Escrito por  Enrique Marulanda

Queridas madres, démosle todo a la vida, al amor y a la paz. ¡A la guerra, ni un minuto más! Sembremos amor donde ha habido rencor, sembremos fe donde ha habido desilusión y juntémonos todos y todas en el compromiso de luchar por la nueva Colombia.

Madre, quiero hacer partícipe del saludo y el abrazo que te envío, a todas las madres sin distinción de raza o condición; es un mes muy especial para todas. Obviamente abrazo con más amor a las madres de guerrilleros y guerrilleras; a las colombianas que no pueden compartir con sus seres más queridos sus anhelos, emociones y nostalgias por causa del conflicto y la pobreza; también a las de militares y policías patriotas a quienes esta guerra ha arrebatado sus hijos de sus hogares; y a todas las que junto a los suyos abrigan en su corazón anhelos de paz y reconciliación.

Aquí, desde este lugar de la montaña, donde mi padre, Manuel Marulanda Vélez, me enseñó a amar a la patria como a mi madre, les envió un pedacito de mi corazón, deseoso de poder lograr el fin del conflicto para ofrecerles, primero que nada, el mejor regalo que merecen en un país tan azotado por el odio, la guerra y el dolor: la paz con justicia social.

Nuestras queridas viejitas, como les decimos con cariño, en sus humildes hogares, han padecido el dolor de nuestra ausencia, desde que nos dispusimos a batallar por una causa justa y necesaria. Sabemos cuánto sufren al entender que sus hijos minuto a minuto luchamos para seguir viviendo y construir los sueños del mañana. Tantas han perdido tanto, tantas no saben más que de la amargura y el dolor, de noticias dramáticas, de ausencias y esperanzas disipadas con el tiempo. Queridas, que  el sufrimiento no melle jamás la voluntad de abrazar la paz, porque es la paz la que devolverá a  sus hijos o al menos la tranquilidad de que ya no habrá más tragedia.

También nosotros las añoramos, nos afligen o emocionan los recuerdos,  y tenemos fe en que a  sus brazos llegaremos rebosantes de alegría, abrazándoles con  la bandera blanca de la paz en nuestras manos, por la que hemos luchado desde siempre. Nos imaginamos ese momento junto a ustedes, ofreciéndoles nuestro inmenso amor acumulado en la larga ausencia. Les diremos: madre, estamos abriendo camino para que nuestro pueblo vaya con nosotros a reivindicar sus derechos sin que medie el dolor de la violencia.

Emociones similares se vivirán en los cuarteles o en campaña, en el hogar en donde una madre sufre la expectativa de las buenas o malas noticias. La guerra se le llevó a su muchacho a perseguir a sus hermanos, aun cuando no lo sepan. Es que en realidad somos más que hermanos, somos un pueblo que ha dado los suyos a la muerte para que otros vivan y disfruten sus privilegios. A las madres de los soldados de la patria, también les mando un beso pleno de esperanza. A sus hijos no los odiamos, con ellos deseamos ayudar a reconstruir la patria bajo el sol de la reconciliación y de la hermandad bolivariana.

Queridas madres, démosle todo a la vida, al amor y a la paz. ¡A la guerra, ni un minuto más! Sembremos amor donde ha habido rencor, sembremos fe donde ha habido desilusión y juntémonos todos y todas en el compromiso de luchar por la nueva Colombia.

Mayo de 2016