umbral. Parece que hubiésemos firmado la muerte y no la paz. El Excel activo de los asesinatos no tiene control, mientras el gobierno guarda silencio y mezquindad en tomar medidas estructurales contempladas en el Acuerdo de Paz de La Habana, los matones andan a sus anchas echándonos plomo por todo lado y como si esto  fuera poco para asfixiarnos y aniquilarnos, toda la artillería de los enemigos de la paz y del mismo gobierno dispara contra los anhelos de reconciliación y convivencia de las mayorías, expresado en las calles. El gobierno tiene poca  intención de cumplir integralmente el Acuerdo de Paz. Esto no está en la agenda de Álvaro Uribe. Duque le miente a la comunidad internacional y se burla de los y las colombianas. Quisiera pensar que Duque no ordena esta hecatombe, pero  su falta de acción  para impedirlo y por omisión, lo hace responsable. Presidente, ¿cuándo se amarrará los pantalones por la paz de Colombia?.

Este proceso de paz solo lo sostiene el pueblo movilizado y el alma patriota de millones de  hombres y mujeres que clamamos un país moderno, con amplia democracia, con respeto por los Derechos Humanos y en paz. Debemos despertar de nuevo como lo hicimos el 21 de noviembre. Si no paramos esta guerra que puede ser más cruel que la terminada con el Acuerdo de Paz, volverán los falsos positivos, las desapariciones, el desplazamiento y los asesinatos selectivos. De hecho persiste la guerra interna contra los que abrazamos la paz.

La espiral en el  Excel de la muerte sigue subiendo  en sus cifras,(186 ex guerrilleros ) y más de 1000 con líderxs sociales. Debemos abandonar la indiferencia, por ahora asesinan los líderes sociales, defensores de la vida y ex guerrilleros, luego vendrán por ti y ya será tarde, como se lee en  el famoso poema de  Bertolt Brecht:  “Primero se llevaron a los judíos, pero como yo no era judío, no me importó. Después se llevaron a los comunistas, pero como yo no era comunista, tampoco me importó. Luego se llevaron a los obreros, pero como yo no era obrero, tampoco me importó. Mas tarde se llevaron a los intelectuales, pero como yo no era intelectual, tampoco me importó. Después siguieron con los curas, pero como yo no era cura, tampoco me importó. Ahora vienen por mi, pero es demasiado tarde”.

Nadie para estos asesinatos, no hay gobernabilidad en Colombia. No existe el monopolio de las armas por parte del Estado, (en Colombia hay millones de personas civiles con armas),  ni la justicia, (se hace justicia por su propia mano) pero tampoco la hacienda pública (es impuesta por bandas criminales). Colombia es un país con una mafia  poderosa que incide en la dirección política del Estado, con una corrupción que se traga los dineros públicos.

Este es el país que nos tocó y que  funge como uno de los primeros en la desigualdad social, con un régimen de terror, que gobierna con los miedos y los odios infundados. Y con este Estado fue que pactamos el Acuerdo de Paz. Creímos en las instituciones, creímos en la palabra empeñada. La propaganda institucional nos llamaba, –Vengan a la civilidad, los esperamos con los brazos abiertos. Lo que no entendimos era que en cada mano había una pistola para asesinarnos. ¿De dónde vienen las órdenes de exterminarnos?. Con seguridad no viene de un matoncillo, esto es una acción organizada desde fuerzas con mucho poder político y financiero.

Aunque sabíamos  las  enormes dificultades de este proceso de paz, tras las huellas del pasado de  la traición y la perfidia, decidimos con el presidente  Juan Manuel Santos parar esta guerra, sin que las fuerzas enfrentadas  una triunfara sobre la otra, pero el país se desangraba, no solo soldados, policías, guerrilleros y la población civil como toda maldita guerra. Mutuamente y de cara a  la comunidad internacional  nos comprometimos  a cumplir con lo pactado. Claro que hemos avanzado. Sin embargo, floja y muy desnutrida ha sido nuestra reincorporación económica, fuese más enclenque, sin el  emprendimiento colectivo  y personal a toda prueba, que nos ha permitido sobrevivir.

El exterminio continúa su marcha luctuosa  y gobierno ni  se inmuta, al fin y al  cabo no somos de su partido y de sus afectos. Vale recordar aquel  27 de junio de 2017 en  Mesetas, cerrábamos con presidente abordo la “Dejación de  las Armas de las FARC-EP”… Se me acercó un dirigente integrante del  Secretariado de nuestra guerrilla y me dijo. –Sé que vamos a poner muchos muertos en la paz, ojalá no sean muchos.  Me estremeció aquella sentencia. Nunca me imaginé   que a los 39 meses de la firma del  Acuerdo Final, tuviésemos 186  ex guerrilleros asesinados.

Ya lo hemos dicho y lo hemos demostrado, no nos van a sacar corriendo, pero necesitamos las  “Garantías de seguridad para el ejercicio de la política y de nuestras vidas y la de todos los colombianos”, estipulada en el Acuerdo de Paz. El Estado tiene todos los recursos para garantizar la vida, honra y bienes de todos los colombianos. Un poco de voluntad señor, presidente y derrotaremos a los señores de la guerra. #QueLaPazNoNosCuesteLavida, #NosEstánMatando, #NoAsesinenLaPaz, #LaPazEsDeTodos